Sábado 10 de Enero de 2004 - Año 88 - Edición 6943 - Edición digital 0213

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Nilda Mileo de Gualchi

El adiós de una poetisa

"Que el poeta sea un faro iluminado/ Y que sirva de lumbre para su hermano", escribió alguna vez Nilda Mileo, una mujer apasionada por las palabras, a las que sabía y poéticamente apelaba para dejar en un papel, todos sus sentimientos y universo de vida.

Porque Nilda, por sobre la madre cariñosa y esposa de ese gracil poeta de las formas y del color que fue Luis Gualchi, supo calladamente erigirse en una personalidad tan rica como oculta; Nilda era de esas personas que lápiz en mano era tan capaz de delinear unos floridos y encendidos versos, como prodigar sobre una tela o cartón un ramillete de colores con los que daba forma a su lírico mundo.

El mundo de Nilda fue el de la creatividad: tuvo como eje un esperanzador remanso de matices verdes y de paz, la hermosa casona en Los Cardales en la que formó su hogar y donde recibía con gusto a sus amigos. En ese lugar, con sus hijos y su marido, en algún momento, dio a luz a esos diminutos ángeles de madera, tan exquisitos en su forma como pintorescos y casi alados, que conocieron la adhesión de los públicos más distantes.

Compañera inseparable de Luis, supo estar junto a él en todas las muestras que concretó en Luján, donde fue respetado y su pintura reconocida y requerida. En cada ocasión en que su pintura llegaba a Luján, Nilda estaba junto a Luis, pero sólo para acompañarlo y reencontrarse con la gente que estimaba y a la que siempre recordaba.

Con su vena poética no sólo se lanzó a escribir varios libros de poesía que en ocasiones ilustró su hija Anina, sino que también su bondad y generosidad la llevó a constituirse en una eficaz colaboradora de este periódico en distintos momentos, en especial a lo largo de los años setenta.

En estas páginas dejó diversas impresiones de sus viajes, como el efectuado a Cosquín, de la que supo retratar con sutil encanto su color, valorando puntualmente a sus artesanos; y una diversidad de temas y opiniones sobre radio y televisión, personajes y situaciones. Pero en otros momentos, EL CIVISMO recogió fragmentos de su obra, como su trabajo sobre Fernán Félix de Amador titulado "El poeta que conocí y cómo lo conocí"; y en especial sus versos sobre la figura y obra de Jorge Luis Borges, personalidad a la que también accedió.

Precisamente, uno de sus trabajos poéticos fue musicalizado con el nombre de "Ché, Buenos Aires" y estrenado a comienzos de los ochenta en la Asociación Cultural Ameghino, ilustrándose con creaciones plásticas del artista Bruno Venier sobre Buenos Aires, su gente y su música.

En esa pieza, como en otras de su autoría, Nilda delataba su sensibilidad, frescura y sinceridad, armas con las que transportaba al lector a su mundo mágico de poeta.

Mujer generosa, simpática y dedicada a su arte, supo granjear muchísimas amistades en esta ciudad, donde siempre cálidamente eran recibidos ella y su familia.

En su casona de Los Cardales, Nilda sorprendía a sus amigos con su arte. De un armario sabía sacar viejos borradores o proyectos de libros; algunos poemas descansaban en otro sitio, y tras algún trabajo plástico de su esposo, muy escondido, alguna de sus pinturas. Simpática, llena de vida, era inquieta y nadie se iba de su casa sin algún poema o libro de su autoría.

La desaparición primero de Luis y el viaje de Anina a España la alejaron en los últimos años de Luján, pero su espíritu y saludos, siempre estaban presentes en todas las ocasiones.

Hoy Nilda pasó a formar parte de esos hermosos recuerdos atesorados en la mente de quienes la conocieron, pero sigue viva en su obra y sus pinturas, que hablan por ella. Que hablan de esa mujer espiritual, de desbordante imaginación y enamorada de la vida, que artista al fin, necesitaba dar rienda suelta a ese mundo interior que desde siempre la invadió.