Miércoles 14 de Enero de 2004 - Año 88 - Edición 6944 - Edición digital 0214

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Relato de un desaparecido sobreviviente

Revelan existencia de "centro clandestino" en Luján

Gustavo Fernández declaró en La Plata ante la Cámara Federal, por los Juicios de la Verdad. Dijo que fue secuestrado, junto a su hermano que continúa desaparecido, de una vivienda propiedad de Prince. E indicó que pudo salvarse al fugar de una quinta ubicada en las afueras de Luján, a la que lo habían llevado.

Gustavo Javier Fernández, quien permaneció desaparecido durante 36 días por la dictadura militar en 1976, declaró que fue secuestrado junto a su hermano Carlos Alberto (quien permanece desaparecido) de una vivienda que pertenecía al actual intendente Miguel Prince, y que pudo salvarse fugándose de una quinta ubicada en Luján, que funcionaba como "centro clandestino de detención".

En el marco de los Juicios de la Verdad, Fernández relató, el 10 de diciembre, su espeluznante experiencia, que finalizó cuando un familiar pudo ocultarlo en Open Door para después emigrar a Chivilcoy, ciudad en la que reside actualmente.

El mismo día en que Prince comenzó su tercer mandato consecutivo, el sobreviviente contó su experiencia ante los jueces y empezó a desenredar la maraña de una historia trágica y, hasta hoy, oculta: la de los desaparecidos de Luján.

"IRME O IRME"

Fernández fue secuestrado el 26 de agosto de 1976 en un lugar que no pudo precisar, cercano a la Avenida Richieri y General Paz, que podría estar ubicado en la provincia de Buenos Aires o en la Capital Federal. De acuerdo a su testimonio, dado a conocer por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Plata, el sitio del que fueron "levantados" era una casa de Prince, quien también fue secuestrado.

Después de haber pasado 36 días en distintos centros clandestinos de detención, una noche logró escapar del asiento trasero de un Falcon que los represores dejaron estacionado en una casa quinta en las afueras de Luján.

"(Los represores) se bajaron del auto y fueron hacia la casa. Se escuchaban gritos. Yo estaba debajo de una frazada y la venda de los ojos se me había bajado. Me asomé por la ventana y no vi a nadie. Con la boca levanté la traba de la puerta. Vi que no me habían dejado custodia. El auto estaba entre un camión y atrás había dos autos más. Busqué en los otros autos a mi hermano pero no había nadie. Era consciente que tenía que irme o irme y corrí, con las manos atadas, atravesando el campo", relató.

Mientras corría, logró desatarse el trapo que le unía las manos hasta que llegó a la ruta 5 y se dio cuenta que estaba en Luján. Luego ingresó a la ciudad por un camino de tierra y fue a pedir ayuda a la casa de un amigo, que lo contactó con su tío Raúl Fernández. El familiar lo sacó de la ciudad y lo alojó unos días en una casa de la localidad de Open Door, partido de Luján, y luego le consiguió trabajo en un campo.

Días después del escape, los represores se presentaron en la casa de su madre. Y secuestraron durante un día a la tía, esposa de Raúl Fernández, para arrancarle datos sobre el paradero de Gustavo. Pero no obtuvieron nada. En enero del '77 el joven se fue a vivir a Chivilcoy.

CRONICA DE UN SECUESTRO

Ni bien fueron detenidos el 26 de agosto de 1976, los hermanos Fernández fueron llevados a la Superintendencia de Coordinación Federal, en la Capital Federal, donde fueron alojados en una "celda grande". A los dos o tres días, un grupo de hombres que se identificó como "Comando Bruno Genta", se los llevó, llamándolos por su nombre, a lo que podría ser la Delegación Avellaneda de la Policía Federal.

Allí fueron golpeados y torturados con picana eléctrica sobre el elástico de una cama. "Nos ponían una bolsa en la cara hasta que se nos cortaba la respiración", dijo Fernández. En ese lugar el testigo vio al hoy desaparecido Carlos Ochoa, en cuya causa fue citado a declarar. "Me dijo que trabajaba en el Banco Nación". Ese fue el único dato que Gustavo pudo aportar sobre la víctima.

Allí también dijo haber visto a un joven estudiante secundario llamado Claudio, oriundo de La Plata, que, según le contó, había sido secuestrado con otros compañeros posiblemente durante la denominada "Noche de los Lápices". Los jueces Julio Reboredo y Leopoldo Schiffrin le preguntaron si podía ser Claudio De Acha, una de las víctimas de aquel episodio, pero el testigo no pudo precisarlo.

A mediados de septiembre del '76 los hermanos Fernández fueron trasladados a la Brigada de Quilmes ("el Pozo") junto a otros detenidos. Ese fue el lugar en que por última vez Gustavo vio a su hermano Carlos.

Luego fue trasladado a lo que describió como "una vieja comisaría que no estaba en funcionamiento". En ese lugar estuvo dos o tres días más. Una noche lo subieron atado y vendado en un auto y lo cubrieron con una frazada. En esa oportunidad escapó cuando el auto quedó estacionado en una casa quinta de Luján, que, según pudo saber por comentarios, pertenecía a un comisario de esa zona.