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Reaparición de la Comedia
Municipal
Tras una larga ausencia, el
elenco oficial de Luján debutó el sábado en el Teatro
"Trinidad Guevara". Dos actores dieron vida a la pieza
de Rafael Bruza.
Dos
seres suspendidos en la inmensidad de la pampa son el hilo
conductor de la obra de Rafael Bruza que marcó el regreso de la
Comedia Municipal de Luján, el sábado en el Teatro Municipal.
Se trata de dos hombres que, alentados por sus convicciones,
recorren un espacio físico como un modo de eternizar el presente,
que cada uno entiende con características dispares.
El azar los reúne y en medio de reflexiones sobre el presente o
el futuro, ambos se embarcarán en una pregunta: dónde hallar la
bisagra que une el tiempo pasado con la acción por venir. La
respuesta según quién la formule dividirá las aguas, pero
servirá al autor para subrayar su propuesta dramática, que
hallará mayor trascendencia sobre el final de la pieza.
"El cruce de la pampa" conecta en un primer tramo a dos
seres que, en tono similar a las criaturas concebidas por Samuel
Becket, parecen suspendidos en un círculo sin salida. Como los
personajes de "Esperando a Godot", se ufanan a través
de una larga búsqueda, en la ansiosa espera de ver materializados
aquellos propósitos que un día los movió a emprender un camino,
absortos en un tiempo que no parece avanzar.
Más adelante, Bruza extiende su empresa a otros planteos más
cercanos y comprensibles y que vinculan a Alvarito y Villafañe
-tal los personajes ejes de la pieza- a una realidad más
palpable. Se abre así otra página ante el lector, invitando a
una reflexión acerca de una tierra que parecería no encuentra, a
través de su gente, su propia identidad.
LA REALIZACION
No es la primera vez que Claudio Bellomo conduce los destinos de
la Comedia Municipal. Y como antes, demuestra su aptitud de hombre
de teatro para estructurar un espectáculo donde, lo visual,
anecdótico y expresivo, alcanza un notable grado de conexión.
Con "El cruce..." vuelve a poner de manifiesto su
empeño por abordar piezas de cámara, en la seguridad de que
encuentra en ellas las herramientas indispensables para
desarrollar impecables realizaciones.
Así apareció a la vista del público la obra de Bruza, cuidada
en todos sus detalles y visualmente atractiva.
Contó para ello con dos actores sólidos que se plegaron con
sutileza y expresión para jugar los distintos momentos de la
pieza. Ampliamente enlazados en sus roles, lograron una rápida
comunicación con el público.
Marcos Martínez, que se viera anteriormente en "El clásico
binomio", vuelve a poner de manifiesto su capacidad actoral,
entregándose a dar vida a un maratonista no vidente, hábil,
soñador y con aristas humorísticas. René Meriles, actor de
Moreno que ya participara del elenco local que estrenó
"Chúmbale", asumió el rol de Villafañe. Con sólo 20
días de ensayo -reemplazó al actor titular-, demostró toda su
energía e histrionismo para envolver de filosofía y miedos a
Villafañe, su personaje.
Luis Viola en música y luces, y Francisco Martínez en vestuario
y utilería sumaron su aporte a la empresa, confiriendo un marco
visual que evocó la clásica pieza de Becket vista aquí algunos
años atrás, con aires sonoros apropiados.
La obra conocida el último fin de semana fue seguida con
atención y cálidamente recibida por el público.
Comedia Municipal
Aquellos años no tan lejanos
Muchos títulos, honores, gratificaciones y experiencias ha ganado
la Comedia Municipal de Luján desde su creación, casi al
promediar los años 80.
Volver la mirada hacia ese ayer, acerca rápidamente una infinidad
de títulos capaces de enorgullecer a cualquier elenco teatral.
Por citar sólo algunos nombres desfilan en la memoria "He
visto a Dios", "Los mirasoles", "Gotán",
"En boca cerrada", "La casa de Bernarda Alba",
"Esquina peligrosa", "La venganza de Don
Mendo" y "Despacio, escuela". Producciones que
jerarquizaron la producción teatral en el medio, proyectándola
hacia otros puntos.
Aquellas realizaciones aparecen hoy como empresas quiméricas
sostenidas por la voluntad de elencos numerosos, que, postergando
y en algunos casos haciendo a un lado otros compromisos, sumaban
su esfuerzo en aras de un título que terminaba por enriquecer su
tarea sobre las tablas.
Cierto es que los tiempos que corren son otros. Tras una pausa
prolongada la Comedia reapareció, como ha sucedido en los
últimos tiempos, de la mano de sólo dos actores.
La pregunta surge casi espontáneamente. Dónde está todo ese
material humano que pobló y animó durante tantos años los
títulos seleccionados para dar continuidad a ese elenco. Los
años pasaron, las caras se renovaron, algunos ya no están, pero
qué pasó con el resto.
Podrá aducirse que poco se ha hecho para volver a reunir todos
esos nombres; tampoco puede achacarse toda la culpa al área de
Cultura del cual depende el organismo, ya que, conforme las
distintas crisis por las que atravesó el sector, la
responsabilidad pasó de mano en mano en los últimos tiempos.
Pero, a la luz de un nuevo siglo, resultaría oportuno reconstruir
aquel organismo, procurarle nueva vitalidad y volver sobre algunos
títulos que hoy por hoy son clásicos e imprescindibles en toda
producción teatral, por sobre obras que quizás poco aporten al
conocimiento de la dramaturgia nacional.
No hubo ni habrá plata para grandes empresas culturales. Eso lo
sabe cualquiera, vinculado o no a la producción artística. Pero
no todo se hace con ella. Y si no, que la historia del teatro
local hable por sí. Sólo hubo algún que otro aporte, casi
insignificante, y por sobre todo, el amor hacia una vocación.
¿No será entonces tiempo de volver a las raíces, a aquellos
tiempos en que más allá de los roces y simpatías, los elencos
se sumaban y desbordaban de ganas por hacer teatro?. ¿No será
ésta la ocasión propicia para retomar aquel ideal? ¿Por qué no
intentarlo?
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