Miércoles 18 de Agosto de 2004 - Año 89 - Edición 7004 - Edición digital 0304

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Problemas en el barrio Sarmiento

El calvario de una vecina con un quiosco

Cansada de soportar todo tipo de agresiones, una mujer denunció a los propietarios de un "maxi kiosco" ubicado en Félix de Amador y Ogando. Ante la policía, dijo que allí se venden bebidas alcohólicas a altas horas de la noche, hay menores bebiendo que orinan la pared de su casa y luego juegan al fútbol frente a su domicilio. Fue atacada por la dueña del comercio y el caso ya llegó a la Municipalidad y a la AFIP, pero hasta ahora no hicieron nada.

Desde que el quiosco se instaló en el barrio, la vida de Irina Romero no fue la misma. Así lo aseguró esta vecina a EL CIVISMO quien, cansada de no encontrar respuesta a su reclamo tanto en la Policía como en la Municipalidad y ante la AFIP, optó por dirigirse a este medio para dar a conocer su problema.

En la esquina de Félix de Amador y Ogando, pleno barrio Sarmiento, existe desde hace unos años un negocio. Comenzó siendo un pequeño quiosco donde vendían cigarrillos y golosinas, pero hoy también explota otros rubros como pizzería, perfumería, librería, verdulería, fiambrería, almacén y cuyos carteles promocionando las ofertas del día "ocupan toda la vereda", dijo Romero. Y agregó que en la acera "tienen como un bar con mesas, sillas y sombrillas" donde "se llena todo de vagos, toman cerveza, hay menores, molestan y tiran cascotes en el techo de mi casa".

Pero esto no parece ser el problema principal. Esta vecina también denunció a una mujer, encargada del comercio, por haberla agredido la semana pasada. Concretamente ocurrió el jueves poco antes de la medianoche cuando una persona, de apellido Martinelli, agarró del cuello a Romero y la insultó de arriba a abajo no si antes pegarle con la escoba.

En una exposición civil que va camino a convertirse en una demanda legal, Irina Romero acusó a la dueña del maxi quiosco por haberla atacado verbal y físicamente (aunque no le produjo lesiones). Dice la denunciante que esa fue la reacción que tuvo la agresora como respuesta al pedido que, por enésima vez, un grupo de menores deje de jugar al fútbol y golpear con la pelota en la puerta de su casa. "Me agarró con el palo del escobillón. Tuve que llamar a la policía. Si bien se hizo presente, me dijeron que haga la denuncia. En cambio, hablaron con ella pero se retiraron", contó Romero.

UNA ODISEA DIARIA

Además de recurrir en esa oportunidad a la fuerza del orden, la vecina -de 32 años- llevó su caso a la Municipalidad y hasta se dirigió a la AFIP porque, según afirmó, en el polirrubro no emiten tickets ni facturas a los clientes.

De acuerdo a su relato, los problemas con el ahora "Maxi Kiosco Vero" son de larga data, aunque la vecina damnificada aseguró no ser la única persona en el barrio que tiene inconvenientes con los propietarios del negocio. Sin embargo, la agresión del jueves que sufrió Romero esta vez no quedó en un simple altercado que terminaba -como siempre- de la puerta para adentro, sino que derivó en una exposición civil donde quedó asentado el calvario por el que transita cotidianamente esta mujer.

Cansada de no ser escuchada por las autoridades de turno, Romero recordó que una vez al polirrubro "lo cerraron por una semana y (sus propietarios) se mandaron a mudar. Después aparecieron y lo abrieron, como Pancho por su casa. Nadie hizo nada, esto es un desastre. Así no se puede vivir", expresó indignada.

Este hecho también fue notificado en su momento por Romero a la policía, pero los problemas no terminaron allí sino que, por el contrario, recrudecieron con el paso del tiempo. Hoy, Romero dice que los parroquianos toman cerveza y lo hacen "a cualquier horario", orinan en la pared de su casa o sin ir más lejos recordó que hace unos días una de las personas que se encontraba plácidamente bebiendo, era un delincuente al que la policía se lo llevó detenido.

En la exposición civil dejó asentado que en el lugar se reúnen "varias personas a consumir bebidas alcohólicas, causan desmanes en el vecindario", "asisten menores de edad a quienes también le venden alcohol" o que "dicho comercio trabaja hasta altas horas de la noche sin respetar a los vecinos".

El caso ya está en manos de Inspección General y al cierre de esta edición Romero aguardaba que fuera clausurado de manera definitiva, aunque admitió no tener plena confianza de que efectivamente eso ocurra, dado que el matrimonio responsable del comercio tendría influencias con personas allegadas a la Municipalidad.

"Cuando fui a la Municipalidad anotaron los datos en un cuadernito, mandaron los inspectores pero no pasó nada. Cuando fue la policía guardaron las mesas unos minutos. Luego cuando se fue el patrullero, volvieron a poner las mesas en la calle y se pusieron a jugar a la pelota en la puerta de mi casa. Eso fue el jueves a las 23.15, pero los fines de semana están hasta las 2 o 3 de la madrugada", manifestó la vecina.

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