Narrar las condiciones
en las que vive un grupo de familias carenciadas, en una
lejana manzana del barrio Villa del Parque, es prácticamente
imposible. Hay que verlo. Hay que vivirlo. Hay que sufrirlo.
Sin agua, sin luz, sin gas, con piso de tierra, tapados por el
barro, sin trabajo, con los chicos enfermos por la
incomprensión del clima, con el único calor de un brasero a
leña húmeda, con la panza a medio llenar con comida de
comedor.
Hay que verlo. Y,
sobre todo, tienen que verlo aquellos que cobran un sueldo que
le pagamos todos y tienen los recursos económicos y humanos
al alcance de su mano para cambiar esa realidad.
Sólo bastan diez
minutos en auto desde el centro para enfrentarse con un Luján
que el gobierno debe desconocer, porque de lo contrario
actuaría con urgencia. Lo que se narra a continuación son un
puñado de breves historias que laten en medio de una manzana
del barrio Villa del Parque, en ese terreno bajo comprendido
entre las calles Darwin, Pasteur, Misiones y Corrientes, que
se ocupó hace meses y que ahora habita una decena de familias
carenciadas.
JORGE
Hace tres meses que
Jorge Oscar Velarde vive en esa manzana. Lo acompañan su
señora y dos chicos. Jorge trabaja en una huerta "pero
en estos tiempos no hay mucho para hacer". En el interior
de su rancho de chapas oxidadas se alumbran con velas "o
cuando hay plata cargo una batería. Agua tenemos cuando pasa
el aguatero y nos llena unos tanques o los bidones. Como
podrás ver, no es potable". Y se podía ver, porque
sobre uno de los tanques de agua amarronada se aprestaban a
volar cientos de mosquitos.
"Nos hace falta
de todo", dijo Jorge, un vecino que no participa en el
MTC, pero se ofreció a donar verdura para el comedor de ese
movimiento piquetero.
VÍCTOR
Él es cartonero. Vive
con su mujer y dos nietitos en una casilla de tres metros por
tres. La hizo con pedazos de madera que encontró en la calle.
Uno de sus hijos, de 2 años, padece desnutrición de grado
dos. Hace dos años que se vinieron de Moreno y durante
algunos meses vivieron "de prestado" en la casa de
un familiar que hoy ya no puede albergarlos. Reclama, ni más
ni menos, una vivienda digna.
JOSEFA
Vive con seis chicos
en un rancho de chapa que armó con la solidaridad de jóvenes
y vecinos. Las chapas son viejas, por eso no hay rincón de la
casucha que no se llueva. No tienen agua potable. La poca que
consiguen se las da un regador que pasa "cada
tanto". Mientras charlaba con este medio, avivó el fuego
de un brasero de lata al que acercó a uno de sus hijos, el
que tenía conjuntivitis contagiosa. Otros dos sufrían
fiebre, vómitos y tos. La totalidad de sus chicos tiene asma,
pero si se ve donde viven, se comprenderá que no es
casualidad. Lo único seco en el ranchito de Josefa son los
bolsillos. "De cobijas estoy bien. Son viejas pero
todavía tapan, las desgraciadas", bromeó.
DIEGO
La
"vivienda" en la que subsiste Diego y seis personas
más ni siquiera tiene cerrados todos sus lados. "No
tenemos puerta porque no nos alcanzaron las chapas. Pusimos
una alfombra. El techo es muy precario porque no tenemos
clavos, y las chapas están todas agujereadas. Tampoco tenemos
camas y los acolchados están todos mojados porque el agua nos
entra por los costados. Además el piso está muy
húmedo". Una de las testigos silenciosas de esa pobreza
extrema es Michel, una bebita de 3 meses que ni siquiera tiene
cuna.
Eran las cinco de la
tarde cuando este medio recorrió el lugar. Los chicos ya
estaban comiendo un guiso chirlo hecho a leña verde (la
cena), aprovechando la luz del día "porque el paquete de
velas no nos dura nada. Ojalá nos pusieran una luz",
soñó Diego. A unos metros, seis bidones vacíos -tirados en
el barro- esperaban que el aguatero se dignara a pasar.
MARIO
El caso de Mario
Ballervo es similar a los anteriores. Tiene un rancho de chapa
que comparte con otra persona. No tiene trabajo y vive de
changas. Además de chapas y postes, Mario pide trabajo. Y
para demostrar lo precario de su condición, dijo varias veces
que no tenía problemas en que "televisáramos" su
casita. No hacía falta. Todo, o mejor dicho casi nada, estaba
a la vista.
URGENCIAS
Son 10 familias en 7
casillas las que están instaladas en la manzana ubicada entre
las calles Misiones, Pasteur, Darwin y Corrientes. Otras 11,
según dijo Homero Maturana, del MTC Luján "Aníbal
Verón", "ni siquiera se pueden armar un ranchito de
chapa y por ahora están hacinadas en otras casas de parientes
y amigos que le dan lugar".
"Es gente de
Luján a la que se le fue agrandando la familia, que no puede
pagar un alquiler y no tiene trabajo", explicó el
dirigente piquetero.
- ¿Son todos de
Luján?
- Sí, sólo hay dos
familias que son de Moreno o sus documentos dicen que son de
Moreno, pero están en Luján desde hace dos años.
Igualmente, todos tienen derecho a vivir donde quieran.
Con semejante
situación de precariedad, los pedidos abundan. Los jóvenes
del MTC Luján los ordenaron y los canalizaron. El miércoles
fueron hasta el Palacio Municipal y presentaron sus peticiones
al secretario del jefe comunal.
"Principalmente,
lo que pedimos son materiales para construir casas para unas
17 familias. Precisamos materiales para la construcción
porque la mano de obra la tenemos, la ponemos entre todos. Se
necesitan chapas, postes y trabajo genuino para todos",
resumió Maturana.
El joven explicó que
hicieron un pedido formal a la Municipalidad "porque si
bien tenemos la promesa de poder poner en práctica el plan de
viviendas que implementa Nación, piden cosas que todavía son
imposibles, como es el caso de las escrituras de la tierra. Se
están haciendo las presentaciones legales pero aún no se
consiguió. Igualmente, la promesa más feliz habla de los
planes de acá a seis meses. Ahora necesitamos un plan
provisorio de vivienda. Pedimos 40 chapas nuevas por familia
para techos y paredes, y unos 20 postes por casa de 3 metros y
medio".
La lista con
solicitudes concretas también contempla una perforación de
agua en el centro del predio, "porque la gente está
tomando agua que no es potable", y la colocación de dos
tanques comunales "como para que cada familia pueda
retirar agua o, en el futuro, puedan armar una centralización
de agua corriente".
La nómina de pedidos
se completa con herramientas manuales "para que podamos
seguir limpiando los lotes, alambrando, rellenando partes
bajas o, el que quiera, armar un gallinero o una huerta".
Este último pedido sorprendería al ministro Aníbal
Fernández: piqueteros pidiéndole palas al gobierno.
"QUE DEVUELVAN
UN POCO"
El miércoles, por
escrito, el pedido vecinal fue presentado al secretario del
intendente Miguel Prince. Esta gente tiene la suerte de que
alguien patalee por sus derechos.
"Le planteamos
cuáles eran los problemas y veremos cuál será la respuesta,
pero en primera instancia dijo que cree que no hay recursos,
pero verán. Y aclaró que el intendente no nos podía atender
ahora porque tenía una agenda muy apurada. En ese sentido, le
aclaramos que nosotros también estamos apurados, sobre todo
por el asunto de los chicos que están pasando frío y viven
mojados. Sí o sí necesitamos una audiencia", enfatizó
Maturana.
El integrante del MTC
consideró que "acá hay varios Luján o, seguro, dos
Luján. Uno cruza la ruta y tiene el centro. Y parece que hay
gente que quiere negar cuál es la realidad de los barrios.
Luján no tiene una política de vivienda seria. Por eso bajan
los planes de Nación y no los pueden recepcionar ya. No hay
una política de tierras y recién ahora están tratando de
formar un fondo de tierras".
"Frente a eso
-agregó- sabemos que nuestros planteos les resultarán
difíciles, pero nuestra experiencia de lucha nos dice que la
organización puede llegar a servir. Nosotros no estamos
pidiendo que nos ayuden, sino que nos devuelvan un poco de lo
que nos quitan todos los días al despreocuparse por el
trabajo, la gente y la vivienda".
"Es paradójico
que un país que dice trabajar por la producción y la
vivienda no nos apoye cuando justamente fomentamos eso. Por
eso dudamos que se apunte a esos objetivos", acotó
Fabricio Lombardo, otro de los jóvenes del MTC.
Maturana afirmó:
"Este reclamo es por derechos humanos, no por banderas
políticas. Por eso acá hay gente que no está en el
movimiento y otros que sí porque entienden que pueden crecer
en muchos aspectos. Cada uno tiene sus tiempos".
- ¿Pudieron hablar
sobre este tema de las viviendas directamente con el
intendente para saber qué opina?
- Sí, pero el tema
con Prince es muy claro. Al principio hubo un ataque rotundo a
nuestras propuestas y hubo una difamación a través de
algunos medios que responden directamente al oficialismo. Y
también se abrieron dos causas a compañeros que siguen su
proceso, y en una de las cuales soy parte. Nosotros
movilizamos y demostramos que tenemos un trabajo de base real;
que no somos partido político ni nadie se va a postular para
nada. Eso generó cierta presión que permitió un diálogo.
En esa charla se dieron compromisos y plazos, algunos de ellos
interesantes. Pero en el tema viviendas, hoy los plazos son
irreales porque no dan una respuesta inmediata. Queremos un
diálogo fluido y una programación de acuerdo con las
necesidades concretas. Si al intendente le preocupa que
ningún chico de su municipio se muera de frío o de
pulmonía, tiene que sentarse a charlar, ver cómo pasan las
cosas y ofrecer un plan de vivienda serio. Nosotros tenemos
muchísimo para ofrecer.
- ¿Alguna vez el
intendente o la responsable de Desarrollo Humano vinieron a
ver cómo está viviendo esta gente?
- Jamás, jamás. El
único contacto del intendente con esta realidad fue cuando
fuimos hasta su casa, porque nos hizo ir hasta allá,
caminando más de dos horas con mujeres y chicos. Ni siquiera
se dignó a atendernos en el municipio. ¿Qué avances se
consiguieron con estas tierras? Nada. Unos papeles, el
comienzo de una supuesta demanda y haber logrado que la
policía no nos saque a palos.
Además de cortar
calles
A contramano de las
irritantes expresiones del ministro Fernández, en Luján se
puede afirmar que los piqueteros "agarraron la
pala". El MTC Luján "Aníbal Verón" trabaja
en tres barrios: Villa del Parque, Ameghino y Santa Marta. En
distintas actividades productivas o culturales involucra -de
modo directo o indirecto- a unas 50 familias.
Están en marcha,
dando sus frutos, criaderos de conejos, gallineros
comunitarios, huertas, dos merenderos, un comedor, una
cooperativa de productos de limpieza (con cuatro familias), un
taller de costura con cuatro mujeres que empezaron a vender
toallones y frazadas, una panadería en construcción (para
ocupar a diez familias), un programa de alfabetización de
adultos y un constante trabajo de contención con los chicos.
"El trabajo del
movimiento sigue creciendo permanentemente. Si hay algo que
nos traba es el desinterés total de las autoridades para
disponer de los recursos necesarios", reflexionan sus
dirigentes.