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Ley de exclusión
Todo parece indicar que las autoridades políticas están esperando que la gente, harta de soportarlos, salga a la calle. Así pondrán en marcha el helicóptero desde los techos de la Casa Rosada y huirán como ratas para nunca jamás dar explicaciones o pagar por los errores cometidos.
En estos tiempos, es insoportable la presión que sufren los ciudadanos comunes, por exclusiva responsabilidad de un grupo de señores que se siguen enriqueciendo por el solo hecho de cumplir con los mandatos del exterior. Ya ni siquiera importa que miles de chicos estén desnutridos o directamente mueran sin poder conseguir alimento. Hay que seguir apretando al pueblo. Hay que sacarle hasta el último jugo.
Los que tenían un peso en el bolsillo o en el banco aceptaron que el teórico necio del capitalismo argentino, Dr. Domingo Felipe Cavallo, creara el "corralito" a los depósitos y "bancarizara" todos los movimientos económicos.
"Corralito" y "bancarización", dos términos nuevos para hablar de delincuencia. La plata que cada persona supo juntar con el esfuerzo del trabajo quedó atrapada para el uso indiscrimado de entidades financieras que hoy, a pesar de todo lo sucedido, tienen la caradurez de hablar de ganancias e incremento de las reservas.
Además, hace un año era imposible sacar más de 300 pesos por semana. Y aquel que confió en la moneda estadounidense para mantener sus ahorros, sufrió la pesificación de los depósitos. Un arrebato más y nadie que vaya preso.
Pero eso no fue todo. Al gran escape del gobierno alianciasta le siguió el delirio escueto de Adolfo Rodríguez Saá y posteriormente el acuerdo político para que Eduardo Duhalde asumiera la presidencia. En sus meses de gestión, el senador hizo y hace lo que le mandan hacer.
Creó una precaria red de asistencia laboral a la cual llamó Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados: la única medida popular que, en realidad, es populista y demagógica. Pero a pesar de las críticas, hay que entender a las miles de familias que todos los meses esperan como el agua el ingreso de al menos 150 lecops.
El resto de las acciones fueron y son coherentes con la incoherencia de un gobierno atado de pies y manos, incapaz de romper un solo molde. Con el conocido cinismo oficial, se permitieron desde las más grandes hasta las más pequeñas estafas: que subieran los precios de todos los productos de la canasta familiar o que las empresas multinacionales impusieran tarifas "actualizadas".
Alimentos más caros, servicios más caros, combustibles más caros, con ingresos congelados o disminuidos. El incremento de las tarifas fue la última gestión de Duhalde en favor del pueblo. ¿Qué mentira nos quieren vender ahora? ¿Que se aumenta para que se puedan mantener los gastos operativos de las multinacionales? ¿Hay que pagar más para evitar cortes?
Lo que ocurre es que los gobernantes, seguramente a cambio de favores que nunca lograremos enterarnos, se prestan al juego de los grandes empresarios: aumentan las ganancias que se giran al exterior, bajan la calidad y distribuyen las pérdidas entre la gente. "El impacto total en la economía familiar no superará los 4 pesos por mes", explicó el presidente, como justificativo del aumento en el gas y la luz. Una barbaridad más grande que haber pronosticado el fin de la recesión para el 9 de julio pasado.
Ni Duhalde ni su señora tienen la menor idea de lo que significan 4 pesos en el bolsillo de una familia carenciada. Tampoco les interesa tomar conciencia de semejante pequeñez. Ellos están para cosas grandes, para defender los derechos de los ricos. Los derechos de los ciudadanos comunes, de los cuentapropistas, de los jubilados y de los pequeños y medianos comerciantes e industriales se anularon en la era menemista. Y esa ley de exclusión sigue vigente.

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