Fabián Morales interpretó Memorias de un loco
El mercedino trajo a El Galpón su unipersonal Memorias de un loco, una versión libre del cuento Diario de un loco, de Gogol. Esta versión recorrió numerosos escenarios de la provincia y el país, y festivales tanto nacionales como internacionales. El sábado pasado, en Luján, Fabián Morales la interpretó una vez más y ofreció una actuación conmovedora, divertida, intensa.
Diario de un loco, un cuento de Nikolai Gogol, tomó cuerpo en el Teatro El Galpón, de la mano del actor mercedino Fabián Morales: unipersonal recomendable.
La versión libre de este artista se destacó por la actualidad y la adaptación del realismo social. El tono es satírico y honesto. El actor encarna su personaje, loco y físicamente deteriorado, con destreza y expresividad.
Muchas veces, aun antes de la descripción científica, el observador sensible de la realidad pudo crear acabados retratos de fenómenos patológicos, que quizá, por estar despojados de la visión ya parametrada del profesional de hoy en día, ofrecen mayor espontaneidad y frescura. Tal es el caso de Diario de un loco (1834), de Nikolai Gogol, narración que muestra, vívidamente, el desarrollo de un cuadro clínico compatible con lo que sería entendido luego como “esquizofrenia”.
Gogol fue un escritor ruso que murió joven (42 años). Su obra, breve, sobresale por el humorismo satírico que destila. Trató, con frecuencia, el tema del desgarramiento del hombre en el mercantilismo y distintas formas de degradación y locura.
De hecho, la propia vida de Gogol estuvo signada por la enfermedad mental: luego del éxito de su extraordinaria novela Almas Muertas, que debía ser continuada por una secuela, Gogol fue víctima de preocupaciones y autorreproches intensos, con ansiedades místicas —la salvación de su alma como tema recurrente. En un arrebato, quemó los originales de la segunda parte de su novela y falleció tras continuo ayuno. Hoy podríamos considerar su enfermedad como una probable depresión psicótica.
Diario de un loco es el relato de la vida de Axenty Ivanovich Poprishchin, un funcionario de la burocracia ucraniana que, a través de las anotaciones en su diario íntimo, va mostrando cómo, en medio de la rutina de su labor y las pequeñas humillaciones de su vida, surgen en su mente ideas fantásticas. El carácter disparatado de las fechas y la naturaleza arbitraria de sus vivencias es coronado, de modo extravagante, cuando abraza la fantasía de ser el mismísmo Rey de España. Luego, lo internan, donde la penosa experiencia de colisión de su locura con el entorno constituye su final.
Fabián Morales respetó lo esencial de esta historia y se la apropió de un modo conmovedor. Acaso, como la puesta en escena propone, la diferencia no estriba entre cuerdos y locos, sino entre opresores y oprimidos. Así, actor, personaje y espectador, se enlazan y trascienden el tiempo.