A esta altura, seguramente, nadie
desconoce el fenómeno de las urbanizaciones cerradas, pero
tal vez pocos sepan el efecto que éstas tienen sobre la
ciudad y los pobladores que en ella habitan.
Luego de 3 años de trabajo, docentes e
investigadores de la Universidad Nacional de Luján y de la
Université Du Maine indagaron sobre los cambios -tanto
sociales como ambientales- que tiene este tipo de
emprendimientos urbanísticos cuya propagación en áreas
suburbanas y rurales como Pilar o Luján fue notoria en la
década del noventa.
La explicación sobre este fenómeno
acaba de ser publicada por la UNLu bajo el título:
"Estudio sobre el territorio urbano (Etude sur les
nouveaux territoires urbains)" de la serie Avances de
Investigación. En ella se encuentran los resultados que dejó
la labor científica dirigida por el profesor Jean René
Bertrand del Laboratorio de Investigaciones en Geografía
Social de la Université Du Maine y la docente de la UNLu y
co-directora del proyecto Cristina Teresa Carballo.
La idea, al observar lo ocurrido en
Pilar y compararlo con lo que sucede en Luján, sirve de
algún modo para alertar y prevenir a quienes tienen
responsabilidades políticas o con poder de decisión. La
finalidad es evitar que se produzcan algunos de los tantos
inconvenientes que ahora tiene la ciudad vecina, por no haber
actuado a tiempo frente al desembarco masivo en su territorio
de este tipo de emprendimientos.
La profesora Cristina Carballo definió
a Pilar como un distrito "paradigmático" en materia
de countries, chacras de campo o barrios cerrados dentro del
corredor norte. Y en el caso del corredor oeste eligió como
objeto de estudio la situación de Luján, donde llegaron a
existir hace sólo un par de años 41 proyectos para la
radicación de urbanizaciones cerradas.
PARA MUESTRA BASTA UN BOTON
Al amparo del modelo neoliberal la
construcción de countries tuvo su pico más alto, pero con la
crisis desatada en 2002 la expansión se detuvo. De todos
modos, Carballo sostiene que aún "quedaron muchas
preguntas abiertas". Y agrega: "Muchos municipios en
períodos de crisis promovieron este tipo de localizaciones y
eso no está mal, pero el problema es que no se prevé una
articulación con la trama urbana tradicional".
Esa falta de articulación se refleja
en el aspecto social donde, por un lado la publicidad de las
firmas inmobiliarias fomenta una nueva forma de vida (mejor
calidad, mayor seguridad, facilidades de acceso a todos los
servicios, planes de pago, etc.), aunque tiene en cuenta poco
o nada la relación de los nuevos pobladores con los
habitantes tradicionales del lugar.
El especialista francés Oliver Charron
indagó acerca de la percepción que tienen los lujanenses de
los nuevos habitantes. Ese fue el eje central de su tesis que
también formó parte de la investigación.
Para esto encargó la elaboración de
una encuesta, la cual fue realizada en 2002 entre un centenar
de vecinos de distintos grupos sociales. Los datos de la
muestra revelan el conocimiento que tienen los vecinos sobre
las nuevas localizaciones y también el grado de acercamiento
con sus pobladores.
- El 37% jamás entró a una
urbanización cerrada.
- Entre quienes ingresaron, el 33% lo
hizo por trabajo, el 30% para visitar a algún conocido y
apenas el 17% admitió tener amigos en un country o barrio
cerrado.
- Los vecinos que viven en el centro y
tienen un nivel de vida alto o medio conocen este tipo de
barrios, mientras que aquellos que viven en zonas más
alejadas y más empobrecidas pero casualmente más cerca de
los countries, prácticamente no saben nada acerca de lo que
sucede del otro lado del alambre perimetral.
- Mientras la gente del centro que
tiene un nivel de vida alto logra tener amigos en los
countries, los sectores más pobres que pudieron entrar sólo
lo hicieron por trabajo poco calificado.
- El 92% respondió que la principal
ventaja de vivir en una urbanización cerrada es la seguridad
que estas tienen.
- El 52% dijo, en segundo lugar, el
estar en contacto con la naturaleza.
- El 25% manifestó como punto a favor
la posibilidad de hacer deportes y recreación, y el resto
consideró que la accesibilidad que muchos desarrollos tienen
con las autopistas es una razón valedera para ir a vivir a un
country o barrio cerrado.
Entre los inconvenientes que confesaron
tener los encuestados a la hora de evaluar la posibilidad de
mudarse a un barrio cerrado fueron los siguientes:
- El 72% consideró el costo de
mantenimiento que tiene una vivienda en estas localizaciones.
- El 49% dijo que afecta la vida social
y los problemas que presenta el hecho de tener que trasladarse
hasta su lugar de trabajo o estudio.
- El 32% señaló el aislamiento que
suelen tener las urbanizaciones cerradas.
- El 20% mencionó la distancia que hay
entre el lugar de trabajo y su hipotética residencia.
En cuanto a la integración social que
tienen los nuevos pobladores con la comunidad ya establecida,
los resultados de la encuesta arrojaron las siguientes
conclusiones:
- Un 61% piensa que no forman parte de
la vida comunitaria de Luján.
- El 58% expresó que los nuevos
habitantes no participan de la vida social de esta ciudad.
- El 68% cree que los habitantes de los
countries proceden de Buenos Aires y el 8% de Luján, aunque
muchos no respondieron esta pregunta.
Como consecuencia de la encuesta, los
investigadores llegaron a determinar que los lujanenses
conocen este tipo de fenómeno ya que algunos, incluso, han
ingresado aunque sea a trabajar en este tipo de barrio, pero
en todos estos años aún no se logró la integración social.
"Esto confirma que existe la
elección, por parte de los nuevos vecinos, de mantenerse
aislados" pero también que los vecinos de Luján
"no perciben el impacto de las urbanizaciones cerradas en
el territorio", y la causa hay que buscarla en que estas
nuevas localizaciones se ubican en zonas rurales o alejadas
del casco urbano.
UNA CIUDAD DENTRO DE OTRA
Pero por qué razón, después de 10
años, los nuevos vecinos no se integraron a la comunidad.
"Estos emprendimientos tienen una articulación
diferente. Los nuevos habitantes se abastecen en los grandes
centros comerciales que están al costado de las autopistas
-no van al almacén de barrio- y concurren al cine que tienen
los centros de recreación y no al que hay en la ciudad.
Incluso, algunos tienen su propia capilla, escuela y en Pilar
hasta hay universidades privadas en las urbanizaciones. El
efecto es tan grande que son como ciudades dentro de un mismo
territorio", explica la profesora Carballo.
Si se presta atención al efecto que
tuvo en Pilar el auge de los barrios cerrados, la docente
universitaria destacó el cambio que produjo en la estructura
social y la influencia que ejercen los nuevos y poderosos
habitantes. "Hoy tiene más peso desde el punto de vista
urbano, político o en la demanda de mayor seguridad, la gente
que vive en los countries".
A su vez, el cambio se refleja en el
paisaje tradicional. "Si bien la planta histórica de
Pilar es importante, no creció como se esperaba y tampoco no
hubo el efecto multiplicador de empleo ni se generaron nuevas
industrias", explicó la co-directora del proyecto.
En resumen y tal como señala el
trabajo de investigación, "los defensores y promotores
de estas urbanizaciones cerradas han difundido parte de los
resultados de este modelo urbano, y dejaron en el tintero los
graves problemas de deterioro social y ambiental que causaron
en los centros urbanos históricos donde se aplicaron".
TIEMPOS DE CAMBIO
Otro de los aspectos que los
investigadores no dejaron de lado fue la incorporación de
tierra productiva que antes tenía como fin la agricultura o
la ganadería al mercado inmobiliario, cuyo destino son las
urbanizaciones cerradas. Esto plantea como interrogante el
futuro que le espera al sector del campo en ciudades como
Luján, donde el ritmo del crecimiento poblacional está más
cerca del Conurbano que del interior de la provincia y cuya
superficie, dedicada a la producción del suelo, día a día
se va reduciendo.
"Hay un cambio que es la
rentabilidad de las unidades de producción dentro del modelo
agropecuario pampeano: Ya sea por la renta inmediata o por
otras situaciones llevó a que grandes superficies de tierra
fueran incorporadas para las urbanizaciones. En el caso de
Open Door, antes de la llegada de las urbanizaciones era una
cosa y ahora es otra. Tiene un centro comercial, pero quienes
van no se integran a Luján y esto produce segregación en
todo sentido: visual, cultural o social. En cambio, Luján
aún mantiene un mosaico social integrado aunque hoy tenemos
sectores muy pobres que históricamente no los
teníamos", señaló Carballo.
- Según su criterio ¿cuáles son las
diferencias que tienen Pilar y Luján con relación a este
fenómeno?
- Tienen puntos de convergencia y de
divergencia. Lo que caracteriza a Pilar es que en pocos años
llegaron fuertes inversiones no solamente para countries sino
en servicios importantes. Esto hizo que pasara de ser una zona
que estaba al borde de la región metropolitana, a ser hoy un
centro secundario urbano mientras que Luján todavía no
llegó a eso.
- Por lo tanto, estamos a tiempo de
evitar que ocurran los problemas que hoy tiene Pilar. La
pregunta entonces es: ¿Cómo y qué debería hacerse para que
no suceda lo mismo?
- Debería replantarse qué sentido
tienen para la comunidad de Luján las urbanizaciones cerradas
más allá de la oportunidad económica del momento, y
articular la forma para que estas nuevas expresiones urbanas
no sólo sean de residencia secundaria sino también
permanente y que sus vecinos logren integrarse con los
pobladores tradicionales. Hoy Pilar tiene que corregir
muchísimos errores debido a las urbanizaciones cerradas como
son problemas relacionados con la seguridad, la circulación
en calles públicas, con áreas inundables. La idea es
prevenir en un futuro no muy lejano conflictos sociales,
ambientales o económicos.
Si bien en Luján aún se está a
tiempo de evitar algunos de los efectos negativos que ya
experimentó Pilar, la trama social -tal como se presenta-
parece un tema mucho más complejo de resolver y de momento
todo indica no tener vueltas atrás.
Un fenómeno que ocupa el 10% del
partido
Aunque los primeros desarrollos urbanos
cerrados, se establecieron en el partido de Luján a fines de
la década del 70, el "boom" de los años noventa
hizo que muchos especialistas ambientales y geógrafos
empezaran a mirar con otros ojos este particular fenómeno.
En 1998, la investigadora Natalia
Torchia eligió como tema de tesis "Las incidencias de
las nuevas formas de ocupación del espacio urbano-residencial
en el partido de Luján", donde como dato para resaltar
mencionaba por entonces que el 10% de la superficie total del
partido estaba ocupada por emprendimientos urbanísticos
cerrados, todas ellas ocupando las mejores tierras.
Según su estudio, Luján concentra
mayoritariamente barrios cerrados ocupados por familias
compuestas por gente joven y parcelas reducidas de 600 mts2.
de promedio.
Los countries llegaban a ser 9 de los
cuales 6 estaban en funciones con residencias de entre 1.000 a
7.000 mts2. Para el momento del relevamiento había unas 160
familias en forma permanente de nivel social alto y medio-alto
dedicadas a la práctica del polo y el golf.
Por último, contabilizó una decena de
chacras de campo cuyas propiedades tienen un promedio de 2
hectáreas por lote y de las cuales 3 de ellas, para febrero
de 2002, estaban en proyecto o en vías de realización.