Desde que el quiosco
se instaló en el barrio, la vida de Irina Romero no fue la
misma. Así lo aseguró esta vecina a EL CIVISMO quien,
cansada de no encontrar respuesta a su reclamo tanto en la
Policía como en la Municipalidad y ante la AFIP, optó por
dirigirse a este medio para dar a conocer su problema.
En la esquina de
Félix de Amador y Ogando, pleno barrio Sarmiento, existe
desde hace unos años un negocio. Comenzó siendo un pequeño
quiosco donde vendían cigarrillos y golosinas, pero hoy
también explota otros rubros como pizzería, perfumería,
librería, verdulería, fiambrería, almacén y cuyos carteles
promocionando las ofertas del día "ocupan toda la
vereda", dijo Romero. Y agregó que en la acera
"tienen como un bar con mesas, sillas y sombrillas"
donde "se llena todo de vagos, toman cerveza, hay
menores, molestan y tiran cascotes en el techo de mi
casa".
Pero esto no parece
ser el problema principal. Esta vecina también denunció a
una mujer, encargada del comercio, por haberla agredido la
semana pasada. Concretamente ocurrió el jueves poco antes de
la medianoche cuando una persona, de apellido Martinelli,
agarró del cuello a Romero y la insultó de arriba a abajo no
si antes pegarle con la escoba.
En una exposición
civil que va camino a convertirse en una demanda legal, Irina
Romero acusó a la dueña del maxi quiosco por haberla atacado
verbal y físicamente (aunque no le produjo lesiones). Dice la
denunciante que esa fue la reacción que tuvo la agresora como
respuesta al pedido que, por enésima vez, un grupo de menores
deje de jugar al fútbol y golpear con la pelota en la puerta
de su casa. "Me agarró con el palo del escobillón. Tuve
que llamar a la policía. Si bien se hizo presente, me dijeron
que haga la denuncia. En cambio, hablaron con ella pero se
retiraron", contó Romero.
UNA ODISEA DIARIA
Además de recurrir en
esa oportunidad a la fuerza del orden, la vecina -de 32 años-
llevó su caso a la Municipalidad y hasta se dirigió a la
AFIP porque, según afirmó, en el polirrubro no emiten
tickets ni facturas a los clientes.
De acuerdo a su
relato, los problemas con el ahora "Maxi Kiosco
Vero" son de larga data, aunque la vecina damnificada
aseguró no ser la única persona en el barrio que tiene
inconvenientes con los propietarios del negocio. Sin embargo,
la agresión del jueves que sufrió Romero esta vez no quedó
en un simple altercado que terminaba -como siempre- de la
puerta para adentro, sino que derivó en una exposición civil
donde quedó asentado el calvario por el que transita
cotidianamente esta mujer.
Cansada de no ser
escuchada por las autoridades de turno, Romero recordó que
una vez al polirrubro "lo cerraron por una semana y (sus
propietarios) se mandaron a mudar. Después aparecieron y lo
abrieron, como Pancho por su casa. Nadie hizo nada, esto es un
desastre. Así no se puede vivir", expresó indignada.
Este hecho también
fue notificado en su momento por Romero a la policía, pero
los problemas no terminaron allí sino que, por el contrario,
recrudecieron con el paso del tiempo. Hoy, Romero dice que los
parroquianos toman cerveza y lo hacen "a cualquier
horario", orinan en la pared de su casa o sin ir más
lejos recordó que hace unos días una de las personas que se
encontraba plácidamente bebiendo, era un delincuente al que
la policía se lo llevó detenido.
En la exposición
civil dejó asentado que en el lugar se reúnen "varias
personas a consumir bebidas alcohólicas, causan desmanes en
el vecindario", "asisten menores de edad a quienes
también le venden alcohol" o que "dicho comercio
trabaja hasta altas horas de la noche sin respetar a los
vecinos".
El caso ya está en
manos de Inspección General y al cierre de esta edición
Romero aguardaba que fuera clausurado de manera definitiva,
aunque admitió no tener plena confianza de que efectivamente
eso ocurra, dado que el matrimonio responsable del comercio
tendría influencias con personas allegadas a la
Municipalidad.
"Cuando fui a la
Municipalidad anotaron los datos en un cuadernito, mandaron
los inspectores pero no pasó nada. Cuando fue la policía
guardaron las mesas unos minutos. Luego cuando se fue el
patrullero, volvieron a poner las mesas en la calle y se
pusieron a jugar a la pelota en la puerta de mi casa. Eso fue
el jueves a las 23.15, pero los fines de semana están hasta
las 2 o 3 de la madrugada", manifestó la vecina.