Mismas visitas, mismos problemas

No es una semana ni un mes antes cuando todos estos elementos que hacen a la recepción de los turistas, la atención y la tranquilidad de los vecinos se tienen que poner sobre la mesa para discutir y tomar medidas.

Se tiene exactamente un año para analizar resultados, prever acciones, corregir errores, intentar cambios positivos. Sin embargo, cualquiera sea el color político que gobierne en la ciudad de Luján, la improvisación y el trabajo sobre la marcha es la bandera que identifica a todos.

Gobierno local y organizadores de eventos que congregan a miles y miles de fieles –en el caso de los gauchos, con el agravante de sus transportes, sus caballos y la necesidad de contar con espacio para acampe deberían tener, luego de décadas de repetición de la misma expresión de fe, un protocolo de desarrollo para cada día, para cada situación. Pero nada de eso existe. Los que vienen se esmeran por tener una estadía lo más digna que se pueda; las autoridades que hacen las veces se anfitrionas, enfocadas en que los trastornos para el resto de la ciudad sean insignificantes.

Entre esos dos objetivos básicos se desarrollan las peregrinaciones a caballo y juvenil. Pasados esos dos fines de semana de profundo agite, todo retorna a foja cero hasta mediados de septiembre del año próximo.

Este año, cuando los peregrinos de a caballo comenzaban a arribar a la ciudad –jueves, viernes- se acondicionaba el predio donde supo funcionar Parquerama, al igual que el año pasado. Pero no se reparó en una desatención obscena: en la esquina del predio de acampe y a una cuadra (justo en la esquina del edificio de llegada de la aerosilla) las bocas de tormenta expulsaban litros y litros de desechos cloacales. Literalmente, se estaba recibiendo a los turistas con las calles inundadas de mierda.

Por otro carril, no menos relevante, transita el tema de los controles y de jornadas de saturación como las del fin de semana, cuando volvió a notarse la urgencia de más conexiones desde la ciudad hacia el Acceso Oeste. Durante horas y horas el tránsito fue imposible en el último tramo de la avenida Nuestra Señora de Luján; la ex ruta 7 en dirección desde Giles al centro de Luján y lo mismo en la ruta provincial 192 desde Open Door hacia Luján. Todos los caminos morían en la rotonda Ana de Matos como única opción.

¿Tanto cuesta conseguir un acceso al Acceso Oeste en el Puente Roca; en el Puente del Camino a Carlos Keen o a la altura de la ruta 192? No hay que ser vidente para saber que este próximo fin de semana volverá el caos y no se está a tiempo de remediarlo. Sí se puede pensar, pedir, programar y gestionar de cara al año próximo.

Incluso se podría fomentar en enriquecedor debate que solicitan las protectoras de animales, que contemplan modificar la característica de la Peregrinación a caballo por un desfile que simbolice el tradicional objeto de la demostración de fe, sin sacrificar a los equinos en enormes distancias de recorrido.

No es una semana ni un mes antes cuando todos estos elementos que hacen a la recepción de los turistas, la atención y la tranquilidad de los vecinos se tienen que poner sobre la mesa para discutir y tomar medidas.