Oscar
Alcídes Mena, "El Gallego" para los lujanenses o
"El Mencho" para todos los demás, dejaría el
fútbol en el mes de diciembre. Con 33 años de edad su retiro
estaría dado por cuestiones de índole personal a raíz de
los problemas de salud que atraviesa su hija.
Es sin dudas, junto a Lucas Martín
Castromán, uno de los lujanenses que más lejos llegó. Oscar
Alcídes Mena, El Gallego del barrio Lanusse, ese que empezó
a correr detrás de la redonda con la camiseta de Luján en
los primeros años de la década del ochenta, está hoy a un
paso del retiro.
Según lo publicado por el diario
Marca de España, el jugador, que en el mes de agosto pasó
por momentos difíciles debido a cuestiones de salud de su
hija, se encuentra preocupado por su futuro y podría
abandonar la actividad. Mena también manifestó a ese diario
que nada tiene que ver en su decisión la resolución del
técnico de Las Palmas, David Amaral, de no incluirlo en el
equipo sino a su situación personal.
"Es un pensamiento que tenía
desde antes", expresó Mena, para luego agregar "que
después de ser convocado en muchos partidos y, ahora no, es
normal que se me pase por la cabeza el retiro". Además,
aseguró que "hasta diciembre llegaré, pero a partir de
entonces debo plantearme muchas cosas sobre mi futuro, ya que
mis sensaciones son que no estoy bien y que no puedo aportar
cosas".
El Gallego admitió que si no puede
serle útil a su equipo, lo mejor es dar un paso al costado y
no sacarle la plata a la gente de Las Palmas que en todo
momento lo han tratado muy bien. También aseveró que su
decisión es personal y no deportiva, debido a que tiene la
cabeza puesta en otra cosa.
Mena vive con su familia en Madrid y
luego de pasar un día de descanso junto a ellos, manifestó
que le fue difícil embarcarse en el avión rumbo a las Islas
Canarias: "Tengo una edad en la que puedo decir no juego
más y me dedico a mi familia".
PEQUEÑO MENA ILUSTRADO
Oscar Alcídes Mena nació el 30 de
noviembre de 1970 (faltan días para que cumpla los 34 años)
en Luján, aunque en la actualidad tiene la doble nacionalidad
argentina-española. Para todos los lujanenses es conocido por
el apodo de Gallego, pero cuando llegó a Platense en el año
1994, su compañero Pablo Erbín lo bautizó como "El
Mencho" nombre que comenzó a trascender a raíz de la
prensa nacional. Comenzó jugando en las inferiores de Luján,
dirigidas por Luis María Nicosia, mezclando sus
entrenamientos con el estudio ya que cursaba los últimos
años del secundario en la Escuela Industrial. Defendiendo los
colores de Luján fue uno de los baluartes que le valieron el
ascenso al equipo dirigido por ese entonces por Ricardo
Enrique Della Vecchia. Ya en la Primera "B"
Metropolitana, Mena fue ídolo y figura de un Luján que por
dos años consecutivos logró evitar el descenso gracias a un
Petit Torneo denominado Permanencia. Nunca olvidarán los
hinchas ese partido en cancha de El Porvenir frente a
Argentino de Quilmes, cuando Mena en tiempo adicional al
reglamentario logró quebrar la paridad y darle a Luján el
triunfo y la estadía en la Categoría que luego se
cristalizó con el empate frente a Comunicaciones en el mismo
escenario. Sus goles de tiro libre desde cualquier lugar de la
cancha, algunos de penal y esos remates desde fuera del área,
aún perduran en las retinas de los lujanenses y retumban en
sus gargantas. Algunos soñaron y sueñan con la vuelta de
Mena a Luján y de hecho la presencia del jugador en el Campo
Municipal de Deportes cada vez que venía de vacaciones a la
Argentina dejaba abierta una pequeña luz de esperanza:
"soy hincha de Luján" manifestó en más de una
oportunidad y nadie puede llegar a dudarlo. Incluso, antes de
llegar a un acuerdo con Olimpo de Bahía Blanca, en la
temporada pasada, habría manifestado entre sus allegados más
íntimos la desazón de no haber sido convocado por Luján
para jugar en ese equipo mientras conseguía club. Una
lástima, parece ser que por los dichos de Mena, la última
vez que se lo pudo ver jugando en el Municipal fue en un
amistoso en el año 1997 en el cual él, generosamente,
aceptó jugar.
Defendiendo los colores de La Banda,
fue observado por la gente de Defensores de Cambaceres que
desembolsó 15.000 dólares por la totalidad de su pase; junto
a MENA, también pasaba a Ensenada José Guillermo "El
Torta" Nieva. Mena jugó en gran nivel y entonces fue
Ricardo Rezza (técnico de Platense) el que se fijó en él y
recaló en Vicente López. Tres años (1994, 1995 y 1996) de
notables actuaciones sirvieron para que dos grandes de la
Argentina (San Lorenzo y Racing) se fijaran en el volante,
pero cuando todo estaba acordado con la entidad Azulgrana a
último momento los directivos Cuervos dieron un paso atrás y
Mena se quedó con las manos vacías. Pasó entonces a Lanús
(temporadas 96/97) en donde consiguió con este club el primer
logro internacional: la Copa Conmebol en donde con ocho tantos
fue el goleador del certamen. También se dio el gusto de
marcar a uno de sus máximos ídolos, Diego Armando Maradona.
De la mano de Héctor Cúper llegó a España y al Mallorca,
cumpliendo un notable desempeño que le abrió las puertas del
Atlético de Madrid de Jesús Gil y Gil. En ese equipo jugaban
otros argentinos como "Lechuga" Roa, "El
Cholo" Simeone y "El Gabi" Amato. Mena había
llegado a la cúspide e incluso se rumoreó por un interés
del técnico Clemente para ofrecerle un puesto en la
Selección Española en el plantel que participó en Francia
`98, aunque Oscar prefirió esperar un llamado de Passarella
que nunca llegó. En el 2001, se desvinculó del Colchonero y
pasó al Racing de Santander, donde en una temporada sin
grandes luces fue al Toledo, para luego llegar a préstamo a
Olimpo de Bahía Blanca, equipo donde jugó como marcador
central, en reemplazo del lesionado Mario Laspada,
destacándose con algunos goles de tiro libre y de penal. A
raíz del problema de salud que aqueja a su hija, decidió
volver a España y recaló en Las Palmas - en la Segunda
División (una especie de Primera "B" Metropolitana
de Argentina pero con mucho más dinero)-. Sabidas son sus
declaraciones actuales. Si en todos los lugares en los que
jugó fue ídolo por algo será. Después de todo, como diría
Alejandro Lerner, siempre habrá tiempo para volver a empezar.
¡Suerte Gallego!