"La resistencia al inmigrante está"

El reconocido historiador analizó el fenómeno de las migraciones en clave histórica, con Luján como eje. Repasó las políticas implementadas para establecer "deseables" e "indeseables" y las reacciones de la población local.

Dedier Norberto Marquiegui es historiador, investigador del Conicet desde hace 22 años y profesor de la Universidad Nacional de Luján desde hace 33 años. Publicó cinco libros (cuatro en el país y uno en Italia), y acumula más de un centenar de artículos en publicaciones especializadas de Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Chile, México, Venezuela, Cuba, España, Italia, Suiza, Croacia, Albania e Israel, entre otros lugares. “Mis trabajos anduvieron más que yo”, sintetizó.

Especializado en migraciones, se define como un microhistoriador, algo que “no es lo mismo que ser historiador local. A través de la microhistoria se responden las grandes preguntas de la historia nacional desde un pequeño lugar y aprovechando toda la densidad de información que proveen los archivos de ese pequeño lugar”, explicó.

“El desprecio es un fenómeno que está ligado a las migraciones en cualquier época y lugar, salvo casos muy raros como los irlandeses que tuvieron un ascenso fulgurante o vascos que lograban realizarse rápidamente en el comercio mayorista. Después existía un prejuicio que se expresaba hasta en el habla. ‘Qué hacés tano’, por napolitano, o sea, el sector más bajo y pobre de la inmigración italiana. A principios del siglo XX se podía ver en el Circo Criollo y el Sainete las burlas permanentes hacia el inmigrante”, indicó cuando este medio le propuso reflexionar sobre la inmigración desde una perspectiva histórica, con Luján como eje.

“Los medios tienen mucho que ver con la estereotipación de la figura de los inmigrantes. Las revistas de principios de siglo hacían mofas permanentemente del inmigrante. Y ahora en la criminalización del inmigrante, tienen mucho que ver los medios televisivos. Hay un machacar constante sobre la ilegalidad de la inmigración latinoamericana, el control de las fronteras, qué hacen los senegaleses. ¿Y si en lugar de burlarnos tratamos de entenderlos?”, se preguntó.

- ¿Cuándo se inicia en Luján el fenómeno de la inmigración? ¿Fue un proceso similar a lo que ocurrió en otros lugares del país?

- Te doy un ejemplo de cómo la microhistoria rompió los parámetros de la gran historia nacional. Para la gran historia nacional hablar de inmigración significaba hablar de inmigración de masas correlativa al boom exportador de la Argentina como país proveedor de carne y de cereales, desde 1880 en adelante. La microhistoria corrió totalmente los límites cronológicos hacia arriba y hacia bajo de las migraciones. Yo te diría que las migraciones son un fenómeno constitutivo y esencial de la Argentina. Nacen desde la llegada de los primeros conquistadores y colonizadores. En el Luján colonial teníamos el sector del comercio mayorista de las pulperías dominado por catalanes, gallegos o vascos. Aunque existía la prohibición para la radicación de inmigrantes de otras nacionalidades que no fueran españolas, había también propietarios portugueses. Si se quieren rastrear los orígenes de la inmigración en Luján se puede llegar hasta la etapa colonial. Luego, durante el período de las guerras de la independencia y civiles hay una interrupción, y se reanuda en las décadas del 30 y 40 del siglo XIX, donde no casualmente reaparecen los vascos y la colectividad irlandesa vinculada al boom del lanar, algo que dura prácticamente hasta fines del siglo XIX. 

- En ese tiempo, ¿con qué aspiraciones llegaban?

- Entre los documentos que se pueden estudiar está la correspondencia de los inmigrantes. Esa correspondencia prueba que en lugares como Tandil los inmigrantes vinieron durante toda la Colonia, pararon durante el período de la independencia y reanudaron las migraciones en la década del 30. Pasó que las informaciones expresadas en esas cartas decían cuándo convenía o no venir. Con los irlandeses también es muy claro. Hay un autor, William Mac Cann, que dice que todos los irlandeses que venían a la Argentina, y eso incluye Luján, eran de Wesmeaht, no eran los famosos inmigrantes de la hambruna, que iban a Estados Unidos y lo hacían para volverse. Los que vinieron acá eran de una zona productiva mucho más rica, más diversificada y que se podían adaptar al cuidado de pequeñas majadas. Los irlandeses comenzaron a llegar desde la década del 30 en continuo hasta 1873, y ahí paran. 

- ¿Por qué razón?

- Crisis económica. Por eso se hace la Ley Avellaneda para volver a estimular la inmigración. ¿Qué es lo que hacen que vengan, paren y vuelvan a venir? Evidentemente acá hay algo que la economía de mercado no tiene en cuenta. La economía de mercado te habla de estímulos; oferta, demanda, como si no fueran términos impersonales que en el fondo no aluden a nada. La microhistoria permite darles contenidos a esos términos. Acá hay algo que la economía de mercado no considera y tiene que ver con el intercambio de información. La información no es un bien abstracto que está en el aire. Es la información concreta de cartas de parientes y amigos las que le dicen a los otros que ahora conviene venir y ahora no.

La inmigración que viene por parientes y amigos tuvo inicialmente el nombre de migración en cadena. Después se empezó a hablar de redes sociales. La característica que tiene esta inmigración en cadena es que tiende a preservar fuertemente la identidad y hace que los inmigrantes tengan una misma especialización laboral y mantengan sus costumbres. No es casual que todos los irlandeses vinieran a trabajar con las ovejas. Alguien les debería decir que ahí estaba el negocio. Y los vascos eran, fundamentalmente, comerciantes mayoristas, como el caso de Jáuregui, o ladrilleros. Vascos e irlandeses tuvieron una correlatividad en la llegada. 

DESEABLES E INDESEABLES

- ¿En Luján el gran flujo migratorio coincide con el período abierto desde 1880 en adelante?

- Las aproximaciones microhistóricas son bastante remisas a la posibilidad de establecer periodizaciones. Tienden a ver el proceso como un continuo. Por supuesto que hay hitos. Te hablaba de la crisis económica de 1873 y la respuesta del Estado con la Ley Avellaneda. Ojo con las leyes migratorias. Toda ley inmigratoria tiene una trampa detrás, porque son un estímulo pero también una restricción. En la Ley Avellaneda hay algunos mecanismos, como la política de pasajes subsidiados, que explican que al Estado Argentino no le estaba gustando mucho cómo venían las migraciones hasta entonces. Irlandeses podía ser, pero ya vascos, gallegos, genoveses, no eran el proyecto de la elite argentina, que quería más bien inmigrantes alemanes, de los Países Bajos, de Gran Bretaña. Entonces se mandaron pasajes subsidiados a esos países. Esa política fracasó y esos pasajes fueron a parar a Galicia, a los Países Vascos, a Génova, hasta el sur de Italia. Es decir, sin querer, reforzaron las tendencias anteriores. Por eso que ninguna política del Estado de carácter restrictiva es estrictamente nueva, siempre la política migratoria se utilizó para señalar deseables e indeseables. 

- ¿En qué sentido?

- Esto tiene mucha actualidad. Ahora saltó con el tema de los manteros senegaleses. Se utilizan los mismos mecanismos que se utilizaban hace cien años, también con bolivianos, peruanos o colombianos, haciendo de ellos una personificación del delito. Eso ocurrió siempre. El delito es una actividad que tiene que ver con lo humano, no hay por qué entonces personificar el hecho caracterizándolo con una colectividad o una comunidad en particular. No es que el narcotráfico lo vayan a traer colombianos, peruanos o mexicanos. Hay narcotráfico en Argentina. Y es una manera de tirar la pelota afuera poner la responsabilidad en los otros, desligándose de las responsabilidades propias. No podés pensar que todos los bolivianos, todos los colombianos o todos los peruanos son narcotraficantes. Son reduccionismos que han costado mucho. Porque acá existieron normas como la Ley de Residencia o de Defensa Social que a Luján le costaron, y vos lo sabés, la extradición de uno de sus ciudadanos más notables, como fue el médico Juan Creaghe. Pese a que fue defendido por la comunidad, se tuvo que ir. Estereotipar un delito es una falsedad que corre el eje de debate. Creaghe tuvo que irse simplemente por ser irlandés y anarquista. Una barbaridad. 

- Usted plantea que esos irlandeses no eran “hijos de la hambruna”. ¿Pasó lo mismo con otros grupos de inmigrantes? ¿Tenían ese perfil?

- El autor más destacado de la renovación en movimientos migratorios, que es Fernando Devoto, concluyó mediante distintos relatos microhistóricos que casi en ningún caso los inmigrantes eran hijos de la proletarización o del empobrecimiento extremo. Al que es pobre de pobreza total no le queda otra que quedarse en el lugar o hacer migraciones de corto radio. No tiene recursos para moverse. Por lo general los inmigrantes que vienen –creo que lo logré probar con los inmigrantes italianos y españoles de Luján- no eran personas desprovistas de algún capital. Tenían por lo menos alguna pequeña parcela que vender o capital social mediante contactos en el otro extremo que le financiaban el viaje y le daban alojamiento y trabajo. Eso constituía una especie de colchón para amortiguar el trauma que es la inmigración. Acá en Argentina hay una visión triunfalista de la inmigración, según la cual a todos les fue bien. Pero la inmigración es una decisión tomada por una persona en un contexto familiar siempre de incertidumbre, por más colchón que te amortigüe el golpe, porque no sabés si te va a ir bien o mal. ¿Quién tiene la seguridad de que le va a ir bien? ¿Quién tiene la vaca atada? Son decisiones tomadas en un contexto de incertidumbre muy fuerte. 

- ¿Qué motivaciones se iban produciendo para tomar la decisión de migrar?

- Una crisis económica tiene que haber en los lugares de orígenes. La mayoría son inmigrantes económicos. También el factor de las relaciones pesa fuertemente. El factor de sociabilidad tiene tanta importancia como el factor económico. Acá hubo un centro soriano, los ítalos-albaneses no se fueron del Cuartel Quinto hasta el siglo XX. Vivían entre ellos, con sus costumbres, con sus idiomas. 

- ¿Cuáles eran las colectividades? ¿Qué característica tenía la comunidad ítalo-albanesa del barrio El Quinto?

- Hoy se piensa como incorrecto concebir las migraciones en términos de estados-nacionales (inmigración española o italiana) sino que debe hacerse en términos de región o pequeñas aldeas. Ejemplo: a Luján más que españoles vinieron sorianos de Lamuedra o Calatañazor, catalanes, vascos y gallegos pero no vinieron, o casi, madrileños, levantinos o andaluces. De Italia vinieron de Génova, lombardos, piamonteses de Mongiardino, de Latrónico en la Basilicata, o calabreses, sobre todo de las aldeas ítalo-albanesas de San Demetrio Corone, Santa Sofía de Epiro, Vaccarizo, Macchia o San Cosmo Albanese pero no del Lazio (Roma), Campania (Nápoles), Trieste o Sicilia. Los irlandeses son en su enorme mayoría de las Midlands (Wesmeaht) pero casi de ninguna otra parte.

Venían en cadena, lo que hacía que cuando llegaban muy pocos o casi ninguno pasaba por el Hotel de Inmigrantes, siempre había parientes recibiéndolos. El golpe del alojamiento inicial lo amortiguaban los parientes. Y cuando se instalaban lo hacían en la zona, lo que hacía que el barrio se fuera conformando como barrio étnico, como algo diferenciado en Luján. Entre ellos hablaban su idioma. En la sociabilidad hogareña se mantenían las costumbres, hasta las comidas.

El factor de argentinización nunca fueron los inmigrantes, siempre fueron sus hijos. Sarmiento llegó a la conclusión de que los inmigrantes eran un caso perdido, porque iban a mantener su idioma, sus costumbres, su forma de vestir y crear su sociabilidad propia. En Luján existieron varias Sociedades Italianas: la del sur, la de los monárquicos, la socialista, la de los republicanos radicales. Eso muestra hasta qué punto ellos seguían viviendo la vida de los orígenes. Y hay tres herramientas de argentinización de los hijos: la educación, el servicio militar y el deporte. Los otros días escuchaba cómo se burlaban de una investigación del Conicet porque hablaba del fútbol. Pero el fútbol fue un factor importantísimo de sociabilización. Los fundadores del Club Santa Elena son los hijos de los ítalo-albaneses.

En el caso de los sorianos, que vivían en el centro de la ciudad, en un ambiente menos aislado, también fundaron su club, porque no se sentían representados por la Asociación Española. 

LOS INDISEABLES

- A nivel nacional se conocen los discursos de la elite patricia contra el “aluvión” inmigratorio. ¿Aparece algo de eso en Luján?

- Escribí un artículo que se llama “Amargos festejos”, sobre las reacciones suscitadas por la disposición del Concejo Deliberante de llamar a las calles que pasaban frente a las asociaciones mutuales con los nombres de Italia, Francia y España. Nombrar España a la calle Rivadavia originó problemas alucinantes. Por eso que después se tuvo que trasladar y poner el nombre en otro lugar. Es una demostración que esa resistencia al inmigrante siempre está. Hay cosas de los inmigrantes que siempre molestan, perturban y esa resistencia persiste. Y te diría que no solo a nivel de elite. A veces a nivel de las clases media también. El tema de inmigración me vinculó con todo: inmigración y política, inmigración y empresa, inmigración y asociativismo. Últimamente se me dio por estudiar a los pobres, a los que no les fue tan bien… 

- ¿Qué respuesta se dio desde el Estado a esa “inmigración  fallida”?

- Cuando estudiaba un documento, ahora vedado al estudio, que son las actas de casamiento del Registro Civil de las Personas, veía que había muchos inmigrantes que morían jóvenes en el Cuartel Séptimo (Open Door). Cuando empecé a achicar un poco el prisma, advertí que en general no morían en el Cuartel Séptimo sino específicamente en la Colonia Nacional de Alienados (Colonia Domingo Cabred). Eso me hizo estudiar el problema de inmigración, locura y muerte, centrado en la Colonia Nacional. ¿Qué pasaba? Y ese sí era un problema de las elites. La Argentina se había modernizado aceleradamente. Buenos Aires había pasado de ser una ciudad común a una megalópolis. Los inmigrantes fracasados terminaban abandonados en la calle, alcoholizados, mendigando, una imagen que no se condecía con la idea de una gran ciudad del progreso o de la modernidad. La respuesta del Estado fue sencillamente sacárselos de encima. Si había delito de por medio, a las cárceles. Y si no, a través de la policía, a la Colonia de Alienados. Entre el 60 y el 75 por ciento de los internos, según las épocas, son inmigrantes. No puedo dejar de señalar que los lujanenses tenemos una riqueza extraordinaria en el archivo y museo de la Colonia Nacional de Alienados, mediante un trabajo hecho por el profesor Carlos Peñalba. 

- ¿Cuáles eran los motivos de las internaciones?

- El alcoholismo era un tema que obsesionaba a Cabred. Y el alcoholismo, para él, no solo era causa de internación sino también factor de demencia, algo que toma de la criminología de Lombroso. Cuando ves los libros y las fotografías de los pacientes, te topás con imágenes a medio cuerpo, por lo general rapados, con el uniforme gris de la colonia y barbados. O sea, está todo armado para que dé la impresión de que son lo que exactamente se buscaba que fueran: delincuentes o enfermos, o las dos cosas. Eso Cabred lo aprendió, nada más y nada menos, que de Lombroso.

- ¿De qué lugares provenían los internos de la Colonia?    

- Es muy amplio. Hay gente de Luján. Pero observás una serie de nacionalidades enorme. De Europa, lo que quieras. Cuando los médicos revisaban el diagnóstico, se producía un documento que se llamaba testimonio mental, que pretendía inculparte, demostrar que estabas loco. Los pacientes tenían que contestar ese testimonio mental de puño y letra. Muchos no contestaban el testimonio mental y los médicos concluían en que eran idiotas, ignorantes, analfabetos, orates, estúpidos. En esos términos. En realidad eran personas que estaban sencillamente incomunicadas. Una persona que venía de Montenegro o un árabe, ¿qué te podía contestar? Pasó con un italiano que hablaba en su dialecto local. Entonces el médico puso que era tranquilo, melancólico, apático, que hablaba poco y que las pocas veces que hablaba lo hacía en un idioma inventado por él y no conocido por nadie. En realidad el pobre estaba hablando en dialecto y el ignorante era el médico. Estamos hablando de principios del siglo XX hasta 1930. Una realidad muy triste. Y además la perspectiva de la Colonia fundada como caja de descarte del Hospicio de las Mercedes en Buenos Aires. Todo el excedente que no podían absorber allá lo mandaban a la Colonia de Alienados.  

Todo esto te da una idea de que esa visión triunfalista del crisol de razas es una falacia. A muchos no les fue tan bien, lo que pasa es que no contamos la historia de los que no les fue tan bien.