Miércoles 30 de Junio de 2004 - Año 89 - Edición 6991 - Edición digital 0261

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Charla de antropólogos forenses en Luján

"Parecía que no se podía saber nada sobre lo sucedido"

El encuentro formó parte del ciclo "La cultura de la memoria", organizado por la Comisión de Derechos Humanos y EL CIVISMO. Miembros de EAAF reseñaron los alcances de su labor y se refirieron a la posibilidad de trabajar junto a familiares de víctimas lujanenses. Señalaron que "una de las cosas que distingue al ser humano es el interés por lo que sucede después de la muerte".

Integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) explicaron el sábado en Luján los alcances de su trabajo, que en 2004 cumplió 20 años. En una charla organizada por la Comisión de Derechos Humanos de esta ciudad y el bisemanario EL CIVISMO, Patricia Bernardi y Carlos Somigliana se refirieron a las distintas etapas de su labor, destinada en la Argentina a identificar los cuerpos de personas desaparecidas durante la última dictadura.

La reunión, que formó parte del ciclo "La cultura de la memoria", se efectuó en el salón de eventos de la Cooperativa Eléctrica (CESPLL). Entre quienes acudieron a la cita se destacó la presencia de muchos familiares y amigos de víctimas lujanenses, quienes siguieron con atención y entereza la disertación de los profesionales, no exenta de aspectos dolorosos para quienes padecieron en carne propia el secuestro de sus seres queridos.

"TRABAJAR EN CONJUNTO"

Abrió el encuentro Eduardo Racedo, de la Comisión de Derechos Humanos, quien reconoció el aporte para la concreción del mismo del intendente Miguel Prince -quien también se hizo presente-, de las Madres de Plaza de Mayo, de la Comisión de Familiares y Amigos de Desaparecidos durante la última dictadura, de la Comisión Municipal Permanente por la Memoria del Pueblo, de la secretaría de Derechos Humanos del Partido Justicialista, de la Comisión de Familia y Derechos Humanos del Concejo Deliberante, de la Casa de la Juventud y de la CESPLL.

Tras las presentaciones de rigor, Bernardi agradeció la posibilidad de hacer conocer su trabajo en Luján y de "ver la posibilidad de trabajar en conjunto con ustedes". Luego reseñó la historia del EAAF y el surgimiento de la antropología forense en nuestro país, "debido a la problemática planteada a fines de 1983".

"Cuando asumió Raúl Alfonsín hubo una apertura a mucha información de los años duros que se habían vivido, y comenzaron a hacerse las exhumaciones de manera poco científica, ya que se sabía que una gran cantidad de personas desaparecidas habían sido inhumadas a lo largo de los cementerios municipales del país, y que otra parte había sido arrojada desde aviones en los ríos y diques", explicó.

"Debido a esta actitud, por la que se utilizaba personal de los cementerios acompañados por médicos del ámbito judicial o policial, hubo poco sentido común en este trabajo y se levantaron muchos cuerpos sin rigor científico, provocando la pérdida de evidencias", indicó.

Enseguida relató que, por iniciativa de las Abuelas de Plaza de Mayo, en 1984 llegó a la Argentina un grupo de científicos norteamericanos, encabezado por el doctor Clyde Snow.

"En ese momento había jueces que tenían detectados lugares donde comenzar a exhumar y se pidió ayuda al Colegio de Graduados de Arqueología, sin obtener una respuesta positiva, y se decidió comenzar el trabajo con estudiantes, que en ese momento éramos nosotros", señaló.

"Cuando se conformó el equipo teníamos un objetivo básico: utilizar las técnicas de la arqueología y de la antropología biológica para recuperar todos los restos óseos y poder llegar a identificar esos huesos para restituírselos a los familiares", recordó.

"ALGO SE PUEDE HACER"

Para Somigliana "lo que hizo Snow fue algo muy importante, que en ese momento no quedaba claro para él y tampoco para nosotros, pero que iba a marcar un rumbo en las investigaciones". "Se impuso la tarea de relevar la cantidad y calidad de personas no identificadas ingresadas en cementerios del Gran Buenos Aires y lo que vio fue que el aumento del número de personas ingresadas se relacionaba con la práctica de desaparición forzada de personas, que se fue incrementando en nuestro país desde fines de 1975 hasta 1978", precisó.

"Cualitativamente, el tipo de personas que ingresaban también era distinto. Históricamente, en toda situación industrial, hay personas que fallecen sin ser identificadas: en general, se trata de personas de sexo masculino, de edad más bien avanzada, que mueren solas a causa del frío o de alguna cirrosis. Ese tipo de NN se modifica cuantitativa y cualitativamente, ya no son sólo hombres, tienen entre 20 y 30 años como promedio, ya no mueren solos sino acompañados. Y, como característica específica, en lugares más bien deshabitados, en horas nocturnas y, la más importante de estas características, es que no mueren por muerte natural sino, por lo general, por heridas de armas de fuego. Eso permite advertir un fenómeno nuevo, que ocurre simultáneamente con la desaparición forzada", reseñó.

"Relacionar una cosa y otra es bastante simple, pero lo que en realidad daba paso a un tipo de investigación iba a ser muy fructífera, fue percibir que el mismo Estado que había montado un aparato de represión clandestina persistía en prácticas burocráticas o documentales que, en aparente paradoja, dejaban registrado parte de lo que ese aparato represor llevaba adelante", comentó y consideró que "ese descubrimiento signó gran parte de la tarea que nosotros realizamos".

"En Argentina, los documentos revelan un gran número de datos, fundamentales a la hora de establecer identidad; quizás lo más importante de la visita de 1984 fue que alguien se puso al frente del problema y dijo 'algo se puede hacer'; quienes tenemos más de 45 años recordamos la sensación de impotencia que nos dominaba", evocó.

De acuerdo al análisis del especialista, "durante mucho tiempo sufrimos los discursos generalizantes con relación a la desaparición, que trataban de ocultar la ignorancia". "Parecía que no se podía saber nada sobre lo sucedido, con relación a darle a cada familiar una respuesta lo más concreta posible, con respecto a cada caso en particular", memoró.

Luego Somigliana reconoció que "en términos absolutos, este proyecto no es viable" ya que "no vamos a tener posibilidades de saber qué es lo que pasó con absolutamente todos y cada uno de ellos". "Pero establecer las posibilidades de conocimiento concreto en varios de esos casos implica de por sí negar la esencia última de la represión clandestina; y cuando hablamos de la esencia última de la represión nos estamos retrotrayendo a momentos de la historia humana que son casi pre humanos, porque una de las cosas que distingue al ser humano es el interés por lo que sucede después de la muerte", reflexionó.

Finalmente, puntualizó que "en la investigación preliminar se trata de armar los datos que puedan quedar en la memoria de una persona, en los libros de un cementerio, o en un documento y en base a esa diversa documentación se establecen hipótesis de identidad que se confirman o no cuando se pasa a la segunda etapa (la recuperación arqueológica) y a la tercera (el trabajo de laboratorio).

"TRABAJO LENTO"

Como cierre de la exposición, Bernardi hizo referencia a las dos últimas etapas mencionadas por su colega. Para ejemplificar, rrefirió su experiencia en el cementerio de Avellaneda, en el que trabajaron 10 años y siguen dedicados en la parte de investigación.

Relató que después de ser nombrados como peritos y de leer los 7 legajos de esa causa, debieron ir al cementerio a ver cómo habían ingresado esos cadáveres, en su mayoría como NN; luego, ver las licencias de inhumación porque estaban enterrados en algún lugar, y más tarde las actas de defunción, datos a los que sumaron la información suministrada por Organizaciones No Gubernamentales, la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CoNaDeP), testimonios de liberados y provenientes de causas judiciales.

Tras determinar el número de las personas enterradas y sus posibles identidades, se dedicaron a la aplicación de las técnicas de la arqueología para la recuperación de los 200 huesos que conforman el esqueleto, sin provocar daños post mortem y a recuperar las "evidencias asociadas" como "elementos personales o proyectiles que nos ayudarían a determinar la causa de la muerte".

Después de esta explicación, Bernardi insistió en la importancia de ser rigurosos en la metodología de trabajo, ya que "si hacemos mal una de las etapas eso va a repercutir en la siguiente".

"La exhumación de una sola persona, en condiciones normales puede llevar entre 4 y 6 horas; en el cementerio de Avellaneda, en el que había 19 fosas comunes, tardamos 10 años en recuperar 355 esqueletos", puntualizó y agregó que "es un trabajo lento, al que hay que hacer bien".

"En 1983, las personas pasaban de un cementerio a otro buscando a sus familiares y ese es un dolor muy grande, que nosotros tenemos en cuenta; como equipo, si el familiar no quiere la restitución de los restos, para nosotros la carpeta se cierra y ya está", expresó y acotó que "el que sí los quiere recuperar, tiene la posibilidad de participar con nosotros en todos los momentos del trabajo".

"HACER EL DUELO"

Aludiendo a la tercera etapa del procedimiento, Bernardi indicó que "la mayoría de los esqueletos presentan traumatismo de cráneo debido a disparos de arma de fuego, entonces, para poder hacer el estudio se tiene que reconstruir, o ensamblar, para poder determinar cuál fue la entrada y cuál la salida del proyectil si esto resulta posible". "Una vez reconstruido el esqueleto puedo determinar el sexo, el rango de edad, la estatura, la lateralidad (si era diestro o no); y si es mujer, si ha dado a luz por parto natural", detalló y acotó que "también resultan de suma importancia los rasgos odontológicos".

"Hace 10 años surgió la técnica del ADN que es revolucionaria, importantísima, pero no es tan fácil; sí se aplica en muchos laboratorios la extracción de ADN en sangre, pero para el ADN en hueso o pulpa dentaria los métodos son más sofisticados, más caros y en algunos laboratorios no saben utilizar la técnica", aclaró

Finalmente, Bernardi destacó que "una vez que el cuerpo es identificado, el primero en saberlo es el familiar, después le damos la pericia al juez y luego viene aquello que se le negó por muchos años, que es el reconocimiento social".

"Hemos visto que cuando nosotros restituimos el cuerpo parece que la persona murió ayer, como que la familia vivió en una mentira constante y ahora se enfrenta a una realidad que es muy dura, pero que es mucho más sana, eso permite hacer el duelo y poder enterrarlo de acuerdo a los ritos de su religión, es parte de esa historia que tratamos de reconstruir", concluyó.

 

La importancia de los archivos

"Cada uno refleja una parte"

Concluida su exposición, los miembros del EAAF dedicaron algunos minutos a contestar preguntas del público. En este tramo de la charla, Somigliana subrayó la importancia de los archivos de la represión, aunque reconoció que apenas han podido cotejar una mínima parte de los mismos. "Hay muchísimos archivos, ninguno de los cuales tiene toda la verdad, pero cada uno refleja una parte", comentó y lamentó que "accedimos a un porcentaje ínfimo, menos del 10 por ciento".

"No podemos hacer que la investigación dependa de los archivos porque no podemos estar esperando, uno tiene que estar haciendo cosas permanentemente", explicó y dijo que "uno tiene que tener una buena dosis de imaginación, pero también una buena dosis de rigor porque es muy fácil montar hipótesis sobre hipótesis y llegar a un punto en el que está tan alejado de la realidad que el resultado del razonamiento no tiene ninguna utilidad". "Parece un juego y esto no es un juego", consideró.

- ¿Han podido determinar si ha existido algún tipo de planificación para "ordenar" los entierros de las víctimas de acuerdo a su lugar de origen?- consultó un periodista de EL CIVISMO.

- No, no pasó eso. En general, la información útil para saber adónde llevaron a una persona es saber de dónde la fueron a buscar. Es decir, en cuál de los centros clandestinos surgió información que permitiera la detención de una persona. No interesa adónde la detienen, sino desde dónde la vienen a buscar.

El lugar al que la pueden haber llevado es muy importante, porque los distintos centros clandestinos utilizaban distintas formas de ejecución extra judicial. El asesino cumplía con la ejecución extra judicial y se desentendía de lo que pasaba con el cuerpo, del que se hacía cargo el Estado burocrático.

 

Un video sobre el EAAF

"El último confín"

El martes 22 se estrenó en la ciudad de Buenos Aires, con la presencia del jefe de gobierno Aníbal Ibarra, "El último confín", un video-documental sobre los trabajos de exhumación hechos por el EAAF durante el año 2003 en las fosas comunes del Cementerio de San Vicente, en Córdoba. El video, dirigido por Pablo Ratto, narra la historia de la exhumación de las tumbas, y muestra a quienes trabajan para identificar a las personas que fueron enterradas allí, además de relatar la búsqueda de cuatro familiares que lograron recuperar los restos de sus seres queridos tras 27 años de espera".

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