Cerró Musimundo y acentúa su crisis

La sucursal Luján no pudo zafar de una tendencia que parece irreversible y se sumó a la lista de ciudades donde la cadena de electrodomésticos cesó en sus actividades comerciales.

Mientras llega una nueva cadena de electrodomésticos y artículos del hogar a Luján, otra se va. Ayer, Musimundo ya no abrió. Lo que en principio parecía ser por un problema en el funcionamiento de la persiana, con el correr de las horas se conoció que el motivo era otro y tenía que ver con la crisis que arrastra la firma que ya cerró más de 30 sucursales en todo el país.

En ese contexto, Luján tampoco zafó. El amplio local ubicado en la céntrica San Martín al 400 apenas logró sobrevivir unos meses a una tendencia que parece ser irreversible. El cierre sorprendió a clientes y vecinos en general ya que no hubo aviso previo.

En muchos casos, los trabajadores se enteraron del cierre cuando fueron a cumplir su día laboral y encontraron las persianas bajas y carteles pegados en los vidrios que anunciaban el cierre de la sucursal.

El cierre masivo de sucursales de Musimundo tuvo una primera etapa en mayo de este año cuando dejó de operar en ciudades como Tandil, Trenque Lauquen, Pehuajó, Bragado, Chivilcoy y Mercedes. En algunas de estas ciudades, las sucursales eran rentables, en otras pagaban los alquileres más caros de esas plazas.

Sobre el cierre de Musimundo circulan dos versiones. Una se atribuye a la caída de las ventas y el aumento de las tarifas como principales motivos que llevó a la firma a tomar la decisión de cerrar varias sucursales, incluyendo varias en Capital Federal.  

En Trenque Lauquen se comentó que la cadena nunca pudo lograr competir con algunas firmas que ya se encontraban establecidas en esa ciudad. Musimundo abonaba, se aseguró a los medios, el alquiler más alto de la zona céntrica. “Había comenzado sus actividades abonando la friolera de 90 mil pesos mensuales”, dijo un comerciante al diario La Opinión.

Por su parte, el diario especializado en temas económicos Ámbito Financiero publicó en mayo información clave para entender la caída de Musimundo. El principio de fin se dio cuando Carsa, la firma dueña del 50%, “anticipó a la Comisión Nacional de Valores que no cumpliría con el pago de intereses y capital que vencía por la emisión de obligaciones negociables por $116 millones”. De esta forma, se agravó la situación financiera de la cadena de electrodomésticos que había pedido ante la Justicia comercial la apertura de una convocatoria de acreedores.

“En este contexto, con la crisis a la vista, los números que ostentaba la compañía hasta el momento no reflejaban un panorama tan negativo. A tal punto que la situación sorprendió incluso a la calificadora de riesgo Fitch Ratings.

"Fitch bajó las calificaciones de corto plazo de emisor y de las Obligaciones Negociables emitidas por Carsa SA (CARSA) a D(arg) tras el anuncio de la compañía de proceder a la presentación en concurso preventivo".

"Sin embargo, la calificación reflejaba una salud económico-financiera razonable y comparativamente similar a la demostrada en períodos anteriores que no permitían anticipar una situación de estrés financiero", detallaba la calificadora en su último informe de riesgo.

CONSUMO, INFLACIÓN Y DEUDA

Mientras tanto, el último balance anual de la compañía que tiene bajo su órbita a 124 locales de la cadena Musimundo -otros 130 son manejados por la firma Electrónica Megatone y no mostrarían problemas financieros- ostenta ventas totales a agosto de 2017 por poco más de $6.612 millones y una ganancia después de impuestos de $22,8 millones.

Tal como sucede con otras empresas del sector, la baja en el consumo de bienes durables junto con la inflación generaron menores márgenes de ganancias, pero de todas formas Musimundo estaba lejos de mostrar una crisis terminal. Incluso abrió cuatro nuevas sucursales durante el año pasado (dos en Río Negro, una en Misiones y otra en Buenos Aires) y hasta lanzó ON en marzo pasado.

Ahora bien, el talón de Aquiles para Carsa fue, sin lugar a dudas, su deuda, pero no la tomada con entidades bancarias -que según el BCRA a la fecha asciende a $1.758 millones (toda en situación 1 -sin atrasos en los pagos)- sino la del tipo financiera, reveló Ámbito.

APOGEO E INCERTIDUMBRE

Musimundo nació en los años 70 como tienda especializada en música, en la década de 1990 se expandió a toda la Argentina y desde entonces comenzó a vender libros y productos electrónicos e informáticos. En 2011 la marca fue adquirida por 2 de los 3 licenciatarios de la cadena de artículos para el hogar Megatone, incorporó la venta de electrodomésticos y sumó locales por el cambio de marca de Megatone a Musimundo.

El grupo Megatone (integrado por Bazar Avenida, Electrónica Santa Fe y la empresa chaqueña Carsa) concretó la operación de compra por 15 millones de dólares y se hizo cargo del pasivo. Christian Giménez, secretario de prensa del sindicato de Comercio, señaló que "en realidad es Carsa el socio que tiene problemas. Cuando compraron se dividieron las zonas y locales. Los que pertenecen a Electrónica Santa Fe no han cerrado", señaló a BAE (Buenos Aires Económico).

También hay otros factores a tener en cuenta y que son el denominador común de un mercado que se presenta por lo menos complicado en la Argentina. En primer lugar, los bancos locales dejaron de financiar las cuotas sin interés -salvo ofertas excepcionales- y las cadenas de electrodomésticos salieron a cubrir parte de esta estructura con el lanzamiento de fideicomisos financieros estructurados por cuentas por cobrar. Esta situación llevó a las empresas a tener una necesidad más alta de capital de trabajo para apalancar la habitual operatoria. En segundo lugar, el avance del comercio electrónico es una realidad que no se puede dejar de lado. Incluso las empresas buscan consolidar este segmento porque se traduce en menores costos de comercialización.

Así es que el recorte de Musimundo se entiende por su fuerte deuda financiera que sus dueños aducen no poder hacer frente en lo inmediato. A la par, también queda en evidencia que su intención es un fuerte ajuste en un contexto que no se muestra demasiado favorable para el sector. Con el concurso preventivo de acreedores el final sigue abierto y la cuestión en manos de la Justicia comercial, mientras tanto el futuro de la firma y sus trabajadores sigue siendo un interrogante.