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Opciones de (no) cambio
Es imposible sorprenderse por la escasa participación de
jubilados y pensionados en las elecciones del domingo,
mediante las cuales se eligieron representantes de la clase
pasiva para integrar el futuro directorio del Pami. Del mismo
modo, también es lógico que los últimos cómputos
informados estén dando como ganadora en la Capital Federal a
una lista que tiene como candidato a Luis González Montaner,
un médico que acompañó a Matilde Menéndez en su lamentable
paso por la obra social.
En ese mismo marco de situación, los militantes de la Unión
Cívica Radical deben esperar, el próximo fin de semana, con
muy pequeñas expectativas el caudal de sufragios para elegir
sus candidatos a presidente y vice de la Nación. No hay
ganas, no hay grandes o medianas esperanzas en esa elección
y, para colmo, ambos candidatos están enquistados en las más
altas esferas de decisión desde hace ya varios años. ¿Por
qué creerles o apoyarlos ahora?
En ambos casos, salvo diferencias evidentes, se trata de
elecciones para cumplir con el protocolo, para dar respaldo a
las instituciones, para asegurar un futuro no demasiado
distinto al presente.
Casi el 85 por ciento de los afiliados al Pami no sintieron
interés en votar por jubilados que creen en las promesas de
las autoridades de turno. No se tragaron el argumento del
"primer paso" para que el Pami quede en manos de sus
"verdaderos dueños". Sólo un par de cargos en un
directorio controlado por el poder político es la peor
porción de la torta, es una fracción insignificante que
únicamente alimenta la demagogia del gobierno nacional.
"Ustedes querían estar en la mesa directiva, ahora
pueden", parecen decir los señores que están y
seguirán manejando al Pami. Por eso es lógico y hasta
saludable que los convocados hayan rechazado la participación
en estos juegos electorales que no son otra cosa que
simulacros de cambio.
Algún día, los que aún hoy toman las decisiones, se darán
cuenta que tienen que irse para barajar y dar de nuevo, pero
con un mazo distinto.
Los comicios pasados e inminentes (Pami, radicalismo,
justicialismo, etc.) tienen que servir para confirmarle a los
que todavía siguen montados en las viciadas estructuras
institucionales del país, que su legimitidad está
cuestionada, está en jaque.
Hasta el momento en que entiendan la realidad, resignen
posiciones e ingresos, la mayoría de la gente continuará
dándoles la espalda. Por más que muevan estructuras y
recursos para simular multitudinarios apoyos, la gente con sus
cacerolas o con sus indiferencia ante las campañas están
demostrando que con las cúpulas gobernantes ya dio su
veredicto: están condenados a dar un paso al costado.
En la Argentina hay urgencia de cambios verdaderos. No hay
espacio para presuntas modificaciones como las dibujadas para
convencer a los jubilados y pensionados de su
"integración" al plano de las decisiones en el
Pami.
Los mínimos porcentajes de adhesión que logran los
candidatos a presidente en las encuestas son otra muestra del
alejamiento de las necesidades de las mayorías en casi la
totalidad de las figuras políticas. Sin embargo, la pulseada
aún la gana la necedad. Y nadie, por más de obtengan un par
de puntos en intención de votos, se baja de sus caprichosas y
mal intencionadas aspiraciones personales.
La mayoría de la gente le está dando la espalda a elecciones
que sólo aseguran un futuro no muy diferente al actual.
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