El destacado intérprete que acompañara en su última etapa a Los Chalchaleros, hizo conocer muchos de los temas de su último registro ofreciendo un excelente recital el viernes en el Teatro Municipal.
Tras experimentar la música y el canto con un juvenil cuarteto que se conoció como Los Zorzales, con el que llegó a concretar cuatro registros, y más tarde pasar a formar parte de la última etapa de Los Chalchaleros, grupo que se convirtió en un pedazo de historia del folklore argentino, Facundo Saravia ha recorrido desde entonces un camino personal que lo distingue en el concierto de intérpretes del género.
Sin dudar, puede afirmarse que lleva la música dentro suyo. A lo largo del encuentro con el público local, se sinceró expresando que vivió rodeado de música desde muy pequeño, y ese universo sonoro lo marcó. Le gustaba y se convirtió en un rasgo profundo de su vocación, rodeándose no sólo de buenos maestros y profesionales, sino de personalidades de la talla de Yupanqui, Ramírez, Falú, los hermanos Ávalos, Torno, Los Fronterizos y muchos más. Creció con ellos, admirándolos, llegando a cantar con Los Chalchaleros, que reconoció alguna vez, fue lo máximo y lo llena de orgullo. Ese caudal de motivaciones y vivencias han conformado en el tiempo un ser humano que despliega por igual calidez, sinceridad y humildad, que exterioriza en el escenario.
Acompañado por cinco músicos, que dan cuerpo a una agrupación de sensibles sonidos que integra vientos, teclados, acordeón, bajo, guitarras y percusión, Facundo se ingenia tras un comienzo medido y casi íntimo, para añadir en cada paso melódico, un nuevo motor para engalanar su presentación, al punto de convertirla en una verdadera y emocionada fiesta.
Con varios registros en su haber y premios, el viernes ante un auditorio expectante aunque no numeroso, Saravia hizo conocer su nuevo trabajo discográfico, Rasgos Naturales, el octavo como solista, en el que sigue empuñando como bandera a viva voz nuestra música folklórica. El enriquecido marco instrumental le posibilitó dar forma a su nueva propuesta que incluye, como es tradición en su trayectoria, distintos ritmos folklóricos de variadas regiones de nuestro país: zamba, chacarera, cueca, huayno, chamarrita, bailecito, milonga, e inclusive un chamamé, enlazando catorce temas.
Dueño de una voz privilegiada, sin apelar a arabescos vocales y con la sola pretensión de encantar, junto a su guitarra por momentos, pregona esa diversidad de ritmos autóctonos que encierra nuestra música, posando la mirada tanto en autores reconocidos y clásicos, como aquellos que descubre en su andar por el país. Trae consigo también, temas que debieron esperar casi treinta años para salir a luz, de su propia autoría. Condimentando cada tema con renovado brío, Saravia, en su debut en la sala oficial, fue deshilvanando con emotivas anécdotas títulos como Un lugar escondido, Como el ñandú, El sol de los cielos limpios y A Juan Carlos Saravia", entre otros.
El recital resultó ser una perfecta compensación de climas que le valió por último, el caluroso aplauso del público.