35 años del principal libro de Mons. Presas sobre Luján
Escribe: Jorge Juan Cortabarría
Hace 35 años, en 1974, se publicaba el libro Nuestra Señora en Luján y Sumampa. Estudio crítico-histórico 1630-1730, de monseñor Juan Antonio Presas (La Plata, 1912, Buenos Aires, 2005), que marcó un hito en la historia de la investigación de los orígenes de la Patrona de la República Argentina, la Provincia de Buenos Aires y Luján.
Cuando niño, el autor había recibido de su padre el consejo reiterado de amar a la Virgen de Luján, de la que conservaba desde entonces una estampita. El niño fue llevado a España con sus padres, oriundos de allá, y se ordenó sacerdote en 1938, regresando al poco tiempo a la Argentina, ejerciendo su ministerio primero en Florida (Vicente López) y luego, desde 1944, en Morón, de cuya diócesis fue vicario general durante décadas.
En 1960 Juan Antonio Presas, autor de una historia de la Virgen del Buen Viaje, de Morón, acompañó el traslado de la efigie auténtica de María de Luján por el Gran Buenos Aires y entonces acreció en él su interés por los inicios de la devoción a ésta. Logró que el obispo de San Isidro consultara a la Academia Nacional de la Historia sobre el particular. La respuesta de la alta corporación fue que uno de sus integrantes, el doctor Raúl Alejandro Molina, estaba estudiando el tema y que ella no se pronunciaría al respecto hasta que concluyese la investigación de su numerario. El 31 de octubre de 1967, en el Museo Mitre (a la sazón sede de la Academia) Molina disertó sobre “Leyenda e historia de la Virgen de Luján”, que se imprimió al año siguiente. Mons. Presas asistió a dicha disertación y leyó atentamente su texto, quedándole, no obstante los importantísimos aportes de Molina, varias dudas. Como Molina, ya de edad avanzada, no estaba dispuesto a continuar investigando el tema, Mons. Presas emprendió su propia pesquisa, para la que conformó un grupo de colaboradores al que llamó el Equipo Luján, que indagó en los archivos de Buenos Aires, La Plata y Luján. Fue así que se dio con documentos de suma importancia como la escritura de venta del negro Manuel, la donación de tierras de doña Ana de Matos a la Virgen, un inventario de la estancia donde ocurrió el milagro de 1630, el contrato para la edificación del templo conocido como “de Montalvo”, etc.
En 1972 Mons. Presas hizo circular una carpeta en la que reprodujo documentos referentes a los orígenes de la ciudad de Luján y dio a luz en la revista de nuestra Basílica algunos de los documentos principales descubiertos. Al año siguiente, publicó dos monografías en sendos opúsculos, sobre “el lugar del milagro de 1630” (la estancia “de Rosendo”) primero y luego sobre éste y los otros dos temas capitales de los albores del culto a María de Luján: la fecha del prodigio fundador y la del traspaso de la santa efigie mariana a doña Ana de Matos con el consiguiente traslado a las tierras sobre las que décadas después se erigiría la Villa de Luján.
En 1974, con prólogo del eminente historiador jesuita Guillermo Furlong, vio la luz el grueso volumen, de 468 páginas, editado por Autores Asociados, de Morón, que motiva esta nota.
Este libro fue ordenado de la siguiente forma: 1) “Escritores”, donde esboza la biografía y examina la motivación y la valía de la obra de los principales historiadores de las efigies marianas lujanense y sumampeña; 2) “Bases”, la parte medular, donde estudia la ubicación espacial y temporal del milagro de 1630 y el traslado de la imagen lujanense a la estancia de doña Ana de Matos; 3) “Biografías”, donde ofrece noticias sobre la vida de los protagonistas del primer siglo de la historia marianolujanense; 4) “Temas”, donde se tocan asuntos importantes pero de menor relieve que los de “Bases”; 5) “Crónica”, donde a manera de compendio narra el primer siglo de historia marianolujanense; 6) “Documentos”, donde reproduce documentos escritos del período; 7) “Cartografía”, donde se reproducen mapas y planos.
Pronto apareció un contradictor sobre un punto de la obra, el más difícil, la ubicación de la estancia “de Rosendo”. Efectivamente, en 1975, desde las columnas de El Civismo, mediante una extensísima carta de lector, el antropólogo Miguel H. González, hijo y vecino de Exaltación de la Cruz, cuestionó públicamente la localización que Molina y Presas hacían de la estancia en que ocurrió el milagro fundador del culto lujanense, situada por el P. Jorge M. Salvaire, sin mayores fundamentos, en las cercanías de Villa Ruiz, ubicada, como se sabe, en ese partido limítrofe. En 1995 González presentó al fin una monografía sobre el particular; publicada en 1998. Pero antes, en La Perla del Plata, el P. Luis María Astigarraga, párroco emérito de Capilla del Señor y ajeno a las labores historiográficas, publicó resumidamente las tesis de González. Mons. Presas replicó este escrito con un artículo, en 1995. La controversia reverdeció a causa del decreto del Poder Ejecutivo Nacional, que declara de interés histórico nacional al pueblo de Capilla, pues en sus considerandos se dice que “fue en los pagos de Cañada de la Cruz, donde según la tradición, se produjo la detención de la carreta que transportaba dos imágenes de la Virgen María con destino a Sumampa...”. Pero en 1998 el mismo presidente Carlos S. Menem, al declarar Monumento Histórico Nacional a la Basílica lujanense se rectificó tácitamente. Félix Luna, historiador que solía descansar en las afueras de Capilla del Señor, respaldó la tesis de Mons. Presas.
El descubrimiento de un plano que indica la ubicación de la Guardia Vieja (donde pernoctaron quienes, en procesión, en 1671 trasladaron la santa efigie a la estancia de doña Ana de Matos) motivó en 1977 la edición de otro libro de Mons. Presas: La estancia del milagro, que prologó el historiador salesiano Cayetano Bruno.
Al año siguiente, Mons. Presas dio a luz el opúsculo Luján ante la ciencia y la fe y en 1979 hizo lo propio con Ir a Luján es un deber. Gracias a la Fundación Pérez Companc, en 1980 las obras de 1974, 1977 y 1978 fueron reunidas en el volumen titulado Nuestra Señora de Luján. Estudio crítico-histórico 1630-1730.
Posteriormente, entre otros libros, Anales de Nuestra Señora de Luján (1983, reeditado y actualizado en 1987, 1993 y 2002), sus biografías de Salvaire (1990) y de Ana de Matos (1990 –dos ediciones–, 1991 y 1997), Historial del Luján-Mariano 1630-1992 (1993), entre otros, entre los que no faltaron opúsculos de divulgación histórica y un estudio sobre la Patrona del Uruguay, originariamente una réplica de María de Luján.
Entre sus prologuistas figuran Mons. Octavio N. Derisi, Mons. Vicente Zazpe, Jorge Glusberg, Vicente D. Sierra, Lucio Gera y el Card. Bergoglio.
Por su labor historiográfica fue miembro de importantes entidades historiográficas.
En 1983, la Intendencia Municipal de Luján lo declaró “historiador benemérito de la Virgen de Luján”.
Transitó por última vez la Basílica lujanense, aunque en silla de ruedas, hace exactamente cinco años, el 8 de diciembre de 2004, Día de la Inmaculada Concepción.
Confío que con el tiempo las autoridades lujanenses sabrán reconocer la valiosa e intensa obra historiográfica y pastoral de monseñor Juan Antonio Presas, que costeó de su bolsillo sus investigaciones y casi todas sus publicaciones, dándole su nombre a una calle y a una escuela de nuestra localidad, así como ya debieran haberlo hecho con el doctor Raúl Alejandro Molina, sin cuyos aportes documentales la obra del prelado moronense no hubiese existido, según me lo confesó reiteradamente en las frecuentes visitas con que me honraba.