|
Voz y presencia de Buenos Aires
Dueño de un personal estilo
ciudadano, el cantante, actor y compositor se ganó los aplausos
de muchísimo público en su debut en la sala oficial.
Cacho
Castaña pertenece a esa clase de artistas que, embalados por
urgencias personales y vocación, suelen destacarse en distintas
ramas de la creación. Actor con infinidad de títulos fílmicos
en su haber y otros tantos en la televisión, incursiona desde
siempre en el canto y en la composición musical.
Y precisamente, para demostrar sus condiciones en estas últimas
especialidades, llegó a Luján el viernes, donde se presentó con
un sexteto instrumental en el Teatro Municipal "Trinidad
Guevara".
Hay que aclarar, desde el vamos, que no es cantante con todas las
letras. Pero lo suyo lo hace bien; técnicamente tiene las
condiciones para desafiar las líneas melódicas y revestirlas de
todo un potencial expresivo. Pero es ese angel misterioso que lo
rodea, el que hace crecer en escena su figura.
Quizás sea también su timbre, entre grave y susurrante, su
personalidad, su modo coloquial de comunicarse con el público, su
espontaneidad para responder cualquier interrogatorio surgido
desde la oscura platea, su sonrisa o hasta su parecido con un
Sandro de otros tiempos. Pero no. No valen las comparaciones.
Allí está. De negro y con un pelo largo cuyas manos moldean una
y otra vez a lo largo del show.
Como se anticipó, no es la excelencia en el canto, pero sí un
disparador de emociones o sensaciones. Y su presencia se agigante
cuando, lanzados los músicos a pergeñar las melodías
comprometidas en el programa, Cacho comienza a deambular por la
poesía y se abre ante el público la otra faceta. El artista
creador: el poeta y el músico.
En una línea entre el estilo impuesto por Piazzolla y una
corriente de neto corte romántico, las obras de Castaña
conquistan por su musicalidad y definida línea melódica a las
que se suman testimonios vertidos por su experiencia en la vida y
sus amores.
Allí radica el otro encanto de Cacho Castaña. Impacta la
coherencia de su estilo, el programa escogido, sus homenajes a
Tita Merello y al Polaco Goyeneche y todo esas armas a las que el
artista apela para cerrar el círculo de su actuación.
Del otro lado del escenario, el público, con una amplia mayoría
de mujeres.
En la oscuridad, las miradas tienen un eje, un escenario iluminado
a medias, creando así un clima misterioso para descubrir la
palabra y la música. Y presidiendo la ceremonia, un artista que
supo conquistar por su vocación y certera convicción de que lo
suyo es algo innato, llamado a revelar aspectos de una ciudad con
aroma a tango y pasiones y por qué no, revisar su propia vida
vivida en toda su plenitud.
|