Gustavo Javier
Fernández, lujanense sobreviviente a la represión de
la dictadura militar, declaró ante la Cámara Federal
de Apelaciones que él y su hermano (Carlos Alberto,
desaparecido desde entonces) fueron secuestrados en
1976 de una vivienda que les había prestado el actual
intendente de Luján, Miguel Prince, con quien
compartieron luego "dos o tres días" de
cautiverio, en un sitio que identificó como una
Comisaría en Avellaneda, supuestamente dependiente de
la Policía Federal.
De acuerdo a su
testimonio, anticipado por EL CIVISMO en su pasada
edición, el grupo que los secuestró buscaba a
Prince. "Nos llevan porque no pudimos justificar
qué hacíamos en la casa esa donde buscaban a esa
otra persona", indicó Fernández.
Según
Fernández, a Prince lo liberaron a los pocos días:
"Lo que él me manifestó (es que) tenía la
esposa de él un familiar muy vinculado a 'grupos de
tareas' que, digamos, presionaron para que lo
larguen", indicó ante los jueces Julio Víctor
Reboredo y Leopoldo Schiffrin, en el marco de los
Juicios por la Verdad.
Además, el
declarante situó al sitio del que se fugó
"entre la ruta 5 y un camino que va a Navarro,
que se abre así como un triángulo, queda en el
centro de ese triángulo aproximadamente".
"Charlando con gente de Luján, suponen que
podía llegar a ser una quinta que era de un Comisario
de la Policía Bonaerense", especificó.
EL SECUESTRO
Fernández, el
10 de diciembre prestó Declaración Testimonial en la
Causa caratulada "Carlos Felipe Ochoa, sobre
Presunta Privación Ilegítima de la Libertad",
dado que tuvo oportunidad de reconocer al nombrado
-también desaparecido- en el transcurso de su
detención ilegal. Sin embargo, al comienzo de la
audiencia el juez Schiffrin anunció que se abriría
otro expediente referido al hermano del declarante.
"El
recuerdo de muchas cosas puede ser exacto y el resto
un poco más borroso; a mí me secuestraron junto con
mi hermano en la madrugada, el 26 de agosto del año
'76", expresó Fernández en el inicio de su
testimonio, a cuya versión completa tuvo acceso EL
CIVISMO el jueves, facilitada por la Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La
Plata.
Fernández, que
militaba en la Juventud Peronista, se había ido de
Luján "por cuestiones de seguridad" y
vivía con una tía en Capital Federal. "Como
había habido un allanamiento en mi casa de Luján,
entonces por unos días yo me fui del lugar donde
estaba y fui a la casa donde fuimos secuestrados, ahí
estaba parando mi hermano, porque se la había
prestado un conocido", relató y explicó que
"fui dos noches a dormir y la segunda noche fue
la que nos llevaron".
"Serían
las cuatro de la mañana, estábamos durmiendo,
golpean fuertemente la puerta porque no había luz
eléctrica y se identifican, dicen ser de la Policía
Federal y que están buscando a Miguel Prince, que era
la persona que le había prestado ese lugar a mi
hermano. O sea no nos buscaban a nosotros sino a esa
persona, entonces mi hermano abre, ingresan de una
forma violenta personas vestidas de civil, no
uniformada, nos hacen tirar al piso mirando hacia
abajo (...) Nos tienen un rato bastante largo ahí
tirados en el piso y revisan la casa, dan vuelta todo
lo que había, buscaban datos de esta persona a la que
iban a buscar y bueno, pasado un determinado tiempo
nos llevan, nos hacen subir en un automóvil, a mí me
llevan en un auto grande, supongo que sería un Falcon
o un automóvil de ese porte", contó.
Respecto del
sitio de la detención, sobre el final de la audiencia
el camarista Reboredo mantuvo el siguiente diálogo
con Fernández.
- De la casa de
su tía, usted da la impresión que pernocta en
distintos domicilios... (Reboredo)
- Sí, casas de
conocidos. (Fernández)
- Cuándo va a
la casa de Miguel Prince...
- Perdón,
quiero aclarar, no era de Miguel Prince, la casa era
creo que de los cuñados de Prince, se la habían
prestado a él y él a su vez le dio lugar a mi
hermano para que se quedara porque estábamos un poco
todos en la misma situación.
- Ustedes
convivieron con Miguel Prince...
- No.
- Tres, cuatro
o cinco días.
- No, no, él
no estaba ahí en esos días, yo estuve en esa casa
solamente dos días, mi hermano sí creo que había
estado con Prince en esa casa previamente, yo estuve
solamente dos noches, la noche anterior y la noche del
suceso cuando nos van a buscar.
- Es decir que
hasta el día del suceso ese no había estado Prince
viviendo con ustedes...
- No...
- Esos pocos
días había estado con su hermano.
- Con mi
hermano creo que sí, no lo podría precisar tampoco.
- Cuando llega
la Comisión Policial o lo que fuera, Prince
evidentemente no estaba...
- No, no,
estábamos nosotros dos solos.
- Y Prince
casualmente sale, cuatro días después de su
secuestro sale liberado.
- Sí, creo
que, sí...
- O menos...
- Fueron no sé
si tres o cuatro días que estuvo él, sí...
- Es decir que
la deducción resulta fácil.
- Eh, cómo...
- Digo yo...
- Este...
- Para usted,
qué le parece......
- No, no, yo
después estuve con él, según lo que él me
manifestó tenía la esposa de él un familiar muy
vinculado a los 'grupos de tareas', que presionaron
para que lo larguen, eso es lo que él me manifiesta a
mí, bueno, no tengo por qué dudarlo.
- Esta bien...
Bueno.
DESAPARECIDOS
Los hermanos
Fernández fueron trasladados a un Centro Clandestino
de Detención (CCD), que sería la Superintendencia de
Seguridad Federal. "Suponemos que desconocían
quiénes éramos, o sea, el motivo que nos llevan es
porque no pudimos justificar qué hacíamos en la casa
esa donde buscaban a otra persona".
A los pocos
días, llegó al lugar un grupo que se identificó
como "Comando Bruno Genta", cuyos
integrantes decían ser de Mercedes. "Ya ahí nos
llaman por nuestros nombres, como que nos conocen y
con violencia, gritándonos, nos cargan en el baúl de
un auto y nos llevan hacia otro lado", dijo.
En el segundo
lugar de cautiverio, los hermanos fueron ubicados en
celdas contiguas. "Pasado un rato me vienen a
buscar, me llevan a una habitación donde había un
elástico de cama, me desnudan, me acuestan y me atan
ahí. Me comienzan a golpear, a torturarme con picana
eléctrica, bueno todo con un interrogatorio sobre
gente de Luján. O sea, por la persona ésta que
habían ido a buscar en la casa donde nos encontraron
a nosotros y por gente, más específicamente por
gente de Luján", señaló el sobreviviente.
En ese lugar,
Fernández conoció a Ochoa. Aunque nunca pudo ver su
cara, éste le dijo su nombre. Allí también
compartió el encierro con Prince. "Estuvo
aproximadamente dos o tres días también con nosotros
en ese lugar sí", puntualizó. Luego se suscitó
un curioso diálogo entre el camarista y el testigo,
que reveló el desconocimiento del funcionario
respecto de la real importancia del punto tratado:
- Y dice que a
Prince lo liberaron a los tres o cuatro días.
(Schiffrin)
- Sí.
(Fernández)
- Y dígame una
cosa, usted después alguna vez supo si Prince estaba
vivo...
- Sí, sí, yo
inclusive estuve después con él.
- Fue liberado
realmente.
- Sí, sí,
sí.
- Conoce la
dirección...
- Sí,
actualmente es el Intendente de Luján.
- Ah, claro...
si yo lo conozco a Prince, es cierto, tuve con él una
charla y por eso me lo acuerdo. Claro, pero mire, así
que esto se relaciona, creo que hay una Petición de
Luján para declarar no, creo que lo iban a traer...
bueno.
LA FUGA
Los hermanos
Fernández permanecieron allí "hasta mediados de
septiembre, aproximadamente unos diez días".
Después fueron llevados a un lugar similar a
"una cochera o algo así".
"Supuestamente era el que llamaban 'El Pozo de
Quilmes', que creo que era la Brigada de
Investigaciones", detalló y agregó que,
después de otros diez días "nos llevan, a mí y
a mi hermano a otro lugar que nunca pude precisar
donde quedaba, era aparentemente una Comisaría
abandonada".
Luego de dos o
tres días "se abre la puerta y nos empiezan a
golpear (...) empiezan a preguntar por gente de Luján
o por sobrenombre de gente, nos recriminan no haber
hablado de eso hasta el momento, que no los habíamos
mencionado, como que ellos se habían enterado de que
nosotros conocíamos gente que no lo habíamos dicho
en los interrogatorios anteriores, entonces nos sacan
con bastante violencia, nos llevan".
Fernández no
lo sabía, pero viajaba hacia Luján, al sitio en el
que podría escapar de sus captores. Este tramo de su
relato merece ser presentado en forma casi textual,
obviando apenas las redundancias, propias de una
declaración judicial:
"Ahí
pierdo contacto con mi hermano, a mí me ponen en el
asiento trasero de un Ford Falcon, con las manos
atadas atrás con un trapo y los ojos vendados,
acostado, y me tapan con una frazada, hacen un
trayecto bastante largo y todo por ruta, se notaba que
era ruta por la velocidad y por el movimiento así de
vehículo. En un momento hacemos una rotonda bastante
particular que es la subida a un puente que yo vinculo
con el puente de Luján, de la entrada de Luján que
es muy especial, porque es una curva muy pronunciada y
en subida. A partir de ahí hacen unos cuatro o cinco
kilómetros, doblan, toman una calle de tierra y paran
en un lugar donde había otros vehículos estacionados
y hablan algo entre los dos que venían adelante, como
que iban a parar a comer algo ahí, de adentro del
lugar se escuchaban voces".
"Siempre
supuse que en ese (otro auto) podían traer a mi
hermano. Bueno, paran en ese lugar... ellos se bajan y
me dejan, se escucha silencio, se escuchan gritos,
como que se divertían digamos, estaban adentro".
"Yo estaba
con las manos atadas atrás con un trapo y los ojos
vendados, en el roce del viaje con la frazada, la
venda se me había ido bajando, y ahí medio se me
bajó del todo. Como yo escuchaba los gritos adentro,
como que estaban digamos entretenidos, me sentí solo,
me animé y empecé a observar, y lo que pude ver es
que había una casa quinta en la cual había una
camioneta de esas que tienen para transporte de
sustancias alimenticias, que tienen la caja así alta
y atrás había un par de autos más. No había nadie,
no veo movimiento afuera de gente, se escuchaban los
gritos adentro y yo, un poco por la desesperación del
trato que nos habían dado y que yo me daba cuenta de
que algo había cambiado, intento escapar. Logré
bajarme del todo la venda, levanté la traba de la
puerta con la boca, abro la puerta y me bajo, pensando
en todo momento que me iban a descubrir, pero
aparentemente no habían dejado ninguna custodia,
entonces salgo hacia el medio del campo, yo no sabía
dónde estaba".
"Había
una cerca chiquita con un alambre y cuando quiero
subir me caigo del otro lado y al no poder usar las
manos me golpeo. Una vez que veo que no sale nadie, me
acerqué al auto de atrás y llamé despacito por si
estaba mi hermano y no contestaba nadie, entonces
salí primero caminando y después empecé a correr
por un descampado, mientras me iba desatando las
manos. Primero había un arroyito con un puentecito,
en un momento había un criadero de pollos y yo seguí
corriendo hasta que me acerqué y alguien tiró un
tiro como de escopeta, supongo que debería ser un
cuidador de ahí".
"A partir
de ahí yo veo movimiento, veo luces como de una ruta,
entonces me encamino hacia ese lugar, siempre cortando
campo, cuando me acerco más ya me ubico porque
distingo ahí una usina que es la que recibe la
electricidad que llega a Luján, que está por la ruta
5. Me encamino hacia ese lugar y siempre temeroso de
que me estuvieran siguiendo, cruzo la ruta y me meto
para Luján por calles de tierra de las afueras".
EL
SOBREVIVIENTE
Ya en la
ciudad, Fernández se dirigió a lo de un conocido,
Víctor Greco, a quien le comentó lo que sucedía y
le pidió ayuda. Él llamó al tío del fugitivo,
quien lo condujo a una casa en Open Door, donde
permaneció algunos días.
En ese
interín, sus captores "visitaron" la casa
de su madre, Alicia Casset, pero la mujer ignoraba el
paradero de su hijo. Algunos meses más tarde, en
enero de 1977, los represores mantuvieron secuestrada
a su tía por un día, presionando a la familia para
que lo entregaran. "No era ninguna garantía que
yo me presentara y entonces no lo hicimos, creo que no
los molestaron más, no volvió a pasar más
nada", explicó Fernández al respecto.
Fernández
viajó luego al pueblo de Alsina, donde trabajó en
unos criaderos de pollos. En diciembre partió hacia
Chivilcoy, donde vivía su novia, la ciudad donde
reside desde entonces.
Nunca más supo
nada acerca de su hermano, que era ceramista y
profesor en la Escuela de Artes. "Los pocos
testimonios que hay son el mío, el de Prince y creo
que alguno más de ahí de ese lugar de
Avellaneda", apuntó.
A la casa
quinta de la que pudo fugar, Fernández volvió años
más tarde: "Siempre supuse que me iban a llamar
para ubicar el lugar, nunca lo hicieron, yo lo hice
por cuenta mía con amigos de Luján, y cuando
queríamos llegar nos encontrábamos con que había un
cartel (...) es una propiedad privada".
"Charlando con gente de Luján, suponen que
podría llegar a ser una quinta que era de un
Comisario de la Policía Bonaerense", agregó.
María Rosa
de Palazzo
María Rosa de
Palazzo, una de las Madres de Plaza de Mayo de Luján,
indicó a EL CIVISMO que "los hechos están
exactos", en referencia a la reseña de la
declaración de Fernández publicada el miércoles por
este medio. Además, sostuvo que "puede haber
funcionado" un CCD en la quinta de la que el
sobreviviente logró escapar. "No me caben dudas,
había miles de CCD, fue muy complejo el accionar de
la represión", puntualizó.
Respecto del
papel del actual intendente en aquella época, Palazzo
manifestó que "Miguel ha sido amigo de los
desaparecidos".
"Yo no lo
tomo políticamente sino como amigo, lo vivió en
carne propia y nos quiere mucho; cuando nadie salía,
Miguel nos acompañaba al Regimiento, a Lomas de
Zamora, a Moreno, a Mercedes, estaba con nosotras
mirando los expedientes", recordó y acotó:
"Si charlás con Ana Aguirre (también de la
Asociación) te va a decir lo mismo".
- ¿Qué
responsabilidades le asigna al gobierno municipal de
esa época?
- No sé, pero
supongo que tienen que haber sabido que estaba
ocurriendo. Desaparecieron diez o doce personas de
Luján y el tema fue ignorado. Nelly de Dorronzoro
estaba amenazada, pidió un resguardo y no recibió
nunca nada. Fue a hablar varias veces con Sallaberry.
Rosa es la
madre de Ricardo Luis Palazzo, que fue secuestrado el
16 de septiembre de 1976, de su domicilio de la
Capital Federal. Ricardo, a quien conocían como
"Palito", tenía 21 años y trabajaba con el
grabador Roberto Páez en su atelier.
Antes de su
detención, la casa familiar de Luján -ubicada en la
planta alta del Correo- fue "allanada" en
cuatro oportunidades. Grupos de hombres
"encapuchados y armados hasta los dientes"
ingresaban de madrugada, en pleno centro de Luján, a
100 metros de la Casa Municipal. "Rompían y
sacaban, a mí me robaron varias cosas", contó
Palazzo y memoró que ella se quedaba en la
habitación, "tratando de preservar a los tres
chiquitos que tenía, que no les hicieran nada".
Después de la desaparición de Ricardo se terminaron
los "allanamientos".
En octubre de
ese año, las Madres peregrinaron a Luján y esa fue
la primera oportunidad en que utilizaron sus
históricos pañuelos blancos. "Dejaron los
pañuelos en el camarín de la Virgen, pero fueron
retirados enseguida", apuntó la veterana
luchadora, que se unió al grupo en 1978.
Siguen los
juicios
Este año
declararán varios lujanenses en el marco de los
Juicios por la Verdad, entre ellos el propio
intendente Prince, uno de los impulsores de que esta
instancia se aplique respecto de los casos de
desapariciones en esta ciudad. Aunque hasta el momento
la Cámara Federal no ha citado a nadie, se han
iniciado no menos de seis causas, entre las que se
incluye la de Carlos Alberto Fernández.
Según informó
a EL CIVISMO la APDH de La Plata, esta investigación
surgió a raíz de una presentación de este
organismo, realizada en abril de 1998. Desde
septiembre de ese año, el Tribunal ha tomado
audiencias orales y públicas todos los miércoles.
La
investigación lleva en la actualidad más de 2.200
expedientes, y han declarado más de 800 testigos. Con
el correr de los años, surgieron causas penales en
las que están imputados responsables del Terrorismo
de Estado perpetrado en la Argentina.
La audiencia en
la que declaró Fernández fue la última de 2003, y
las actividades se reanudarán el 17 de marzo
próximo.
El Juicio por
la Verdad recolectó este año 124 testimonios en 34
jornadas de audiencias. Declararon 28 policías y ex
policías; 53 familiares de desaparecidos; 31 ex
detenidos-desaparecidos; 2 marinos; y 10 testigos por
diferentes motivos.
Los casos más
resonantes fueron el expediente por la investigación
de los desaparecidos de la fábrica SAIAR de Quilmes,
el caso Mercedes Benz -por el que vino a declarar el
ex canciller Carlos Ruckauf- y el centro clandestino
"Comisaría 8°", entre otros.
En agosto se
produjo la comparecencia compulsiva a Tribunales del
sacerdote represor Christian Von Wernich, lo que
derivó en el impulso de la causa penal en su contra
por la que fue encarcelado, acusado de homicidios,
torturas y privaciones ilegales de la libertad.