Homenaje a Heriberto Zorrilla

Ed.Impresa//25 años de Esencialismo, una retrospectiva del reconocido artista, quedó inaugurada el sábado en la entidad cultural. Simultáneamente, expusieron en distintas salas Fabián Galdamez, Silvia Verdeal, Alicia Escot, Azucena Aguirre y Sergio Mancuso.

Con una concurrida ceremonia inaugural el Museo Municipal de Bellas Artes retomó sus actividades culturales tras la pausa impuesta por la emergencia sanitaria. En la ocasión se rindió homenaje al artista Heriberto Zorrilla con una muestra que reseña 25 años de Esencialismo en la sala Paladino, en tanto otros realizadores exhibieron sus trabajos en los restantes espacios habilitados para exposiciones.   
Ante amigos, alumnos, ex alumnos y familiares de los expositores en su mayoría de localidades ajenas a Luján, correspondió a la titular del Museo Silvia Di Marco, las palabras de bienvenida y declarar inaugurada las muestras.
Como es habitual, a la hora de presentar a cada uno de los expositores, invitó a los artistas a reflexionar sobre su arte y vocación.
Y si bien todos los que formaron parte de la megamuestra tuvieron la adhesión del público, el eje de la ceremonia tuvo como protagonista al maestro Heriberto Zorrilla, por celebrar 25 años de Esencialismo, corriente plástica que lo tuvo como uno de sus iniciadores.

Palabras del maestro
En su cálido y reflexivo mensaje, Zorrilla -tras destacar que la muestra abarca parte de su obra realizada entre 1983 y 1984 y la actualidad- pasó a explicar el origen del grupo que llamó Esencialismo.
"La idea de formar un grupo que llamé Esencialismo surgió sin ninguna teoría previa al trabajo pictórico. Uno puede esbozar una teoría sobre la base de la experiencia que ya ha realizado, es decir surge de una reflexión sobre el propio trabajo. Ahora en qué contexto se dio, se preguntarán. En aquellos años se tenía la idea de que la pintura había muerto y no era el único certificado de defunción que se había extendido, dado que también la historia había muerto, y las ideologías también. Es decir, había una necrofilia generalizada. Nosotros salimos en el 86 con la primera muestra del grupo, porque yo creí que sólo no iba a poder hacer nada y que podía formar gente cuyo espíritu pudiera ser afín con el mío y afín entre ellos mismos, y así tener una fuerza que no podríamos tener nunca individualmente".
En otro momento de la exposición y refiriéndose al por qué del nombre Esencialismo, reveló que lo llamó así porque en ese momento también estaba viva la idea de rescatar los elementos esenciales de la pintura.
Pero sobre el tema acotó que no fue sólo eso, dado "que puede tener un carácter muy conservador. Sino por el pensamiento de un filósofo francés, Bergson, que decía que había dos maneras de conocer una cosa: una dando vueltas a su alrededor, que era el conocimiento exterior, y otra que era estando dentro de ella. Yo me imaginé que ese dentro era el punto esencial. Entonces la idea de nuestra pintura era no tener ningún proyecto previo. Que el cuadro fuera un desarrollo que parte de un caos inicial que nosotros le llamamos estímulo cromático o gráfico, y que puede hacerse con los materiales que el artista quiere, disponga y tenga ganas. Ese tener ganas es importante porque nosotros valorizamos el deseo, es decir queremos que el cuadro sea una cosa viva, que sea algo que va creciendo junto con la búsqueda, a través de los elementos propios de la pintura, sin negar la posibilidad de que cualquiera introduzca las innovaciones que el deseo le proponga. Nosotros tratamos de aprovechar el azar, porque él provee elementos que pueden estar a nuestra disposición o de la obra. Y nosotros, como artistas, tenemos la capacidad de elegir".
Sobre el final de su reflexión, acotó que el proyecto tuvo como acompañante principal a Helena Distéfano, que fue su alumna y también esposa, a la que definió como "un ejemplo de vencer dificultades y de ser una usina de proyectos y de creatividad".

Otros expositores
Previo a Zorrilla, fueron presentados otros expositores, que también tuvieron palabras de reflexión ante el auditorio. Entre ellos Sergio Mancuso que se hizo presente con fotografías temáticas sobre polo, dispuestas en el primer piso de la entidad. Destacó ser ingeniero industrial,  vocación que lo relaciona con máquinas y tecnología. Y fue ese gusto por las máquinas que luego de comprar una y otra cámara, leer sobre el tema y practicar, se abocó a testimoniar el juego de polo. "Me interesa congelar las imágenes, dar la sensación de movimiento y al mismo tiempo, dotarlas de fuerza, de potencia", comentó.
Otras expositoras con piezas escultóricas en el Paseo de las Esculturas, en la planta baja del edificio, son Azucena Aguirre y Alicia Escot.
Ambas pertenecen al grupo Locos por la Cárcova. Según aclaró Aguirre, integran el grupo egresados de la Escuela Ernesto de la Cárcova, entre ellos pintores, grabadores, escultores y muralistas. "Es un grupo abierto donde se pueden integrar otras artes como la música o la poesía, que surgió de la defensa que se hizo para la Escuela que finalmente fue cerrada. Era un post grado y en 1998 la pasaron a ser Universidad. Entonces se perdió la Escuela Superior de Bellas Artes, porque ni es Universidad en este momento y termina siendo un museo, que Ernesto de la Cárcova había creado para sus alumnos y no para que se cobre a la gente que lo visita. Entonces aquí estamos: es una lucha, exponemos en diferentes lugares que nos ofrecen, y defendemos la escuela pública y gratuita. Sobre el final, apuntó la aspiración de que no se pierdan lugares tan importantes como fue la Escuela de la Cárcova, "que fue un ejemplo para el mundo".
Silvia Verdeal presenta "Secuencias", una serie de pinturas que pueden verse en la sala Aimé. Artista de General Rodríguez, formó parte del grupo Tintinaco que tuvo como maestro a Cayetano Forteza. Invitada a reflexionar sobre su labor, a la que Di Marco definió como una experimentadora de materiales, precisó su deseo de que cada observador pueda sentir algo frente a su obra. "Esa es mi manera de expresarme", resumió.
Fabián Galdamez exhibe pinturas y dibujos en la sala Casals. Con formación académica en Mendoza en la escuela de pintura y escultura, señaló que el arte viene de familia. "En el taller de mi abuelo y tíos comía arcilla y otras cosas más". Comentó, además, que tuvo la suerte de estudiar con Santiago Cogorno, ser su asistente y ayudante durante tres años, también con Leopoldo Presas e hizo la Cárcova. Adelantó que su obra se inscribe en el contraconcepto, al que definió como "romper un poco con lo académico en el buen sentido de la palabra". Anticipó por último que el año próximo mostrará una retrospectiva de su obra.