“Saber nuestra historia es algo sano”

Martes//A comienzos de este mes, la Justicia reconoció en un fallo histórico el plan sistemático de robo de bebés durante la dictadura. Paula Logares fue la primera nieta restituida. Vinculada con Luján a través de su familia paterna, reflexionó sobre la sentencia contra Videla.

A comienzos de este mes, el Tribunal Oral Federal Nº6 se expidió en una megacausa vinculada a la apropiación de bebés durante la última dictadura militar. Se trató de un fallo histórico porque, por primera vez, la Justicia reconoció la existencia de un plan sistemático destinado a sustraer, retener y ocultar hijos de personas desaparecidas.
El tribunal resolvió condenar al dictador Jorge Rafael Videla a 50 años de prisión perpetua y absoluta. También sentenció a 30 años de prisión al ex jefe de inteligencia de la ESMA, Jorge "Tigre" Acosta, y a 40 al ex almirante Oscar Antonio Vañek. La sentencia determinó, además, 20 años de reclusión para Santiago Omar Riveros y 15 para Reynaldo Benito Bignone. Por su parte, el ex prefecto Juan Antonio Azic fue condenado a 14 años.
La investigación incluyó 35 casos de apropiación (sobre un total aproximado de 400). De esos casos, 28 personas lograron recuperar su identidad, entre las que figuran los diputados Victoria Donda y Juan Cabandié, nacidos en la ESMA. También se incluye en ese listado a Paula Logares, quien fue la primera nieta recuperada y tiene cierta vinculación con Luján a partir de su familia paterna.
"Mi abuelo paterno sigue viviendo en Luján, y mi papá vivió en Luján los fines de semana antes de conocer a mi mamá. Después vivimos en Haedo y nos fuimos a Uruguay. Ahí nos secuestraron y nos trajeron para Argentina", explicó Logares al ser consultada por este medio.

- ¿Pudo reconstruir algo de la historia de su padre durante su estadía en Luján?
- No mucho. Por esos años mi papá estudiaba en el Liceo Naval, con lo cual con mi abuelo estaba los sábados y domingos. Más que eso no conozco. Hasta donde yo sé, mi papá militaba en el oeste, pero no sé exactamente el lugar.

- ¿Qué sabe de sus padres una vez que fueron secuestrados y separados de usted?
- No sé si se avanzó en la investigación con datos nuevos. Lo que sé es lo que me dijeron hace un tiempo: que nos metieron a los tres en la Brigada de San Justo y el subcomisario se quedó conmigo. A mis padres los llevaron al Pozo de Banfield. De ahí, no sé más. Eso es lo que sé desde que vivo con mi abuela. Los cuerpos no aparecieron, aunque di sangre para la campaña de reconocimiento de cuerpos.

- Usted fue la primera nieta recuperada.
- La denuncia por mi desaparición se presentó el primer día hábil de la democracia. Al año, yo volví a vivir con mi abuela materna. Mi abuelo paterno firmó lo que tuvo que firmar, también accedió a sacarse sangre. En algunas familias a veces sucede que algunos miembros no acceden a acompañar la investigación. En mi caso no ocurrió eso. Pero la que hizo la investigación fue mi abuela materna.

- En Luján el tema de la apropiación de bebés durante la dictadura siempre quedó en el plano de los rumores. ¿Por qué cree que en algunas ciudades o pueblos estas historias locales no se hablan demasiado?
- Hay veces que se sabe y no se habla. Después está la otra parte. Sucede que se han llevado gente en distintos pueblos y que después, como la familia no habló más del tema, en el pueblo no se habla más, aunque se sabe. En mi caso fue distinto. Una cosa es saber que hubo un operativo en una casa de un pueblo y otra es saber si aparece un bebé en una familia cuando la mujer no estuvo embarazada. Igual, creo que estas cosas hoy tienen mucha más difusión.

- ¿Qué balance hace del reciente juicio?
- Hay cosas que ya no se pueden cuestionar. Cuando en los primeros años después de la dictadura se decía que los familiares que faltaban estaban en España, hoy ya sabemos todos que (los desaparecidos) no se fueron de paseo ni nada de eso. Tampoco vale decir que con los apropiadores están mejor. No pasa por ahí. Pasa porque tenemos derecho a saber nuestros orígenes. Este proceso tiene que ver con aclarar cosas, con impedir que se nieguen cosas que pasaron durante la dictadura. Lo que también me parece interesante es ver que quienes fuimos recuperados somos los que llamamos a otros a que den ese paso. Lo más fuerte ya pasó y fue que nos arrancaran de nuestros padres. Ahora saber esa historia es algo sano. De ahí en más lo que cada uno haga con sus vínculos es algo personal, y es la elección de cada uno.

Su historia
Los padres de Paula Eva Logares se llamaban Mónica Sofía Grinspon y Claudio Ernesto Logares, ambos militantes de la organización Montoneros. La pareja y su hija fueron secuestrados en Montevideo, Uruguay, el 18 de mayo de 1978. Desde el país vecino fueron trasladados a la Argentina y, siempre de manera ilegal, alojados en la Brigada de Investigaciones de San Justo. En ese lugar, Paula fue separada para siempre de sus padres. Con dos años de edad, la niña quedó en poder del matrimonio conformado por el subcomisario de la Policía Bonaerense, Rubén Lavallen, y su esposa, Raquel Leiro. A su vez, se sabe que Mónica y Claudio fueron trasladados al centro clandestino de Banfield.
Con el regreso de la democracia, Paula se convirtió en la primera nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo. El 13 de diciembre de 1984, cuando tenía ocho años, recuperó su verdadera identidad mediante un análisis de sangre.
La restitución de Paula tiene la impronta del amor de abuela. Fue Elsa Pavón, su abuela materna, quien encabezó una investigación que terminaría por dar sus frutos. El primer contacto ocurrió cuando Paula tenía seis años. Sin embargo, al intentar un segundo contacto, la abuela comprobó que los apropiadores se habían mudado.
Tuvieron que pasar dos años hasta que otro dato ubicaba a Paula en la zona de Chacarita. A partir de ahí, Elsa recurrió a distintas estrategias que le permitieron un acercamiento a su nieta, por ejemplo, trasladarse todos los días desde Banfield para comprar verduras en un local ubicado frente a la vivienda de los apropiadores. Volvió a verla, pero un detalle la descolocó: Paula vestía un guardapolvo de preescolar, cuando para ese entonces ya debía cursar la primaria. La familia Lavallen la había anotado con dos años menos. Además, sufría un cuadro psicológico conocido como "estrés de guerra", que se expresaba en un retraso de crecimiento.
Paula siempre se llamó Paula. Sus apropiadores intentaron sin éxito cambiarle el nombre. En una entrevista realizada por la periodista Alejandra Dandan, Paula recordó: "Del nombre yo no me acuerdo tanto, pero sí de un juego que se repetía. Un día estaba ella, Raquel, y una especie de vecina en el departamento y me dicen: "A ver, hoy jugamos a que te llamás de tal manera". Yo en esos momentos me recostaba en la cama, daba vueltas y cuando me insistían era como si me cansara y me iba a jugar a otra parte".