"Por favor,
llévenme rápido para que no me vean los vecinos". Sin
tiempo para despedirse de la gente que la rodeaba, Graciela
Sarube se fue llevada por policías con destino a la cárcel.
La ex tesorera del Centro de Empleados de Comercio (CEC),
ahora está acusada de planificar un homicidio. Pero no lo
hizo sola, sino acompañada de Jorge Julio Jordán, su marido
y director del Canal "TV Luján", quien también fue
llevado a un calabozo acusado del mismo delito.
Muy temprano, en la
mañana del jueves, el fiscal Horacio Chiminelli de la UFI Nº
4 de Mercedes llegó a esta ciudad con dos órdenes: allanar
la única casa de dos plantas que existe en la calle Zapiola
al 3400 del barrio Lanusse, y proceder a la aprehensión de
los dos imputados de haber planificado la muerte del joven
Sergio Gauna. El actual tesorero del sindicato resultó
gravemente herido el 8 de septiembre, cuando una persona le
disparó a quemarropa en la puerta de su casa.
Por el crimen, el
matrimonio habría contratado a sicarios de Mercedes a los que
-según el fiscal de la causa- le habrían pagado entre 30 y
50 mil pesos. Los encargados de dar muerte a Gauna son dos
"pesados" delincuentes que tienen frondosos
prontuarios, aunque no cuentan con antecedentes de haber
matado a alguien a cambio de dinero.
Horas antes del
procedimiento en Luján, uno de ellos había sido detenido en
Mercedes. El otro estaba en prisión desde hacía dos semanas,
cuando lo encontraron manejando un auto robado. Los cuatro
quedaron involucrados, desde el jueves, en la causa
"Tentativa de homicidio agravado por precio o promesa
remuneratoria".
EL HOMICIDIO QUE NO
PUDO SER
El autor del disparo
que hirió al joven Gauna se llama Carlos Castellano, tiene 47
años y numerosas entradas a la cárcel. Fue quien baleó al
tesorero, y al huir de la escena del crimen no se dio cuenta
que lo había seguido de cerca un vecino de la víctima, quien
terminó convirtiéndose en un testigo clave de la historia.
El "killer"
escapó caminando por Deán Funes hacia Mitre, sin saber que
una persona en bicicleta le seguía los pasos. Allí lo
esperaba un Peugeot 504 con el motor en marcha y otro sujeto
al volante. Se trataba de Jorge Alberto Berigozzi, de 44
años, y sindicado ahora como partícipe necesario en el
hecho.
Para el fiscal y la
División de Prevención del Delito hay evidencias
"contundentes" que prueban la instigación del
crimen que no pudo ser. Por ese motivo, solicitaron al Juzgado
de Garantía que dicte la prisión preventiva de los cuatro
detenidos y eleve la causa a juicio.
Desde que Gauna había
sido baleado en un extraño "intento de robo", la
mano venía densa. Una alta fuente policial que en todo
momento guardó celoso secreto de su trabajo, resumía el
cuadro de situación con una sola frase: "La pelota viene
lisa, pesada y caliente".
Pero no menos pesada
venía la mano antes del ataque a Gauna. Para saber el origen
del frustrado homicidio hay que retrotraerse en el tiempo.
Puntualmente hasta 2001, y ahondar en el corazón del CEC.
Ese año se renovaron
algunos cargos dentro de la comisión directiva del sindicato,
entre los que se encontraba la estratégica Tesorería ocupada
por Graciela Sarube. "Esa fue la génesis de esta
investigación", dijo el fiscal.
Para esa época ya era
evidente la "mala imagen" que tenía Sarube dentro
del gremio, mientras que las sospechas de malversación de
fondos amenazaban con transformarse en un escándalo público.
Sin embargo, pasó el tiempo y la mujer siguió aferrada a su
silla. La salida del cargo no fue una tarea sencilla para
Gauna, cuyo nombramiento había comenzado a incomodar a la
mujer.
UNA OLLA A PRESIÓN
Luego de sortear
innumerables contratiempos y de peregrinar de un lado a otro
reclamando lo que había obtenido en forma legítima, Gauna
finalmente pudo comenzar a desempeñarse como tesorero. No
tardó en descubrir lo obvio: las cuentas del sindicato no
estaban en orden.
Dicen que llegó a
escribirle una carta al presidente de la Nación en la que
denunciaba lo que estaba pasando en el CEC. Como era de
esperar, enseguida llegaron los problemas. A medida que Gauna
indagaba el manejo de fondos de la gestión Sarube, su vida
empezó a correr peligro. "Había manejos defraudatorios,
enriquecimiento de parte de su antecesora", afirmó el
fiscal Chiminelli.
Despojada del control
del dinero que ingresaba mensualmente al sindicato, la
tesorera empezó a desesperarse, pero habría tenido tiempo
para planificar la muerte de su sucesor. Primero se lo
anticipó a personas de su confianza, pero esos macabros
pensamientos rápidamente llegaron a oídos de la futura
víctima. Fue un amigo de Gauna quien le anunció lo que se
estaba tramando a sus espaldas.
En abril de este año,
y a los pocos días de asumir la Tesorería del CEC, el temor
de Gauna se materializó por medio de una denuncia radicada en
la Comisaría Luján Primera.
DINERO Y PODER
Sin llegar a saber el
momento exacto en que ocurriría su muerte, dio tres nombres y
algunos detalles del siniestro plan que se estaba engendrando
en su lugar de trabajo. Uno de esos nombres fue el de Graciela
Sarube (mencionó a un sujeto que cuenta con antecedentes por
robo calificado y su mujer). También tenía el dato de que
los asesinos iban a ser personas de otra ciudad, contratadas
por el propio Jordán.
Tal vez Sarube nunca
creyó que alguien le arrebataría el control del dinero con
el cual habría incrementado su patrimonio de manera
desproporcionada con relación al sueldo que percibía. O
quizás pensó que la cubría un manto de impunidad, tanto a
ella como a su marido, quien desde su puesto como director del
canal de televisión local supuso que había conseguido
contactos en el ambiente político y policial, suficientes
como para salir indemnes ante esta situación.
Dicen quienes hablaron
con EL CIVISMO que Sarube solía hacer alarde de estos
presuntos beneficios y privilegios, creyéndose un ser
intocable por la Justicia. Lo cierto es que su rostro
imperturbable, con el mentón erguido y la mirada desafiante,
esta semana, pasó a formar parte del álbum de delincuentes
que tiene la Policía. En la misma hoja, aparece la foto de
"Capicúa" Jordán. Se lo ve algo desorbitado, con
las manos esposadas a la espalda y rodeado de barrotes en una
celda húmeda.
SOBRAN PRUEBAS
En las 140 fojas que
tiene la causa, abundan las evidencias de todo tipo que
relacionan a los presuntos autores intelectuales del hecho con
los sicarios.
Hay fotos, testimonios
por escritos, declaraciones orales volcadas al papel y
grabaciones que comprueban la existencia de la "conexión
Mercedes-Luján", tal como la calificó el fiscal. En el
expediente de tapa color crema, Chiminelli tiene elementos de
sobra que muestran a Jordán con los delincuentes mercedinos.
Se puede observar, por
ejemplo, la camioneta Mercedes Benz de "TV Luján",
modelo Sprinter, estacionada en la casa de Barigozzi o detrás
del VW Gol de Castellano, el día que Jordán se habría
encontrado en un bar para acordar el monto, la forma de pago y
ultimar todos los detalles del crimen.
"Hay testimonios
que dicen haber visto varias veces a Jordán comiendo con
Castellano en un bar de Mercedes y en la casa de Barigozzi.
Posteriormente, obtuve testimonios de identidad reservada de
dos testigos que escucharon decir (a los sicarios) que el
hecho debía ser contra un gerente de una empresa muy conocida
y que le habían pagado 30 mil pesos. Resulta que, en un
momento dado, aparece Jordán sin que estos testigos supieran
quién es, pero lo identifican por las características
físicas. Se trataba de la persona que iba a pagarle a
Barigozzi para que cometiera el homicidio", indicó el
fiscal a este medio.
Además de los
detenidos, en el allanamiento se secuestró una camioneta
marca Honda de cuyo modelo hay solo tres en todo el país, la
Mercedes Benz Sprinter, usada como unidad móvil de "TV
Luján", un Peugeot 206 color azul, una moto de gran
cilindrada y "enseres que, en principio, no guardan
relación con los ingresos que tenía Sarube en el sindicato,
pero eso será materia de investigación de la Justicia
Federal que deberá abocarse al delito defraudatorio en el
sindicato", señaló el titular de la UFI Nº 4.
De esta manera podría
cerrarse una vieja historia comentada por buena parte de la
sociedad lujanense. Esa que dice que todo lo que tiene -o
tenía- Jordán se lo debe a su mujer quien, al parecer,
hacía lo que quería con la plata del sindicato.
Antes de que los dos
detenidos fueran trasladados a los Tribunales de Mercedes, el
fiscal Chiminelli comentó a la prensa: "Fue un trabajo
brillante" y destacó la colaboración que tuvo para
llevar adelante la investigación de parte del comisario Luis
Correale y la sub comisario Nora Cavallero.
La trastienda de
una muerte no consumada
Cerca de las 19 del
miércoles 8 de septiembre, Sergio Gauna llegó a su casa de
Deán Funes 1007. Una hora después casi pierde la vida cuando
un sicario a sueldo le apuntó a la cabeza pero le dio en el
tórax, provocándole heridas de gravedad, aunque la bala no
afectó órganos vitales.
Gauna había salido de
la casa a cambiar un neumático de su Ford Escort que había
estacionado frente a su domicilio. En ese mismo momento
apareció Castellano con el objetivo de silenciarlo para
siempre.
El "killer"
insultó a Gauna y, arma en mano, lo persiguió algunos metros
hasta poder descerrajarle un tiro que, por suerte, no resultó
mortal. En un primer momento, la Policía, y sobre todo el
fiscal, trataron de encuadrar el hecho en un "intento de
robo", aunque los comentarios que ganaban la calle no
apuntaban precisamente en esa dirección.
Mientras tanto,
Chiminelli ordenó un peritaje en la rueda averiada del
Escort, pudiendo determinar que el neumático había sido
dañado a propósito. Para entonces, ya tenía varios
testimonios de importancia: estaba identificado el auto y las
características del sicario, además de la denuncia que Gauna
había dejado asentada en abril. Por lo tanto, no sólo el
acto criminal había fallado sino que todo el plan empezaba a
desmoronarse.
A los pocos días, la
Policía dio con el Peugeot 504 -patente BPI 409-. Era el auto
de Barigozzi, quien 10 días antes había intentado conseguir
otro vehículo con la intención de incendiarlo luego del
crimen y borrar toda huella que pudiera comprometerlo con el
hecho.
Una cosa lleva a la
otra y, en este caso, la detención de Castellano -ya
producida- condujo a los investigadores a Barigozzi y éste, a
su vez, al matrimonio Sarube-Jordán. Es más, los pesquisas
cuentan con el testimonio de una persona que escuchó a
Jordán cuando le recriminó a uno de los sicarios por no
haber matado a Gauna.
"Va a ser muy
difícil que un abogado pueda dar vuelta las pruebas",
aseguró el comisario Miguel Angel Valerga, responsable de la
División Prevención del Delito que participó de la
investigación.
DELINCUENTES DE
CARRERA
Tanto Castellano como
Barigozzi son viejos conocidos para la Policía. Considerados
como dos "delincuentes de carrera" que se dedican a
robar autos o ganado y hasta suelen resistirse a la autoridad
del orden en caso de ser necesario. "Los dos tienen entre
10 y 12 años de prisión", comentó uno de los
investigadores.
Acostumbrado a pasar
buena parte de su vida tras las rejas, Barigozzi salió de
prisión a fines de 2002 y fue atrapado este jueves a las 5 de
la madrugada, en su domicilio de Avenida 2 Nº 503 esquina 21
de Mercedes, aunque también solía residir en la localidad de
Tomás Jofré.
El 16 de septiembre, a
las 0.30, había caído Castellano, por andar con un auto
robado y con documentación trucha. Al tener antecedentes -en
abril de este año había recuperado la libertad-, volvió a
quedar preso, pero esta vez por "encubrimiento
agravado".
Lo que no sabía
Barigozzi, y menos el matrimonio Sarube-Jordán, era que la
detención de Castellano sería la antesala de nuevas
detenciones. "Pensaban que no iba a pasar nada y se
durmieron", relató una fuente que actuó en la causa.
Los próximos en caer
iban a ser las últimas piezas del rompecabezas. Se estima que
nadie saldría en libertad, por lo menos, en los próximos 3
años, fecha en la que podría realizarse el juicio oral y
público. A pesar de no haberse consumado el crimen, los
imputados podrían recibir condenas de 10 a 20 años de
prisión de cumplimiento efectivo.
Dossier: Jorge
Jordán
Rara mezcla -en lo
físico- entre Leonardo Astrada y Guillermo Coppola, a Jorge
Jordán se lo conoce por su carrera en los medios y por su
devoción por las motos. De sobrenombre "Capicúa",
muchos creen que el apodo se debe a las letras iniciales de su
nombre (Jorge Julio Jordán JJJ, aunque no podría serlo en
este caso), pero viejos colectiveros que lo recuerdan por su
paso como chofer de la línea 57, aseguran que el mote surgió
cuando trabajaba para Transportes Atlántida.
Supo ser dueño de un
tugurio llamado "El Surtidor" y algunos presumen que
en las largas noches entre pool y cervezas, entabló buenas
relaciones con personajes marginales relacionados con la
prostitución y el hampa.
Pero el oficio que lo
hizo conocido fue el de camarógrafo en la televisión local.
Comenzó en el desaparecido Teleimagen, a fines de los 80,
cuando por entonces solía andar en un viejo Peugeot 404 color
blanco y franjeado azul y rojo que llevaba el calco del
"Club de Autos Especiales".
En la televisión de
cable hizo una vertiginosa carrera que nadie, hasta ahora,
pudo igualar. A mediados de los años 90 se sumó a la empresa
Tele Red y el 9 de julio de este año inauguró como director
"TV Luján", una productora donde los opositores
casi no tenían espacio, gracias a sus aceitados contactos
alcanzados en la Municipalidad desde donde, se dice, fluirían
fuertes sumas de dinero que ayudarían a costear la empresa.
Cultor del
"perfil alto" y amante de las motos potentes, le
gustaba ostentar su parque motor, incluso hasta llegó a salir
hace un par de meses en el programa "El Garage", con
una de sus joyas mecánicas más preciadas.
En los últimos días
se lo veía en la Municipalidad más seguido que de costumbre,
tal vez buscando una ayuda que nunca llegó. Dicen que
mientras el agua le llegaba al cuello lo único que obtuvo en
San Martín 550 fue un "salvavidas de plomo".
Varias de las personas
que estuvieron trabajando hasta último momento se fueron de
la pantalla, justamente días antes de que cayera tras las
rejas. Quizás, sabían lo que se le venía a Jordán. De este
dato también estaba al tanto la Policía mucho antes de que
este jueves procediera a detenerlo.
La última imagen de
Jordán fue tomada por los medios de prensa justo cuando era
trasladado a Mercedes. El canoso hombre de bronceado eterno
que siempre estuvo detrás de la noticia, se había convertido
en el protagonista de la misma. Pero esta vez no pudo estar
con su cámara cubriendo este acontecimiento, uno de los más
resonantes en lo que va del año.