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30 años del IAP
Brillante celebración a la danza

El Instituto Ana Pavlova festejó el sábado en el Teatro Luján sus primeras tres décadas de enseñanza de danzas con un espectáculo de desbordante producción y atractivo visual.

Parece ayer, pero no. Mirando hacia atrás, entre las borrosas imágenes de otros tiempos, vuelven una y otra vez a la memoria aquellas coloridas estampas de entusiastas niñas que se lanzaban a experimentar la magia de la danza y en especial del tap, una especialidad que dio particular renombre al IAP. Porque si del clásico zapateo americano -como se lo llamaba tiempo atrás- se trata, un símbolo de su protagonismo en la zona es precisamente el Instituto Ana Pavlova.
Entre esos recuerdos, se enciman las sonrisas eternas de pequeñas y adolescentes, que el paso del tiempo les posibilitó asimilar técnicas y en particular, ganar un profesionalismo que hoy resulta por demás evidente.
Aquellas dulces e inexperimentadas pequeñas son hoy el presente que la institución atesora como su mejor cosecha. Y prueba, además, que el tiempo pasado no fue en vano. Contrariamente, permitió lentamente ir delineando un objetivo y dar cuerpo a un grupo de sólidos profesionales con el mejor de los niveles técnicos en cuanto a danza se refiere.
Porque también el tap, que fue el embrión inicial, tuvo su correlato en otras disciplinas que comenzaron a hechar raíces en la institución. Y con ellas, la evolución adecuada a nuevas corrientes y métodos de enseñanza, que conforman en la actualidad un abanico de valiosas posibilidades para comenzar a incursionar en la danza.
Pero no puede hablarse del IAP sin referir a la persona de Patricia Sibolich, que 30 años atrás tomó la iniciativa y abrió a partir de su inquietud, un nuevo camino en la vocación de muchas niñas y adolescentes.
A ella se debe la idea y el primer logro, sumándose con el tiempo en el quehacer diario de la enseñanza su hermana Mónica y más adelante Paula D'Altilia; hoy integran además el staff docente Romina Díaz, Pamela Gómez y María Sol Parra de Miguel, y en carácter de auxiliares, Candela Gigante y Carolina Iribarren.
El IAP ya no sólo es propiedad de General Rodríguez y Luján, sino que ha diversificado su enseñanza en otros lugares, como un modo de incorporar en los nuevos tiempos una disciplina artística en el horizonte de cada una de las personas. Y con esa meta, el continuo relevamiento de aquel objetivo primero, abriéndose a todas las nuevas experiencias que invitan al movimiento con pautas generadas por uno y otro ritmo.

EL ESPECTACULO
Con dirección general y coreografías de Patricia Sibolich, cientos de personas presenciaron el sábado "El balance" (30 años después), tal el título del espectáculo ofrecido en el Teatro Luján por alumnos del instituto.
A partir de un planteo puramente teatral, la realización anexó distintos momentos coreográficos a modo de revisión de los trabajos realizados en ese lapso. Ese balance dejó al descubierto los diversos emprendimientos rítmicos de la entidad y sus alumnas, que entre tules, brillos, sombreros y adecuada vestimenta, cubrieron un amplio espectro para atender la curiosidad rítmica y visual de niños y adultos.
El mismo inicio resultó impactante, labor que corrió por cuenta de las alumnas egresadas de tap.
Dando cuenta de una disciplina férrea y una coordinación que dejó sin aliento al público por los exigentes y rápidos movimientos de cuerpo, brazos, piernas y rostro, realizados casi simultáneamente, la obertura del show sumergió desde el vamos en un espectáculo al mejor estilo de Broadway. La coreografía fundió de modo notable el desplazamiento del grupo, pasos, línea melódica y rítmica, en medio de una atmósfera de brillos, humo y luces.
A partir de ese momento comenzó el ininterrumpido desfile de las alumnas que cursan los distintos niveles, desempolvando todos sus conocimientos de las técnicas de jazz, tap, aerobic, cardio funk, salsa y tango.
Precisamente una de las novedades incorporadas por el IAP fue esta última disciplina; el grupo encargado de trasladarlo a escena brindó una pieza de Piazzolla vertida no ya con el característico sabor porteño, sino con un hálito de libertad que acercó el cuadro al ballet moderno.
Variadas melodías se fueron enlazando a continuación y con ellas distintas propuestas visuales y coreográficas que dejaron al descubierto la plenitud de la enseñanza y la pasión que alienta la vocación de todos los que dan cuerpo al IAP.
Como en restantes espectáculos, todo funcionó adecuadamente: luces, sonido, bailarinas, dejando al descubierto que cada realización no sólo merece la atención de quienes llevan adelante la propuesta, sino que conlleva la inquieta labor de todo un equipo que sabe culminar de modo feliz las ideas motoras.
Fue, a todas luces, una brillante y emotiva celebración. Los aplausos no se hicieron esperar en ningún momento. Y con ellos el agradecimiento a quienes, desde hace 30 años, se desvelan, crean, imaginan, incentivan y trabajan en pos de una formación profesional que se agiganta en el tiempo.


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