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Charla
de antropólogos forenses en Luján
"Parecía
que no se podía saber nada sobre lo sucedido"
El
encuentro formó parte del ciclo "La cultura de la
memoria", organizado por la Comisión de Derechos Humanos
y EL CIVISMO. Miembros
de EAAF reseñaron los alcances de su labor y se refirieron a
la posibilidad de trabajar junto a familiares de víctimas
lujanenses. Señalaron
que "una de las cosas que distingue al ser humano es el
interés por lo que sucede después de la muerte".
Integrantes
del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF)
explicaron el sábado en Luján los alcances de su trabajo,
que en 2004 cumplió 20 años. En una charla organizada por la
Comisión de Derechos Humanos de esta ciudad y el bisemanario
EL CIVISMO, Patricia Bernardi y Carlos Somigliana se
refirieron a las distintas etapas de su labor, destinada en la
Argentina a identificar los cuerpos de personas desaparecidas
durante la última dictadura.
La reunión, que
formó parte del ciclo "La cultura de la memoria",
se efectuó en el salón de eventos de la Cooperativa
Eléctrica (CESPLL). Entre quienes acudieron a la cita se
destacó la presencia de muchos familiares y amigos de
víctimas lujanenses, quienes siguieron con atención y
entereza la disertación de los profesionales, no exenta de
aspectos dolorosos para quienes padecieron en carne propia el
secuestro de sus seres queridos.
"TRABAJAR EN
CONJUNTO"
Abrió el encuentro
Eduardo Racedo, de la Comisión de Derechos Humanos, quien
reconoció el aporte para la concreción del mismo del
intendente Miguel Prince -quien también se hizo presente-, de
las Madres de Plaza de Mayo, de la Comisión de Familiares y
Amigos de Desaparecidos durante la última dictadura, de la
Comisión Municipal Permanente por la Memoria del Pueblo, de
la secretaría de Derechos Humanos del Partido Justicialista,
de la Comisión de Familia y Derechos Humanos del Concejo
Deliberante, de la Casa de la Juventud y de la CESPLL.
Tras las
presentaciones de rigor, Bernardi agradeció la posibilidad de
hacer conocer su trabajo en Luján y de "ver la
posibilidad de trabajar en conjunto con ustedes". Luego
reseñó la historia del EAAF y el surgimiento de la
antropología forense en nuestro país, "debido a la
problemática planteada a fines de 1983".
"Cuando asumió
Raúl Alfonsín hubo una apertura a mucha información de los
años duros que se habían vivido, y comenzaron a hacerse las
exhumaciones de manera poco científica, ya que se sabía que
una gran cantidad de personas desaparecidas habían sido
inhumadas a lo largo de los cementerios municipales del país,
y que otra parte había sido arrojada desde aviones en los
ríos y diques", explicó.
"Debido a esta
actitud, por la que se utilizaba personal de los cementerios
acompañados por médicos del ámbito judicial o policial,
hubo poco sentido común en este trabajo y se levantaron
muchos cuerpos sin rigor científico, provocando la pérdida
de evidencias", indicó.
Enseguida relató que,
por iniciativa de las Abuelas de Plaza de Mayo, en 1984 llegó
a la Argentina un grupo de científicos norteamericanos,
encabezado por el doctor Clyde Snow.
"En ese momento
había jueces que tenían detectados lugares donde comenzar a
exhumar y se pidió ayuda al Colegio de Graduados de
Arqueología, sin obtener una respuesta positiva, y se
decidió comenzar el trabajo con estudiantes, que en ese
momento éramos nosotros", señaló.
"Cuando se
conformó el equipo teníamos un objetivo básico: utilizar
las técnicas de la arqueología y de la antropología
biológica para recuperar todos los restos óseos y poder
llegar a identificar esos huesos para restituírselos a los
familiares", recordó.
"ALGO SE PUEDE
HACER"
Para Somigliana
"lo que hizo Snow fue algo muy importante, que en ese
momento no quedaba claro para él y tampoco para nosotros,
pero que iba a marcar un rumbo en las investigaciones".
"Se impuso la tarea de relevar la cantidad y calidad de
personas no identificadas ingresadas en cementerios del Gran
Buenos Aires y lo que vio fue que el aumento del número de
personas ingresadas se relacionaba con la práctica de
desaparición forzada de personas, que se fue incrementando en
nuestro país desde fines de 1975 hasta 1978", precisó.
"Cualitativamente,
el tipo de personas que ingresaban también era distinto.
Históricamente, en toda situación industrial, hay personas
que fallecen sin ser identificadas: en general, se trata de
personas de sexo masculino, de edad más bien avanzada, que
mueren solas a causa del frío o de alguna cirrosis. Ese tipo
de NN se modifica cuantitativa y cualitativamente, ya no son
sólo hombres, tienen entre 20 y 30 años como promedio, ya no
mueren solos sino acompañados. Y, como característica
específica, en lugares más bien deshabitados, en horas
nocturnas y, la más importante de estas características, es
que no mueren por muerte natural sino, por lo general, por
heridas de armas de fuego. Eso permite advertir un fenómeno
nuevo, que ocurre simultáneamente con la desaparición
forzada", reseñó.
"Relacionar una
cosa y otra es bastante simple, pero lo que en realidad daba
paso a un tipo de investigación iba a ser muy fructífera,
fue percibir que el mismo Estado que había montado un aparato
de represión clandestina persistía en prácticas
burocráticas o documentales que, en aparente paradoja,
dejaban registrado parte de lo que ese aparato represor
llevaba adelante", comentó y consideró que "ese
descubrimiento signó gran parte de la tarea que nosotros
realizamos".
"En Argentina,
los documentos revelan un gran número de datos, fundamentales
a la hora de establecer identidad; quizás lo más importante
de la visita de 1984 fue que alguien se puso al frente del
problema y dijo 'algo se puede hacer'; quienes tenemos más de
45 años recordamos la sensación de impotencia que nos
dominaba", evocó.
De acuerdo al
análisis del especialista, "durante mucho tiempo
sufrimos los discursos generalizantes con relación a la
desaparición, que trataban de ocultar la ignorancia".
"Parecía que no se podía saber nada sobre lo sucedido,
con relación a darle a cada familiar una respuesta lo más
concreta posible, con respecto a cada caso en
particular", memoró.
Luego Somigliana
reconoció que "en términos absolutos, este proyecto no
es viable" ya que "no vamos a tener posibilidades de
saber qué es lo que pasó con absolutamente todos y cada uno
de ellos". "Pero establecer las posibilidades de
conocimiento concreto en varios de esos casos implica de por
sí negar la esencia última de la represión clandestina; y
cuando hablamos de la esencia última de la represión nos
estamos retrotrayendo a momentos de la historia humana que son
casi pre humanos, porque una de las cosas que distingue al ser
humano es el interés por lo que sucede después de la
muerte", reflexionó.
Finalmente,
puntualizó que "en la investigación preliminar se trata
de armar los datos que puedan quedar en la memoria de una
persona, en los libros de un cementerio, o en un documento y
en base a esa diversa documentación se establecen hipótesis
de identidad que se confirman o no cuando se pasa a la segunda
etapa (la recuperación arqueológica) y a la tercera (el
trabajo de laboratorio).
"TRABAJO
LENTO"
Como cierre de la
exposición, Bernardi hizo referencia a las dos últimas
etapas mencionadas por su colega. Para ejemplificar, rrefirió
su experiencia en el cementerio de Avellaneda, en el que
trabajaron 10 años y siguen dedicados en la parte de
investigación.
Relató que después
de ser nombrados como peritos y de leer los 7 legajos de esa
causa, debieron ir al cementerio a ver cómo habían ingresado
esos cadáveres, en su mayoría como NN; luego, ver las
licencias de inhumación porque estaban enterrados en algún
lugar, y más tarde las actas de defunción, datos a los que
sumaron la información suministrada por Organizaciones No
Gubernamentales, la Comisión Nacional sobre Desaparición de
Personas (CoNaDeP), testimonios de liberados y provenientes de
causas judiciales.
Tras determinar el
número de las personas enterradas y sus posibles identidades,
se dedicaron a la aplicación de las técnicas de la
arqueología para la recuperación de los 200 huesos que
conforman el esqueleto, sin provocar daños post mortem y a
recuperar las "evidencias asociadas" como
"elementos personales o proyectiles que nos ayudarían a
determinar la causa de la muerte".
Después de esta
explicación, Bernardi insistió en la importancia de ser
rigurosos en la metodología de trabajo, ya que "si
hacemos mal una de las etapas eso va a repercutir en la
siguiente".
"La exhumación
de una sola persona, en condiciones normales puede llevar
entre 4 y 6 horas; en el cementerio de Avellaneda, en el que
había 19 fosas comunes, tardamos 10 años en recuperar 355
esqueletos", puntualizó y agregó que "es un
trabajo lento, al que hay que hacer bien".
"En 1983, las
personas pasaban de un cementerio a otro buscando a sus
familiares y ese es un dolor muy grande, que nosotros tenemos
en cuenta; como equipo, si el familiar no quiere la
restitución de los restos, para nosotros la carpeta se cierra
y ya está", expresó y acotó que "el que sí los
quiere recuperar, tiene la posibilidad de participar con
nosotros en todos los momentos del trabajo".
"HACER EL
DUELO"
Aludiendo a la tercera
etapa del procedimiento, Bernardi indicó que "la
mayoría de los esqueletos presentan traumatismo de cráneo
debido a disparos de arma de fuego, entonces, para poder hacer
el estudio se tiene que reconstruir, o ensamblar, para poder
determinar cuál fue la entrada y cuál la salida del
proyectil si esto resulta posible". "Una vez
reconstruido el esqueleto puedo determinar el sexo, el rango
de edad, la estatura, la lateralidad (si era diestro o no); y
si es mujer, si ha dado a luz por parto natural",
detalló y acotó que "también resultan de suma
importancia los rasgos odontológicos".
"Hace 10 años
surgió la técnica del ADN que es revolucionaria,
importantísima, pero no es tan fácil; sí se aplica en
muchos laboratorios la extracción de ADN en sangre, pero para
el ADN en hueso o pulpa dentaria los métodos son más
sofisticados, más caros y en algunos laboratorios no saben
utilizar la técnica", aclaró
Finalmente, Bernardi
destacó que "una vez que el cuerpo es identificado, el
primero en saberlo es el familiar, después le damos la
pericia al juez y luego viene aquello que se le negó por
muchos años, que es el reconocimiento social".
"Hemos visto que
cuando nosotros restituimos el cuerpo parece que la persona
murió ayer, como que la familia vivió en una mentira
constante y ahora se enfrenta a una realidad que es muy dura,
pero que es mucho más sana, eso permite hacer el duelo y
poder enterrarlo de acuerdo a los ritos de su religión, es
parte de esa historia que tratamos de reconstruir",
concluyó.
La importancia de
los archivos
"Cada
uno refleja una parte"
Concluida su
exposición, los miembros del EAAF dedicaron algunos minutos a
contestar preguntas del público. En este tramo de la charla,
Somigliana subrayó la importancia de los archivos de la
represión, aunque reconoció que apenas han podido cotejar
una mínima parte de los mismos. "Hay muchísimos
archivos, ninguno de los cuales tiene toda la verdad, pero
cada uno refleja una parte", comentó y lamentó que
"accedimos a un porcentaje ínfimo, menos del 10 por
ciento".
"No podemos hacer
que la investigación dependa de los archivos porque no
podemos estar esperando, uno tiene que estar haciendo cosas
permanentemente", explicó y dijo que "uno tiene que
tener una buena dosis de imaginación, pero también una buena
dosis de rigor porque es muy fácil montar hipótesis sobre
hipótesis y llegar a un punto en el que está tan alejado de
la realidad que el resultado del razonamiento no tiene ninguna
utilidad". "Parece un juego y esto no es un
juego", consideró.
- ¿Han podido
determinar si ha existido algún tipo de planificación para
"ordenar" los entierros de las víctimas de acuerdo
a su lugar de origen?- consultó un periodista de EL CIVISMO.
- No, no pasó eso. En
general, la información útil para saber adónde llevaron a
una persona es saber de dónde la fueron a buscar. Es decir,
en cuál de los centros clandestinos surgió información que
permitiera la detención de una persona. No interesa adónde
la detienen, sino desde dónde la vienen a buscar.
El lugar al que la
pueden haber llevado es muy importante, porque los distintos
centros clandestinos utilizaban distintas formas de ejecución
extra judicial. El asesino cumplía con la ejecución extra
judicial y se desentendía de lo que pasaba con el cuerpo, del
que se hacía cargo el Estado burocrático.
Un video sobre el
EAAF
"El
último confín"
El martes 22 se
estrenó en la ciudad de Buenos Aires, con la presencia del
jefe de gobierno Aníbal Ibarra, "El último
confín", un video-documental sobre los trabajos de
exhumación hechos por el EAAF durante el año 2003 en las
fosas comunes del Cementerio de San Vicente, en Córdoba. El
video, dirigido por Pablo Ratto, narra la historia de la
exhumación de las tumbas, y muestra a quienes trabajan para
identificar a las personas que fueron enterradas allí,
además de relatar la búsqueda de cuatro familiares que
lograron recuperar los restos de sus seres queridos tras 27
años de espera".
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