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Siempre los mismos
Gran parte de los males
argentinos están a la vista, a pesar de que sus protagonistas
siguen negando las evidencias. Los temas que en su momento
indignaron a la sociedad, mantienen su nebulosa y su falta de
justicia.
Tal es el caso de la causa sobre presuntos sobornos cobrados
en el Senado de la Nación para aprobar la reforma laboral. O,
para no irnos tan lejos, la flamante sospecha de otro pago de
favores a los legisladores, por parte de banqueros interesados
en cerrar negocios.
En el primero de los casos, las pruebas parecían
contundentes. Y hasta un diario cauto para la denuncia como La
Nación, llegó a poner en su tapa un titular que afirmaba
"Un senador admitió haber cobrado coima".
En un anónimo, que quedará para los archivos de la historia
de la peor política argentina, se mencionaban los detalles de
manejos de dinero que supuestamente ingresó al Senado y se
repartió entre legisladores, allegados y señores poderosos
dentro de la estructura de legislativa.
En ese entonces, el propio vicepresidente de la Nación,
Carlos "Chacho" Alvarez, daba a entender que la
coima había existido. Y en la sesión en la que se trató la
reforma laboral, el ahora precandidato a presidente Adolfo
Rodríguez Saá, sembraba más dudas: "¿Por qué este
apuro para aprobar la ley si la mayoría de los que estamos
acá ni siquiera leímos el proyecto y no tenemos idea del
contenido del despacho?". Todo indica que el apuro lo
había pagado una Banelco.
Pero el gran mal argentino mostró su capacidad para ocultar
la verdad. La justicia, una vez más, quedó relegada. Los
senadores sospechosos continuaron con sus tareas, en sus
bancas, con sus dietas y adicionales. Y lo que es más grave,
siguieron legislando, en nombre de un pueblo que pidió a
gritos que se vayan todos.
Hoy, una esquirla de aquel escándalo volvió a ser noticia:
Mario "Tato" Pontaquarto, ex secretario
Parlamentario del Senado, mencionado en el anónimo como
protagonista del supuesto reparto del dinero, fue suspendido
sin goce de sueldo por una deuda que mantiene con el Estado.
¿Cómo? ¿Seguía estando? ¿Después de todo lo que pasó no
lo habían sacado? se preguntan muchos con cierto asombro. No
lo habían sacado porque la justicia no falló -es más,
estaría cerca de cerrar la causa- y Pontaquarto mantiene
parte de su sueldo en el Congreso, aunque con recomendado
perfil bajo.
En realidad, no hay motivos para el asombro. Pontaquarto
siguió, como muchos otros señores de la política que se
creen inmunes a toda crítica y toda condena social.
Por ejemplo, ¿no se enteró que el lunes pasado se reunieron
en Olivos el presidente de la Nación, Eduardo Duhalde
(senador durante el escándalo de las coimas) y Raúl Ricardo
Alfonsín (ex presidente, ex senador durante el mismo
episodio) para sellar el destino de unos cuantos proyectos de
ley? Otra vez Duhalde. Otra vez Alfonsín.
Hace décadas que las riendas del poder siguen en manos de un
pequeño grupo de señores -poco importa el partido al que
dicen representar- que desoyen los reclamos populares, cambian
de discurso de acuerdo a la ocasión y mantienen esperanzas de
sostener sus estructuras más allá de las próximas
elecciones. De hecho, la mayoría de los cuestionados son o
serán candidatos en el 2003 y seguramente habrá gente
dispuesta a votarlos.
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