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Desnutrición ideológica

El ministro de Economía de la Nación, señor Roberto Lavagna, pasó esta semana unos días desesperantes, estresantes. No le daba el tiempo. Corría de un lado a otro. Negoció contra reloj. Seguramente está exhausto.
La lógica más elemental indicaría que su locura laboral lo encontró instalado en Tucumán, puntualmente en la capital de esa provincia, intentando por todos los caminos posibles destrabar el dinero que tienen las arcas del Estado Nacional, para crear una contención social que al menos asegure que, a futuro, en esa zona no morirán más chicos de hambre.
Los diarios del jueves eran surrealista o, mejor dicho, demasiado realistas: cuatro nenes tucumanos murieron, con diferencia de días, víctimas de cuadros de desnutrición. Hambre en la Argentina agroexportadora.
En realidad, la lógica del gobierno actual, regido por un sistema criminal, lo instaló a Lavagna, el señor que maneja todo nuestro dinero público, en sus oficinas céntricas, con los teléfonos en rojo y con pasajes para Estados Unidos listos para ser usados.
¿Pero cómo? ¿Cuál es o era la prioridad? ¿El FMI o el hambre? ¿El presidente que nos tocó en suerte no es peronista? ¿Y el peronismo no tiene como biblia única a la justicia social y la lucha por los más carenciados?
Los tecnócratas pagos del gobierno supuestamente justicialista explican que hay que pagar cada dólar que se pidió prestado al extranjero, a pesar de que los intereses sean usurarios.
Hay que pagar a costa de todo. A costa de millones de pobres o indigentes; de una precaria educación; de falta de recursos para atender la salud y, si con eso no alcanza, a costa de la muerte de los chicos. Son y somos números y tienen que "cerrar".
Morir por hambre en la Argentina es una situación insoportable con sólo mencionarla. "No podemos aislarnos del mundo", afirman casi todos los precandidatos a presidente de este país.
Es cierto que aislarse es casi una utopía, pero habría que analizar si de la mano de ese enorme sacrificio las prioridades no volverían a su lugar. Y los gobernantes tendrían que ocuparse del hambre, de la educación, de la salud, de la seguridad y recién después de los intereses extranjeros.
"Acá el tema no se resuelve con leche. Hacen falta salarios fijos, un Estado responsable, acceso al agua potable, alimentos de calidad y terminar con los sectores que todavía están de fiesta cuando lo más terrible es que estamos rifando el futuro del país, reproduciendo la pobreza por cuatro", resumió el director del Sistema de Salud de Tucumán, Juan Masaguer, para describir las inaceptables muertes de estos chicos.
Acá el tema no se resuelve con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, con el pago de intereses, con la emisión de bonos, con la multiplicación de los planes Jefes y Jefas de Hogar Desocupados o con la creación de una mesa de diálogo. Hacen falta salarios fijos, educación accesible para todos los sectores sociales, políticas basadas en la producción y, por sobre todas las cosas, un profundo cambio en la mentalidad de quienes nos gobiernan.
Hasta que eso no suceda, Lavagna seguirá girando dinero al exterior y en nuestro interior los chicos morirán de hambre.

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