El hotel De La Paz fue construido en 1870 y por entre sus paredes han circulado cientos de historias. En octubre de este año cumplirá un siglo y medio de vida.
En el hotel De La Paz el tiempo jamás se detiene. Las historias reviven a su paso. Cada tanto alguien las recuerda y entonces sus protagonistas se revelan como espíritus. En el segundo piso, la construcción de 1870 se conserva intacta; los pisos, las puertas, las habitaciones. Por allí, dicen, vagan los fantasmas y, a veces, sólo a veces, se pasean por el resto del lugar.
Hay quienes han asegurado haber visto a una muchacha de blanco por los pasillos del hotel. Según las descripciones vertidas, podría tratarse de la joven que aparece en uno de los cuadros colgados dentro del hall principal. La escena rememora un festejo en 1920. La muchacha se destaca entre los trajes negros que lleva un grupo de hombres sentados en torno a una mesa. Pero no es la única. En varias oportunidades, según relató él mismo, uno de los serenos que ha trabajado en el hotel dijo escuchar ruidos por la noche. Es un cliché, pisos que rechinan, puertas que se entreabren sin motivo aparente e invitan a entrar a la habitación que hace años no se utiliza. Pero así sucede. En el hotel De La Paz parece más corriente de lo que en realidad se conoce.
En la habitación 19 habrían estado Evita y Juan Domingo Perón, “por el 45 o 46”. La suite tiene lavatorio y balcones que dan a la calle. Con ese nombre está próxima a inaugurarse la primera sala de escape de Luján. El juego de la Habitación 19 tiene una mención más simbólica que política. Es en realidad un sector equipado con tecnología de última generación, uno; dos, es un pasillo con habitaciones en las que, hasta hace algunos años, residía gente y, tres, es la parte más antigua del hotel por donde suele aparecerse la muchacha de blanco que se destaca en uno de los cuadros del hall principal.
Sobre la visita de Eva y Juan Domingo Perón hay distintas versiones, según cuenta Mauricio Markert a cargo del hotel. Algunos relatos en Internet mencionan a la pareja formando parte de una peregrinación, "el 5 de mayo de 1946", que se hizo en agradecimiento por haber ganado las elecciones. Incluso, turistas que pasaron por el hotel han subido fotos del cuarto refiriendo ese hecho.
Markert investigó el episodio sin haber encontrado documentos que lo confirmen. “Es un mito que hay que comprobar, tenemos versiones de la biblioteca de Monjardín, y el fotógrafo de Perón, por entonces, Alberto Haylli, dice que estuvieron acá con treinta personas; fuimos hilando y hasta ahora no tenemos certezas. Pero, hablando con la fundación Eva Perón, me dicen que como Perón y Evita fueron personajes tan importantes, un montón de gente está dentro de la historia que apenas rozó, por ahí, y cuenta cosas. Para ella (la Fundación) se casaron ahí mismo en Buenos Aires; no salían del departamento que tenían. A mí me cerraba la historia si iban a Junín a casarse y, como el camino queda para acá, por ahí pasaron. Es algo para investigar”, señala Markert.
El año 1976 fue una etapa oscura para el hotel. En ese año se perdieron los libros de registro y casi todo el mobiliario y platería fue vendido en un remate. Hoy, incluso, afirma Mauricio, hay quienes tienen en sus casas algún objeto adquirido en esos tiempos. También se hicieron reformas, se modificó la galería, se construyeron nuevas habitaciones y sólo un sector quedó a salvo de esa remodelación.
“En 1940 Venerando Rodríguez, que fue uno de los propietarios, enriquece el hotel y compra la puerta giratoria en una cafetería que estaba de remate en Buenos Aires, por eso el biselado dice París”, describe el gerente.
En el patio se conserva una de las dos galerías que cerraban desde ambos lados el espacio. La otra, fue tirada abajo para hacer dos plantas y construir 8 habitaciones que nunca se terminaron. Antes había también una cancha de pelota paleta vasca.
En la planta de arriba funciona un espacio para hacer yoga y biodanzas, dos de las propuestas que el hotel prepara para sus 150 años. En octubre celebrará ese aniversario y el camino hacia los festejos incluirá varias actividades. El gimnasio está abierto a quien desee utilizarlo, también se está armando una sala de grabación, y el juego de la Habitación 19, una atracción con efectos reales, que a mediano plazo espera ser una “sala de escape histórica”.
“El Hotel de la Paz era un lugar mucho más usado por el pueblo, que es lo que queremos lograr ahora. Que la gente que vivió eventos sociales o festejos en el hotel, puedan mandar fotos para exponer, también artistas plásticos que quieran mostrar sus trabajos, o fotógrafos que quisieran mandar su obra”, señaló Markert.
Perro de la paz
Durante la recorrida que EL CIVISMO realizó en el hotel, además del gerente, estuvo Mancha, un perro mestizo rescatado de la calle. De pelo corto, talla mediana, el animal no se movió del lado de su dueño y fue un alivio tenerlo cuando ingresamos a las habitaciones más antiguas.
El lugar se destaca por ser “pet friendly”. Las mascotas son bienvenidas. “Siempre tenemos un perro en el hotel, ya sea porque lo rescatamos o porque viene de la calle. El perro fue el primer animal que colaboró con nosotros y nosotros con ellos, así que tener un perro en un local como éste o tenerlo de noche es una salvaguardia y es una cosa energética buena y un perro no molesta”, añade Mauricio mientras Mancha, el perro mestizo, menea el rabo.
Referencias históricas
En el libro Luján Retrospectivo, de Federico Monjardín, aparecen referencias al Hotel de la Paz como espacio político y social entre 1868 y mitad del siglo pasado. Sobre los distintos propietarios que tuvo el lugar, el autor menciona:
En el Tomo II cuenta que Luis V. Varela, “hijo de Florencio Varela, el periodista al que Rosas hizo asesinar en Montevideo, que dirigía El Comercio de El Plata, solía pasa instalaba en el Hotel de la Paz que era, por entonces (1897), de doña Francisca Andiarena”.
En el Tomo IV (1869), el libro menciona a Esteban Pascal como “fundador de lo que fue primero cancha de pelota y después, y hasta hoy, el Hotel de La Paz en Luján”.
Para el año 1910 “pertenecía a un español, abogado, muy culto, D. Juan Sanchis de Lafuente”.
En el Tomo VI, una foto del hotel lleva el siguiente epígrafe: “Frente del Hotel de la Paz. Fines del siglo XIX o principios del XX. Pertenecía entonces a doña Francisca Andiarena. Uno de los mozos que están en al puerta de calle es el que, años más tarde, fue dueño del Hotel, don Venerando Rodríguez. Entre ambos hubo varios propietarios: don Juan Cebriau, don Juan Sanchis de Lafuente y don Ramón Giner”
FESTEJOS
Para celebrar el aniversario, además de inaugurar el juego de la Habitación 19, el Hotel propone una apuesta a la cultura local con la convocatoria a artistas, fotógrafos, dibujantes, músicos que se sumen sus proyectos a futuras muestras. El cierre será en octubre.