El pedido del padre de
Axel Blumberg, el joven que fue secuestrado en Martínez y
asesinado en La Reja, tuvo una histórica repercusión en
Luján. El jueves, y en simultáneo con lo que estaba pasando
en las principales ciudades del país, la gente salió a la
calle.
A las 19, un grupo de
vecinos se reunió frente a la Municipalidad para exigir mayor
seguridad y el fin de la ola de secuestros que atemoriza a los
ciudadanos de bien. Otro grupo hacía lo mismo en la puerta de
la Basílica Nacional.
Primero fue un puñado,
luego decenas, más tarde ya eran cientos los lujanenses que
salieron a la calle. La convocatoria fue espontánea y para
una ciudad poco proclive a demostrar sus sentimientos o para
pedir que se respeten y hagan cumplir los derechos elementales
de los habitantes, bien vale calificar la movilización como
inédita. "Un antes y un después", marcó un señor
en la plaza Colón como síntesis de los que estaban viendo
sus ojos.
No hubo referentes ni
líderes visibles. Tampoco banderías políticas de ningún
color o ideología. La gente que participó era, en su
mayoría, mujeres y jóvenes. Muchos llevaron una vela blanca
como símbolo de paz, de esperanza y de respeto frente al
dolor de quienes fueron víctimas de la inseguridad. Otros
acompañaron con el aplauso constante y pidiendo a los gritos
mayor seguridad, justicia y protección. Unos se enteraron al
ver pegadas en las vidrieras unos pequeños volantes y otros
al escuchar algunas de las radios locales que difundieron la
iniciativa.
Al igual que en el
resto del país, acá también se hizo un minuto de silencio.
Y no sólo fue en recuerdo por Axel sino también por aquellos
vecinos de nuestro distrito que murieron en diversos hechos de
sangre nunca debidamente esclarecidos. A modo de ejemplo: el
carnicero Roberto Curci; la familia Zarnic; el kiosquero
Rubén Cajaravilla; el cobrador de Tele Red, Ronsoni; los
caseros del campo de Bossi cerca de Torres; el niño Rodrigo
Fernández; el joven Pablo "Tato" Isola y muchos
más que forman parte de una lista que en los últimos años
se hizo tan larga e interminable como increíble.
EL SENTIR DE LA
MARCHA
Haciendo un círculo
frente al Palacio Municipal, una docente leyó un texto que
había escrito junto con sus alumnos. En sus trazos resumía
el espíritu que tuvo la marcha. "Por la seguridad, por
la libertad, por la paz, defendiendo nuestros derechos a
transitar libremente, protegidos, defendiendo nuestro derecho
a la vida".
"Yo quiero un
mundo mejor, tranquilo, bueno. Un pueblo sin armas sería un
pueblo en paz. Le decimos NO a los delincuentes, NO a la
corrupción, NO a la violencia, NO a la inseguridad",
afirmó la maestra.
Un hombre, al ver a la
gente en la calle y la Municipalidad herméticamente cerrada
dijo: "Yo siempre encuentro esto: poca gente. Veo las
puertas cerradas. Es como que nadie nos protege". Sus
palabras generaron el aplauso espontáneo del resto. Una
señora se quejó por la ausencia del intendente, del
comisario y del cura párroco.
La partida fue
observada con cierta incredulidad por los vecinos que estaban
sentados en los bares céntricos y con la indiferencia de la
gran mayoría de los comerciantes -sólo un par apagó las
luces de sus negocios-, que a esa hora de la tarde preferían
seguir facturando como si nada pasara por sus narices.
En la plaza Belgrano
los aguardaba el otro grupo de vecinos. Allí estaban los
familiares del cabo Ferrari, el policía del barrio La Loma
que fue fríamente ejecutado por una banda de malvivientes
mientras cumplía servicio en General Rodríguez. Sus
allegados exigen que se atrape a toda la banda que participó
del asesinato.
A las 19.16 la marcha
pasó por un local de electrodomésticos en cuyos televisores
se reproducía lo que estaba ocurriendo en la explanada del
Congreso. La imagen de Juan Carlos Blumberg hizo entumecer los
ojos de la gente.
Cuatro minutos después
llegaba a la puerta del Santuario que, como es ya costumbre,
suele mirar para otro lado. Un rato antes se había producido
un pequeño incidente entre los familiares del cabo Ferrari y
un cura que oficiaba misa. Según dijeron personas que
hablaron con EL CIVISMO, el sacerdote se ofuscó al ver entrar
a los vecinos con sus velas encendidas y habría reprobado
esta actitud. La gente quiso retrucar al religioso pero el
audio del templo fue abruptamente silenciado.
UN CURA AL LADO DEL
PUEBLO
Aplausos y más
aplausos de parte de vecinos y el canto del Himno Nacional,
provocaron que un sacerdote saliera a escucharlos. Dijo el
religioso que en la misa de 5 de la tarde y en la de 7 había
pedido, "de un modo especial, por todo lo que está
aconteciendo en el país".
El cura -que prefirió
no dar su nombre- instó a rezar, al tiempo que señaló:
"Acá está la Madre de nuestra patria, Madre que conoce
los detalles de la vida de nuestros hijos desde 1630.
Entonces, conoce la situación delicada en la cual estamos
como país. Creo que podemos rezar por toda nuestra Patria. La
Madre de la Justicia es la Madre de la misericordia, de la
reconciliación y de la paz".
El sacerdote reiteró
un pasaje de la homilía que acababa de decir en misa:
"La situación es sumamente delicada y cuando todo es muy
delicado hay que ser humildes y pedir que haya luz, como estas
velitas, porque muchos quieren apagarlas". También
pidió ayuda a Dios y la Virgen para "no tranzar con el
mal que todos tenemos adentro", para que "podamos
ser una pequeña luz que unida con otra sea el germen de una
sociedad nueva y una patria nueva".
Después de rezar un
par de oraciones algunos ingresaron a la iglesia para orar
delante de la Virgen. Hombres y mujeres hicieron preguntas al
sacerdote que pudieron ser respondidas. Muchos aguardaron
afuera mientras proponían caminar hacia la comisaría.
"LUJAN ESTA
PRESENTE"
A las 20 la gente
volvió a marchar. Caminó nuevamente por San Martín pero en
sentido contrario. El tránsito, que a esa hora era infernal,
se plegó a la convocatoria haciendo sonar sus bocinas. Muchos
comerciantes ahora aplaudían el paso de los vecinos por la
puerta de sus negocios.
Al grito de "se
siente, se siente, Luján está presente", veinte minutos
después volvieron a hacer un semi círculo frente a la
Municipalidad. Ahora, el grito unánime era:
"¡Seguridad!". El edificio de gobierno siempre se
mantuvo tan frío y distante como un témpano vagando por el
polo.
La gente retomó su
caminata. Enfiló por Mariano Moreno y luego por Las Heras
hacia la comisaría. Un chico con un redoblante le puso más
ritmo a la noche mientras más vecinos salían de sus casas
hasta con el perro en brazos para apoyar la iniciativa.
El reclamo en la puerta
de la seccional era uno solo: "Queremos justicia".
Al cabo de unos minutos salió el subcomisario Luis Correale
secundado por las principales autoridades policiales de Luján
Primera.
Correale escuchó los
reclamos y el sentimiento de la gente. Fue el receptor de
duras recriminaciones contra el accionar policial y fuertes
cuestionamientos por algunos episodios ocurridos en zonas
pertenecientes a Luján Segunda de Jáuregui.
Sin embargo y en un
hecho inaudito, el subcomisario -que por estos días hace un
año que está al frente de la fuerza de seguridad-, recibió
un contundente respaldo por parte de muchas personas. Los
vecinos le agradecieron no sólo por haber sido el único que
dio la cara apenas llegó la marcha, sino también porque su
gestión fue calificada como una de las mejores "en toda
la historia de Luján".
A las 21.30, una
treintena de personas seguía dialogando con Correale. El
resto ya había emprendido el camino de regreso a sus hogares
pero con la promesa de volver a salir a la calle en cualquier
momento, y demostrar que Luján dejó de ser esa ciudad
apática y con ritmo de pueblo en la que nunca pasa nada
importante.
Resolución del
Concejo
En una resolución
presentada este jueves, el Concejo Deliberante solicitó a los
poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, tanto de la Nación
como de la Provincia, mayor prevención y que "la
detención" y "el castigo" tengan "la
mayor efectividad y rigurosidad" para desalentar y
neutralizar las acciones delictivas que atentan contra la vida
de las personas.
Será el lunes 12, a
las 18, en la plaza Colón