En el área de
Turismo, tanto en la órbita oficial como en la particular
-aquellos que explotan comercialmente la zona
histórico-basilical- esperaban la apertura del período de
sesiones ordinarias con especial interés. Se suponía, a
partir de ciertos datos de la realidad, que el viernes pasado
el intendente Miguel Prince anunciaría el reflote del mil
veces mencionado y nunca aplicado "Proyecto Turístico
Municipal". Sin embargo, el jefe comunal optó por
adelantar obras "menores", sin hablar de la
ambiciosa propuesta gubernamental.
En relación
con el relegado turismo de Luján, Prince informó algo que se
sabía hace varias semanas: que creó una secretaría de
Turismo, Cultura y Deporte, a cargo del Arq. Raúl Vilieri,
"con un perfil predominantemente técnico". A ello
se le puede agregar la incorporación de la joven licenciada
en Turismo Laura Forastieri, a quien Prince conoció por su
padre, el empresario y dueño de un corralón de materiales,
Julio Forastieri.
Sobre obras
concretas en el sector, se anunció que está en marcha la
prueba piloto de restricción de tránsito en la zona
histórico-basilical y plan vial; que se trabaja para la
apertura de un destacamento policial; la inminente
inauguración de un monumento a Gato y Mancha; la continuidad
asegurada (para fines de febrero de cada año) del Festival
"Encuentro de la Fe y la Historia"; la construcción
de rampas en la calle 9 de Julio y la pintura de un mural en
el Museo Municipal de Bellas Artes, actividad prevista para
julio.
Sin embargo,
la incertidumbre respecto de lo que ocurrirá en la zona
turística en los próximos cuatro años de gobierno queda
intacta. Y son demasiados los temas que esperan soluciones y
acciones urgentes.
A trazo
grueso, se debe mencionar la necesidad de realizar un nuevo
llamado a licitación que regule las concesiones de las
unidades comerciales del Balneario Parque Municipal y la
Terminal de Omnibus.
Los montos de
dinero que la Municipalidad está recibiendo por estos
derechos de explotación son mínimos o directamente nulos.
Esto último ocurre en la Terminal, por la cual se tramita un
juicio que frenó cualquier posibilidad de pago.
La concesión
de la Terminal sigue atada a una licitación pública que data
de 1991 y la más reciente prórroga de explotación fue
aprobada por el Concejo Deliberante el 31 de enero de 2002.
No sólo eso,
también se autorizó una reducción del canon, que ahora
estaría rondando los 3.000 pesos mensuales para el total de
las unidades, y se excluyeron de la prórroga los bienes
correspondientes al restaurante y el salón de la planta alta,
que la Municipalidad ahora tiene en su poder sin destinado
definido de cara al futuro.
Las distintas
unidades que conforman el Balneario Municipal fueron licitadas
1989 y su permiso venció en 1996. Desde entonces, se apeló a
las prórrogas y hasta se contemplaron reducciones en los
cánones por la crisis económica "y una seguidilla de
fines de semana lluviosos".
Desde la
oposición en el Concejo Deliberante, se intentó en
incontable cantidad de oportunidades conseguir datos oficiales
sobre los ingresos percibidos por la Municipalidad desde el 30
de junio de 1997, especificando unidad, ocupante, monto
mensual e individual.
Nunca se
respondió y está claro que este tema es otra deuda pendiente
en las sucesivas gestiones de Miguel Prince. Falta una
política clara que respalde las decisiones en el área.
Lo único
relevante que se hizo en los últimos años con las unidades
del Balneario fue entregar tres, sin licitación ni concurso
de precios, a entidades sin pasado rastreable: la Asociación
Lujanense de Turismo (ALTU), la Asociación Mutual de
Guardavidas Argentinos Asociados (AMGAA) y Abuelos Solidarios.
Ninguno paga y
los jubilados son los únicos que, hasta ahora, con su trabajo
justifican el permiso de uso. Incluso en el sector de los
guardavidas se realizarían actividades comerciales (venta de
productos a los turistas) y sólo se conoció, como avance, la
compra de una moto de agua.
ATADOS DE
MANOS
La tarea para
Vilieri y Forastieri no será sencilla. Hay sectores de la
zona turística que, por razones obvias, siempre fueron
reticentes a los cambios. Y Prince, antes de la última
elección, fue por demás complaciente con estos comerciantes
o "explotadores solidarios".
No se exagera
si se afirma que los flamantes funcionarios del área de
Turismo tienen las manos un tanto atadas para modificar la
realidad y el futuro inmediato. Los santeros de cajas grandes
y chicas lograron permisos de explotación por 25 años y
situaciones similares se dan con los vendedores de otros
productos o servicios que trabajan en torno a la plaza
Belgrano.
Tampoco será
sencillo cambiar la inserción económica que tiene Coprotur,
entidad que explota el estacionamiento de un par de cuadras
alrededor de la plaza y de un sector del Parque Ameghino. En
esa zona, además, se sumó el Sindicato de Empleados
Municipales, que también luchó por una tajada del dinero de
estacionamiento.
Otro permiso
histórico, el más jaqueado por un enfrentamiento con el
presidente de la institución y el gobierno, es el de la
Cooperadora del Hospital, que tiene derecho sobre el
estacionamiento medido en la avenida Nuestra Señora de
Luján.
El corte de
las calles en horario diurno también transita una prueba
piloto y se desconoce cuáles son los planes a futuro. Sólo
se adelantó de cerrar las calles que circundan a la Basílica
de modo permanente, pero el descontento de algunos
comerciantes que se sienten perjudicados crece día a día.
¿Y la Plaza
de las Artes? Hay funcionarios del municipio que ya hablan de
fracaso, pero en las más altas esferas del gobierno se
mantiene latente la idea de instalar, en la calle 9 de Julio
frente al Hotel Hoxon, la feria de artesanos; aunque otros
murmuran acerca de una extraña concesión que habilitaría la
instalación de una confitería.
En municipios
con recursos muy inferiores a los locales, los logros en
materia de turismo son un orgullo puertas afuera. En Luján,
"Capital de la Fe y la Historia", seguimos
esperando.
Vendedores
truchos
A lo descripto
en la nota principal se debe sumar un nuevo dolor de cabeza
emanado desde la zona histórico-basilical: La proliferación
de seudo mayoristas de productos para santerías que realizan
su actividad comercial libremente, sin que existan controles.
Estos sujetos
(serían entre 3 y 4) no son oriundos de esta ciudad. Vienen
de la zona de Moreno y hace un par de años traían un
pequeño bolsito con su mercancía. Hoy sus bolsos son enormes
y sus ventas, que no tributan en ningún lado, perjudican a
los escasos vendedores mayoristas que tienen el
correspondiente permiso. Una deuda más a saldar en materia de
turismo.