El cine, entretenimiento de ayer y hoy en Luján

En la década del 50 del siglo pasado, Luján contaba con cinco salas funcionando al mismo tiempo. Después de aquel esplendor comenzó un lento declive que tuvo al Cine Numancia como última expresión. La semana pasada, con Cinema Rosso, la ciudad recuperó una propuesta sentida por los vecinos.

Imposible pasar por la vereda y no parar, aunque más no sea unos segundos, para observar las diversas propuestas de la cartelera, como parte de una rutina que los lujanenses habían olvidado desde que cerró sus puertas el recordado Cine Numancia.

Media hora antes de la primera función, pautada para las 14 del sábado, el deambular en las inmediaciones de Lavalle e Italia era permanente. La apertura del Cinema Rosso se transformó así en un gran acontecimiento para quienes en todos estos años tuvieron que recorrer muchos kilómetros fuera de la ciudad en la búsqueda de ese entretenimiento, o bien conformarse con proyecciones menos pretenciosas en calidad y continuidad.

“¡Qué bueno el cine acá!”, exclamó un padre que compartía el entusiasmo con su hijo, ambos con las entradas aseguradas para la primera función. La tarde de la jornada inaugural fue para los infantes, acompañados por padres u otros familiares que encontraban la excusa perfecta para disfrutar del cine infantil, siempre atractivo también para los más grandes. Todo era novedad, desde las propuestas cinematográficas hasta el valor de las entradas. Por eso, las consultas en la boletaría se sucedían una tras otra.

Otro padre, de la mano con su hijo, le propuso al nene ir a tomar un helado hasta tanto el reloj anticipara el inminente inicio de la función. Cruzaron Lavalle y enfilaron por Italia rumbo a San Martín. En la vereda, se sucedían las personas que miraban, señalaban algunas de las películas y hacían planes. Consultaban en la boletería, compraban la entrada o prometían regresar más tarde. Los adultos sin responsabilidad de niños a la vista interrogaban por las propuestas nocturnas. Algunos metros más allá, uno de los tantos colectivos internos dejaba en la esquina a una mujer con dos nenas que en segundos ya tenían sus entradas.

Desde el interior brotaba el característico aroma a pochoclos, otra de las tradiciones cinematográficas. “¿Ya se puede entrar?”, preguntó una mujer empujada por la ansiedad de conocer el nuevo cine y el frío de una típica tarde de invierno. Y así como dos mujeres debatían el contenido de la cartelera, otra quería saber si al día siguiente los horarios y las películas se mantenían.

HISTORIA

La orfandad cinematográfica que en los últimos años evidenció Luján en cuanto a la inexistencia de salas de cines fue una verdadera excepción. Si bien la mayoría recuerda como último exponente de esa tradición al Cine Numancia, durante el siglo pasado fueron varias las propuestas que convivieron al mismo tiempo.

Hacia mediados del siglo XX, la ciudad contaba con la sala Libertador (ocupada actualmente por los boliches Old Swan y Kalahari) y el Cine Teatro Luján (en la esquina de la Basílica). También se proyectaba en el Español, hasta que el espacio se convirtió en el Teatro Municipal Trinidad Guevara.

En un artículo publicado por EL CIVISMO en 1981, se brindaba una descripción de aquellas salas: “El Cine Español –con sus historias ‘non sanctas’ tanto o más recordable que las películas que se proyectaban; el Cine Luján –con sus cómodas e inolvidables butacas y su frío desesperante (la gente llevaba bolsas de agua caliente y mantas para abrigarse durante la exhibición); el Cine Libertador –que un día cerró sus puertas y se hundió para siempre”.

Existen registros para fines de la década del 70 de inconvenientes y la reducción en la cantidad y calidad de la oferta cinematográfica local: “De vez en cuando nos entusiasmamos porque llegan algunas de las grandes películas de la temporada y acudimos, pero al salir la decepción es mayor por la mala visión y los innumerables cortes, sin tocar el tema de la temperatura siberiana que descompone al más fuerte. ¿Cuál es el motivo? ¿Se alquilan las copias en malas condiciones? ¿El equipo de proyección es antiquísimo y no da más? La falta de calefacción ¿a qué obedece?”, reflejaba este medio por aquellos años.

En las últimas décadas de la pasada centuria, tal vez en la misma sintonía a lo ocurrido en otras ciudades del interior, las salas de cine comenzaron a perder terreno. En 1986, EL CIVISMO alertaba sobre la posibilidad de que Luján se quedara sin salas. Para ese entonces, sólo el Numancia se mantenía en actividad, aunque su continuidad aparecía entre signos de preguntas: “Con él desaparecerían casi cuarenta años de un arte que él mismo vio evolucionar, incluido el sonido estereofónico y el cinemascope, cuya instalación requirió el ensanche de su boca escénica”.

En aquel comentario, este medio puntualizaba que “a pesar de ser único, desde hace mucho, el Numancia se hizo no obstante acreedor con el transcurso de los años, a una fama que poco le favorecía y que parcialmente se ha mantenido hasta el presente”.

El Cine Numancia fue inaugurado el 22 de noviembre de 1949. Según se consigna en el libro Diccionario Lujanense, de Héctor Felice, “durante más de tres décadas fue el lugar preferido para que las familias lujanenses disfrutaran de grandes espectáculos cinematográficos y teatrales”.

EL CIVISMO rememoraba que “la primera imagen que reflejó su pantalla fue la de don Enrique Serrano en Miguitas en la cama”. A su vez, “cuando pasaban por allí, hacían más lento su andar autos que ya no existen en Luján, marcas desaparecidas (acaso un Hudson Terraplane) para fijarse en los carteles de sus puertas de vidrio”.

“Había una costumbre bastante generalizada: la de ir a la ‘segunda’, porque la ‘primera’ era la de relleno. También había otra costumbre: la del chocolatinero. No habría sido ‘cine de veras’ sin el ruido de los papelitos y el masticar de los caramelos”, agregaba este medio en aquel recuerdo.

Con distintos cambios de dueños, el Cine Numancia duró, ya lejos de su esplendor, hasta hace unos seis años, cuando la sala cerró definitivamente y el lugar fue dedicado el culto de una creencia religiosa.