Oscar Conde poeta, ensayista y profesor universitario, dio detalles de la charla que brindará este viernes en la Biblioteca Ameghino. Desde las 19, el docente se explayará sobre las construcciones que dieron origen al lunfardo y cómo son utilizadas en la actualidad.
La ponencia del ensayista Oscar Conde sobre El Lunfardo y el tesoro de su literatura, está organizada por la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE) y la Biblioteca Popular Florentino Ameghino. Conde es profesor, licenciado y doctor en Letras. Enseñó en la UBA entre 1983 y 2006. Desde junio de 2002 hasta noviembre de 2013 ocupó en la Academia Porteña del Lunfardo el sillón “Bartolomé R. Aprile” y desde diciembre de 2013 ocupa el sillón “Benigno B. Lugones”, que antes solo había ocupado José Gobello.
- ¿Cuándo y de qué manera se ha ido vinculando el lunfardo a la literatura?
- Casi desde su aparición, en la década de 1870, cuando comenzó la gran inmigración europea a la Argentina, empiezan a aparecer artículos en diarios (La Prensa, La Nación) sobre el lunfardo. En febrero de 1887 Juan Piaggio publica en La Nación un texto literario titulado “Caló porteño (callejeando)”, donde narra el encuentro entre dos jóvenes compadritos del suburbio de Buenos Aires que hablan en lunfardo y, lo más importante, no son delincuentes. Desde entonces, se usó el lunfardo en cuadros de costumbres en diarios como Última Hora, Crítica, La Razón, y en revistas como Caras y Caretas, Fray Mocho, P.B.T., Sherlock Holmes, etc. Estoy hablando de los últimos años del siglo XIX y los primeros quince del siglo XX. A esa altura ya eran varios los dramaturgos que usaban el lunfardo para reflejar el habla de sus personajes: Florencio Sánchez, Nemesio Trejo, Alberto Vacarezza, entre muchos otros. Y en 1917, cuando Gardel graba “Mi noche triste”, el lunfardo llega a la letra de tango, iniciándose una relación que perdurará durante muchas décadas. Claramente el lunfardo recorre desde entonces y hasta hoy la obra de muchos autores de la literatura argentina (desde Marechal a Fontanarrosa, pasando por Jorge Fernández Díaz y Washington Cucurto), así como también las letras del rock, la música tropical y la cumbia villera.
- ¿Por qué es importante reconocerlo, cuál es su valor en el ámbito cultural actual?
- El lunfardo, que nació siendo un vocabulario popular de las grandes ciudades del Río de la Plata, desde hace al menos cuatro décadas se ha convertido en el argot nacional de los argentinos. Existe la creencia de que el lunfardo ha dejado de usarse, pero no hay nada más falso. Otra cosa es que palabras y expresiones lunfardas se hayan dejado de usar (como sucede con bulín, percanta, fúlmine, atorro, etc.), pero lo que muchas veces los hablantes no perciben es que hay otras palabras y expresiones nuevas en el habla popular que no son otra cosa que lunfardismos: caranchear, ah re, altas llantas, fisura, aguante, tarlipes son lunfardismos surgidos en los últimos años. Si algún argentino dice que no usa el lunfardo, está mintiendo.
- ¿Hay ejemplos de este tipo de expresiones en otros idiomas?
- En casi todos los idiomas hay un léxico alternativo, lúdico, que se opone a la lengua estándar. En Brasil es la giria, en Francia el argot, en Estados Unidos el slang.
- ¿Cuál fue el contexto que les dio origen?
- En su origen fue el contexto inmigratorio, pero cuando la inmigración europea fue decayendo (y los préstamos de las lenguas itálicas, del francés, del gallego, del caló español, fueron menguando) los hablantes hallaron otros mecanismos de incorporar palabras al lunfardo: los cambios de significado de palabras españolas (coco en lunfardo es ‘cabeza’, tener calle es ‘tener experiencia’, garfios son ‘dedos’, la gorra es ‘la policía’), los cambios de forma (tano -que viene de napolitano- es ‘italiano’, tranqui es ‘tranquilo’, fulbito es ‘partido de fútbol informal’) y sobre todo el vesre: feca, dorima, yorugua, zolcilloncas).