Sábado 17 de Enero de 2004 - Año 88 - Edición 6945 - Edición digital 0215

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Un sobreviviente de la represión contó su historia

Importante paso hacia la verdad

EL CIVISMO accedió a la declaración completa de Gustavo Fernández, secuestrado en 1976. En su testimonio, ante la Cámara Federal, aseguró que estuvo cautivo junto a Miguel Prince, en Avellaneda. El actual intendente fue liberado a los pocos días, y el declarante pudo luego escapar de un Centro Clandestino ubicado en Luján.

Gustavo Javier Fernández, lujanense sobreviviente a la represión de la dictadura militar, declaró ante la Cámara Federal de Apelaciones que él y su hermano (Carlos Alberto, desaparecido desde entonces) fueron secuestrados en 1976 de una vivienda que les había prestado el actual intendente de Luján, Miguel Prince, con quien compartieron luego "dos o tres días" de cautiverio, en un sitio que identificó como una Comisaría en Avellaneda, supuestamente dependiente de la Policía Federal.

De acuerdo a su testimonio, anticipado por EL CIVISMO en su pasada edición, el grupo que los secuestró buscaba a Prince. "Nos llevan porque no pudimos justificar qué hacíamos en la casa esa donde buscaban a esa otra persona", indicó Fernández.

Según Fernández, a Prince lo liberaron a los pocos días: "Lo que él me manifestó (es que) tenía la esposa de él un familiar muy vinculado a 'grupos de tareas' que, digamos, presionaron para que lo larguen", indicó ante los jueces Julio Víctor Reboredo y Leopoldo Schiffrin, en el marco de los Juicios por la Verdad.

Además, el declarante situó al sitio del que se fugó "entre la ruta 5 y un camino que va a Navarro, que se abre así como un triángulo, queda en el centro de ese triángulo aproximadamente". "Charlando con gente de Luján, suponen que podía llegar a ser una quinta que era de un Comisario de la Policía Bonaerense", especificó.

EL SECUESTRO

Fernández, el 10 de diciembre prestó Declaración Testimonial en la Causa caratulada "Carlos Felipe Ochoa, sobre Presunta Privación Ilegítima de la Libertad", dado que tuvo oportunidad de reconocer al nombrado -también desaparecido- en el transcurso de su detención ilegal. Sin embargo, al comienzo de la audiencia el juez Schiffrin anunció que se abriría otro expediente referido al hermano del declarante.

"El recuerdo de muchas cosas puede ser exacto y el resto un poco más borroso; a mí me secuestraron junto con mi hermano en la madrugada, el 26 de agosto del año '76", expresó Fernández en el inicio de su testimonio, a cuya versión completa tuvo acceso EL CIVISMO el jueves, facilitada por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Plata.

Fernández, que militaba en la Juventud Peronista, se había ido de Luján "por cuestiones de seguridad" y vivía con una tía en Capital Federal. "Como había habido un allanamiento en mi casa de Luján, entonces por unos días yo me fui del lugar donde estaba y fui a la casa donde fuimos secuestrados, ahí estaba parando mi hermano, porque se la había prestado un conocido", relató y explicó que "fui dos noches a dormir y la segunda noche fue la que nos llevaron".

"Serían las cuatro de la mañana, estábamos durmiendo, golpean fuertemente la puerta porque no había luz eléctrica y se identifican, dicen ser de la Policía Federal y que están buscando a Miguel Prince, que era la persona que le había prestado ese lugar a mi hermano. O sea no nos buscaban a nosotros sino a esa persona, entonces mi hermano abre, ingresan de una forma violenta personas vestidas de civil, no uniformada, nos hacen tirar al piso mirando hacia abajo (...) Nos tienen un rato bastante largo ahí tirados en el piso y revisan la casa, dan vuelta todo lo que había, buscaban datos de esta persona a la que iban a buscar y bueno, pasado un determinado tiempo nos llevan, nos hacen subir en un automóvil, a mí me llevan en un auto grande, supongo que sería un Falcon o un automóvil de ese porte", contó.

Respecto del sitio de la detención, sobre el final de la audiencia el camarista Reboredo mantuvo el siguiente diálogo con Fernández.

- De la casa de su tía, usted da la impresión que pernocta en distintos domicilios... (Reboredo)

- Sí, casas de conocidos. (Fernández)

- Cuándo va a la casa de Miguel Prince...

- Perdón, quiero aclarar, no era de Miguel Prince, la casa era creo que de los cuñados de Prince, se la habían prestado a él y él a su vez le dio lugar a mi hermano para que se quedara porque estábamos un poco todos en la misma situación.

- Ustedes convivieron con Miguel Prince...

- No.

- Tres, cuatro o cinco días.

- No, no, él no estaba ahí en esos días, yo estuve en esa casa solamente dos días, mi hermano sí creo que había estado con Prince en esa casa previamente, yo estuve solamente dos noches, la noche anterior y la noche del suceso cuando nos van a buscar.

- Es decir que hasta el día del suceso ese no había estado Prince viviendo con ustedes...

- No...

- Esos pocos días había estado con su hermano.

- Con mi hermano creo que sí, no lo podría precisar tampoco.

- Cuando llega la Comisión Policial o lo que fuera, Prince evidentemente no estaba...

- No, no, estábamos nosotros dos solos.

- Y Prince casualmente sale, cuatro días después de su secuestro sale liberado.

- Sí, creo que, sí...

- O menos...

- Fueron no sé si tres o cuatro días que estuvo él, sí...

- Es decir que la deducción resulta fácil.

- Eh, cómo...

- Digo yo...

- Este...

- Para usted, qué le parece......

- No, no, yo después estuve con él, según lo que él me manifestó tenía la esposa de él un familiar muy vinculado a los 'grupos de tareas', que presionaron para que lo larguen, eso es lo que él me manifiesta a mí, bueno, no tengo por qué dudarlo.

- Esta bien... Bueno.

DESAPARECIDOS

Los hermanos Fernández fueron trasladados a un Centro Clandestino de Detención (CCD), que sería la Superintendencia de Seguridad Federal. "Suponemos que desconocían quiénes éramos, o sea, el motivo que nos llevan es porque no pudimos justificar qué hacíamos en la casa esa donde buscaban a otra persona".

A los pocos días, llegó al lugar un grupo que se identificó como "Comando Bruno Genta", cuyos integrantes decían ser de Mercedes. "Ya ahí nos llaman por nuestros nombres, como que nos conocen y con violencia, gritándonos, nos cargan en el baúl de un auto y nos llevan hacia otro lado", dijo.

En el segundo lugar de cautiverio, los hermanos fueron ubicados en celdas contiguas. "Pasado un rato me vienen a buscar, me llevan a una habitación donde había un elástico de cama, me desnudan, me acuestan y me atan ahí. Me comienzan a golpear, a torturarme con picana eléctrica, bueno todo con un interrogatorio sobre gente de Luján. O sea, por la persona ésta que habían ido a buscar en la casa donde nos encontraron a nosotros y por gente, más específicamente por gente de Luján", señaló el sobreviviente.

En ese lugar, Fernández conoció a Ochoa. Aunque nunca pudo ver su cara, éste le dijo su nombre. Allí también compartió el encierro con Prince. "Estuvo aproximadamente dos o tres días también con nosotros en ese lugar sí", puntualizó. Luego se suscitó un curioso diálogo entre el camarista y el testigo, que reveló el desconocimiento del funcionario respecto de la real importancia del punto tratado:

- Y dice que a Prince lo liberaron a los tres o cuatro días. (Schiffrin)

- Sí. (Fernández)

- Y dígame una cosa, usted después alguna vez supo si Prince estaba vivo...

- Sí, sí, yo inclusive estuve después con él.

- Fue liberado realmente.

- Sí, sí, sí.

- Conoce la dirección...

- Sí, actualmente es el Intendente de Luján.

- Ah, claro... si yo lo conozco a Prince, es cierto, tuve con él una charla y por eso me lo acuerdo. Claro, pero mire, así que esto se relaciona, creo que hay una Petición de Luján para declarar no, creo que lo iban a traer... bueno.

LA FUGA

Los hermanos Fernández permanecieron allí "hasta mediados de septiembre, aproximadamente unos diez días". Después fueron llevados a un lugar similar a "una cochera o algo así". "Supuestamente era el que llamaban 'El Pozo de Quilmes', que creo que era la Brigada de Investigaciones", detalló y agregó que, después de otros diez días "nos llevan, a mí y a mi hermano a otro lugar que nunca pude precisar donde quedaba, era aparentemente una Comisaría abandonada".

Luego de dos o tres días "se abre la puerta y nos empiezan a golpear (...) empiezan a preguntar por gente de Luján o por sobrenombre de gente, nos recriminan no haber hablado de eso hasta el momento, que no los habíamos mencionado, como que ellos se habían enterado de que nosotros conocíamos gente que no lo habíamos dicho en los interrogatorios anteriores, entonces nos sacan con bastante violencia, nos llevan".

Fernández no lo sabía, pero viajaba hacia Luján, al sitio en el que podría escapar de sus captores. Este tramo de su relato merece ser presentado en forma casi textual, obviando apenas las redundancias, propias de una declaración judicial:

"Ahí pierdo contacto con mi hermano, a mí me ponen en el asiento trasero de un Ford Falcon, con las manos atadas atrás con un trapo y los ojos vendados, acostado, y me tapan con una frazada, hacen un trayecto bastante largo y todo por ruta, se notaba que era ruta por la velocidad y por el movimiento así de vehículo. En un momento hacemos una rotonda bastante particular que es la subida a un puente que yo vinculo con el puente de Luján, de la entrada de Luján que es muy especial, porque es una curva muy pronunciada y en subida. A partir de ahí hacen unos cuatro o cinco kilómetros, doblan, toman una calle de tierra y paran en un lugar donde había otros vehículos estacionados y hablan algo entre los dos que venían adelante, como que iban a parar a comer algo ahí, de adentro del lugar se escuchaban voces".

"Siempre supuse que en ese (otro auto) podían traer a mi hermano. Bueno, paran en ese lugar... ellos se bajan y me dejan, se escucha silencio, se escuchan gritos, como que se divertían digamos, estaban adentro".

"Yo estaba con las manos atadas atrás con un trapo y los ojos vendados, en el roce del viaje con la frazada, la venda se me había ido bajando, y ahí medio se me bajó del todo. Como yo escuchaba los gritos adentro, como que estaban digamos entretenidos, me sentí solo, me animé y empecé a observar, y lo que pude ver es que había una casa quinta en la cual había una camioneta de esas que tienen para transporte de sustancias alimenticias, que tienen la caja así alta y atrás había un par de autos más. No había nadie, no veo movimiento afuera de gente, se escuchaban los gritos adentro y yo, un poco por la desesperación del trato que nos habían dado y que yo me daba cuenta de que algo había cambiado, intento escapar. Logré bajarme del todo la venda, levanté la traba de la puerta con la boca, abro la puerta y me bajo, pensando en todo momento que me iban a descubrir, pero aparentemente no habían dejado ninguna custodia, entonces salgo hacia el medio del campo, yo no sabía dónde estaba".

"Había una cerca chiquita con un alambre y cuando quiero subir me caigo del otro lado y al no poder usar las manos me golpeo. Una vez que veo que no sale nadie, me acerqué al auto de atrás y llamé despacito por si estaba mi hermano y no contestaba nadie, entonces salí primero caminando y después empecé a correr por un descampado, mientras me iba desatando las manos. Primero había un arroyito con un puentecito, en un momento había un criadero de pollos y yo seguí corriendo hasta que me acerqué y alguien tiró un tiro como de escopeta, supongo que debería ser un cuidador de ahí".

"A partir de ahí yo veo movimiento, veo luces como de una ruta, entonces me encamino hacia ese lugar, siempre cortando campo, cuando me acerco más ya me ubico porque distingo ahí una usina que es la que recibe la electricidad que llega a Luján, que está por la ruta 5. Me encamino hacia ese lugar y siempre temeroso de que me estuvieran siguiendo, cruzo la ruta y me meto para Luján por calles de tierra de las afueras".

EL SOBREVIVIENTE

Ya en la ciudad, Fernández se dirigió a lo de un conocido, Víctor Greco, a quien le comentó lo que sucedía y le pidió ayuda. Él llamó al tío del fugitivo, quien lo condujo a una casa en Open Door, donde permaneció algunos días.

En ese interín, sus captores "visitaron" la casa de su madre, Alicia Casset, pero la mujer ignoraba el paradero de su hijo. Algunos meses más tarde, en enero de 1977, los represores mantuvieron secuestrada a su tía por un día, presionando a la familia para que lo entregaran. "No era ninguna garantía que yo me presentara y entonces no lo hicimos, creo que no los molestaron más, no volvió a pasar más nada", explicó Fernández al respecto.

Fernández viajó luego al pueblo de Alsina, donde trabajó en unos criaderos de pollos. En diciembre partió hacia Chivilcoy, donde vivía su novia, la ciudad donde reside desde entonces.

Nunca más supo nada acerca de su hermano, que era ceramista y profesor en la Escuela de Artes. "Los pocos testimonios que hay son el mío, el de Prince y creo que alguno más de ahí de ese lugar de Avellaneda", apuntó.

A la casa quinta de la que pudo fugar, Fernández volvió años más tarde: "Siempre supuse que me iban a llamar para ubicar el lugar, nunca lo hicieron, yo lo hice por cuenta mía con amigos de Luján, y cuando queríamos llegar nos encontrábamos con que había un cartel (...) es una propiedad privada". "Charlando con gente de Luján, suponen que podría llegar a ser una quinta que era de un Comisario de la Policía Bonaerense", agregó.

 

María Rosa de Palazzo

"Miguel es nuestro amigo"

María Rosa de Palazzo, una de las Madres de Plaza de Mayo de Luján, indicó a EL CIVISMO que "los hechos están exactos", en referencia a la reseña de la declaración de Fernández publicada el miércoles por este medio. Además, sostuvo que "puede haber funcionado" un CCD en la quinta de la que el sobreviviente logró escapar. "No me caben dudas, había miles de CCD, fue muy complejo el accionar de la represión", puntualizó.

Respecto del papel del actual intendente en aquella época, Palazzo manifestó que "Miguel ha sido amigo de los desaparecidos".

"Yo no lo tomo políticamente sino como amigo, lo vivió en carne propia y nos quiere mucho; cuando nadie salía, Miguel nos acompañaba al Regimiento, a Lomas de Zamora, a Moreno, a Mercedes, estaba con nosotras mirando los expedientes", recordó y acotó: "Si charlás con Ana Aguirre (también de la Asociación) te va a decir lo mismo".

- ¿Qué responsabilidades le asigna al gobierno municipal de esa época?

- No sé, pero supongo que tienen que haber sabido que estaba ocurriendo. Desaparecieron diez o doce personas de Luján y el tema fue ignorado. Nelly de Dorronzoro estaba amenazada, pidió un resguardo y no recibió nunca nada. Fue a hablar varias veces con Sallaberry.

Rosa es la madre de Ricardo Luis Palazzo, que fue secuestrado el 16 de septiembre de 1976, de su domicilio de la Capital Federal. Ricardo, a quien conocían como "Palito", tenía 21 años y trabajaba con el grabador Roberto Páez en su atelier.

Antes de su detención, la casa familiar de Luján -ubicada en la planta alta del Correo- fue "allanada" en cuatro oportunidades. Grupos de hombres "encapuchados y armados hasta los dientes" ingresaban de madrugada, en pleno centro de Luján, a 100 metros de la Casa Municipal. "Rompían y sacaban, a mí me robaron varias cosas", contó Palazzo y memoró que ella se quedaba en la habitación, "tratando de preservar a los tres chiquitos que tenía, que no les hicieran nada". Después de la desaparición de Ricardo se terminaron los "allanamientos".

En octubre de ese año, las Madres peregrinaron a Luján y esa fue la primera oportunidad en que utilizaron sus históricos pañuelos blancos. "Dejaron los pañuelos en el camarín de la Virgen, pero fueron retirados enseguida", apuntó la veterana luchadora, que se unió al grupo en 1978.

Siguen los juicios

Este año declararán varios lujanenses en el marco de los Juicios por la Verdad, entre ellos el propio intendente Prince, uno de los impulsores de que esta instancia se aplique respecto de los casos de desapariciones en esta ciudad. Aunque hasta el momento la Cámara Federal no ha citado a nadie, se han iniciado no menos de seis causas, entre las que se incluye la de Carlos Alberto Fernández.

Según informó a EL CIVISMO la APDH de La Plata, esta investigación surgió a raíz de una presentación de este organismo, realizada en abril de 1998. Desde septiembre de ese año, el Tribunal ha tomado audiencias orales y públicas todos los miércoles.

La investigación lleva en la actualidad más de 2.200 expedientes, y han declarado más de 800 testigos. Con el correr de los años, surgieron causas penales en las que están imputados responsables del Terrorismo de Estado perpetrado en la Argentina.

La audiencia en la que declaró Fernández fue la última de 2003, y las actividades se reanudarán el 17 de marzo próximo.

El Juicio por la Verdad recolectó este año 124 testimonios en 34 jornadas de audiencias. Declararon 28 policías y ex policías; 53 familiares de desaparecidos; 31 ex detenidos-desaparecidos; 2 marinos; y 10 testigos por diferentes motivos.

Los casos más resonantes fueron el expediente por la investigación de los desaparecidos de la fábrica SAIAR de Quilmes, el caso Mercedes Benz -por el que vino a declarar el ex canciller Carlos Ruckauf- y el centro clandestino "Comisaría 8°", entre otros.

En agosto se produjo la comparecencia compulsiva a Tribunales del sacerdote represor Christian Von Wernich, lo que derivó en el impulso de la causa penal en su contra por la que fue encarcelado, acusado de homicidios, torturas y privaciones ilegales de la libertad.