Sábado 7 de Agosto de 2004 - Año 89 - Edición 7001 - Edición digital 0301

Portada
Editorial
Clasificados
Archivo
Historia
Links
Suplementos              Sociales
Servicios
Farmacias de turno
Teléfonos útiles
Horarios de trenes
Cartas de lectores

 

 

Con la caída de "El Lola" Álvarez llegó a su fin la banda de Los Lucero

Se cerró un capítulo en la delincuencia local

La detención de Juan Manuel "El Lola" Álvarez habría marcado el final de un capítulo en la historia policial de esta ciudad. Fue parte de la banda de Los Lucero y autor de numerosos hechos delictivos. Al menos dos veces se tiroteó con efectivos de Luján Primera hasta ser atrapado de la manera menos esperada.

Dicen que toda la vida se dedicó a lo mismo, a delinquir. Y ese curioso "oficio" lo llevó a la práctica de las más diversas formas. Autos, casas, transeúntes, le daba lo mismo. Si tenía que pegarle a un gil lo hacía sin pudor o si había que gatillar contra un rati no le temblaba el pulso.

A los 23 años, y haciéndose pasar como Fabián Medina, un par de vigis lo mandaron al frente ante un fiscal. Fue la semana pasada en los Tribunales de Mercedes. Se acababa la suerte de Juan Manuel Álvarez, alias "El Lola", temido hampón que solía moverse en los suburbios de Luján y que supo ser una pieza clave en la desarticulada banda de Los Lucero.

Los investigadores que estaban detrás de sus pasos no le conocen familia. Saben que desde que era un niño anduvo con "malas juntas". Empezó, como muchos, robando alguna nimiedad y a medida que pasaban los años iba escalando en la categoría de hechos, hasta llegar a tener sobre sus espaldas una tentativa de homicidio por haber baleado a un policía cuando se metió a la casa para robar.

Hace unos años lo sacaron del río semiahogado. Se había tirado desde el puente Mitre luego de asaltar una florería, pero en su arriesgada maniobra tuvo tiempo de deshacerse del arma como para que la Justicia se apiadara un poco de él. Sin embargo, luego de un breve rastrillaje el "fierro" pudo ser encontrado y la carátula no se movió de "robo calificado".

A pesar de su edad era un "viejo carcelero". Cuando salía de prisión volvía a parar en el barrio San Jorge. Allí estaba el aguantadero de los hermanos Lucero. También tuvo un breve paso por el barrio Ameghino y, últimamente, estaba parando con nombre falso en el barrio Fonavi del partido de General Rodríguez.

"El Lola" sabía muy bien las ventajas que implicaba moverse con otra identidad. Por eso se hacía llamar -al menos así se hizo pasar cuando lo detuvieron por resistencia a la autoridad hace dos semanas- Fabián Medina, nombre éste no elegido al azar. Por el contrario, se trata de otro malandra de interesante prontuario que "pateaba la calle" junto con Los Lucero y hoy también está en la "gayola", luego de caer detenido en el último "mega operativo" policial.

FUEGO CONTRA FUEGO

Fuentes policiales cuentan que "El Lola" interceptó a un joven que circulaba en moto por el barrio San Francisco y a fuerza de golpes le sustrajo el rodado no sin antes desfigurarle el rostro a trompadas. Con esa moto, una tarde se cruzó al móvil policial en el barrio San Jorge. Iba acompañado por un menor y en una mala maniobra los dos fueron a parar a una zanja. El menor resultó aprehendido pero "El Lola" sacó su arma y empezó a gatillar antes de huir por los descampados que hay en la zona.

Una mañana de domingo fue sorprendido otra vez por la policía. Fiel a su instinto, "El Lola" respondió con balas pero sin llegar a dar en el blanco, aunque se cree que un par de plomos terminaron en su cuerpo. No obstante, logró zafar nuevamente al internarse en las profundidades del periférico barrio que conoce como la palma de sus manos.

En ese tiempo -no hace mucho- ya había fuertes sospechas que era autor del robo de varios autos y se tenía la certeza de que había asaltado a un remisero de "El Cielo" y desguazado el vehículo a plena luz del día. También se lo acusaba de haber atracado y herir de un disparo en una pierna a un viajante, cuando éste se detuvo al costado de Gaona por un desperfecto mecánico en el palier de su Peugeot 605. A su vez, estaba en la mira de los pesquisas cuando varios malvivientes asaltaron al casero que cuida el predio del Sindicato de Trabajadores Municipales.

Para entonces, su captura era una de las prioridades que tenían en Luján Primera. Una vez detenidos los hermanos Lucero y un malandra llamado Carlos Alberto Benítez, de 22 años, que formaba parte de la peligrosa gavilla y había participado el 15 de febrero en el asalto a la familia del policía Esquivel, sólo restaba dar con Álvarez. Recién ahí se cerraría un capítulo más de la historia policial vernácula.

Y el final llegó aunque más no sea por un hecho fortuito, pero llegó. Esta vez la suerte no estuvo del lado de Álvarez y los viejos vigis que lo reconocieron respiraron aliviados. "El Lola" se fue de la Alcaidía jurando venganza a los cuatro vientos para quienes los acababan de delatar. Llevaba las manos esposadas y el pelo algo teñido de rubio.

Con su porte amenazante, enfiló en dirección a un camión celular que lo depositaría minutos después en la cárcel. Allí deberá pasar un buen tiempo tal vez tratando de recapacitar, aunque se estima que no sería tarea sencilla que pueda lograr.

>>> arriba

>>> principal