En lo que va del 2022, se encareció el costo en auto por el aumento de las naftas y los peajes. A eso se le suma que el transporte público acumula quejas de los pasajeros por el mal servicio.
Recorrer los casi 70 kilómetros que separan nuestra ciudad con Capital Federal se volvió un suplicio para los lujanenses que deben viajar diariamente a trabajar o estudiar. Es que, además de los últimos aumentos de nafta y peajes que encarecieron el viaje en auto, se le suma el transporte público que acumula quejas de los usuarios y la reducción de los servicios de las combis privadas.
Llegar en un auto particular hasta la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en forma diaria puede llegar a costar 47 mil pesos por mes. Con el último incremento de los combustibles, la nafta súper más económica que se consigue en nuestra ciudad asciende a los 117 pesos. A un cálculo de consumo ideal de 7 litros por cada 100 kilómetros, se necesitarían unos 10 litros para realizar el viaje de 140 kilómetros aproximadamente (ida y vuelta). Para eso, el conductor debería desembolsar 1.100 pesos cada día.
A eso se le suman los peajes, que este año también tuvieron una fuerte suba. En hora pico (de 7 a 11 y de 16 a 20 horas en ambos sentidos), se cobra 100 pesos por auto en las cabinas de Acceso Oeste de Luján e Ituzaingó. Para llegar hasta el microcentro porteño, hay que agregarle el Peaje Parque Avellaneda de la Autopista Perito Moreno, que asciende a 430 pesos sin TelePase (con pago electrónico la tarifa es la mitad). Sin contabilizar el desgaste del vehículo, la cuenta alcanza los 2.360 pesos diarios para ir y volver a Buenos Aires.
Por supuesto que viajar en el transporte público es mucho más económico. Aunque el servicio está lejos de ser bueno. El principal medio de transporte entre Luján y Capital Federal es la Línea 57 de la empresa Atlántida -tanto en sus recorridos a Once como a Palermo-, que en los últimos meses modificó las frecuencias y los esquemas habituales antes de la pandemia.
La pandemia fue la excusa perfecta. Durante los meses de menor circulación, la empresa aprovechó para retirar servicios. Sin embargo, cuando el movimiento comercial y laboral retomó su normalidad, la mayoría de ellos no se repusieron. Por ejemplo, dejó de circular el 57 directo a Palermo que solía tardar -aproximadamente- 1 hora y 20 minutos, según el tránsito. “Ahora el colectivo a Plaza Italia se parece al viejo ‘lechero’: para en todos lados”, contó una pasajera que el martes pasado subió al colectivo a las 17.30 en Palermo y bajó a las 20 en la parada de la Universidad de Luján.
Por otra parte, en el servicio a Once se espaciaron las salidas de los colectivos tanto desde nuestra Terminal de Ómnibus como desde Plaza Miserere. “Todas las tardes viajando desde Once. Hay hasta 1 hora de espera” solamente para lograr subir a un micro, contó Andrea a este medio.
Otro pasajero habitual dijo que “es un desastre, siempre lleno y viajando como ganado. Eso porque no tienen competencia, además del mal carácter de los colectiveros”. Mientras que Emanuel contó que la semana pasada el chofer “decidió no detenerse en ninguna de las paradas previas (UNLu, Hospital, San Martín y Humberto y Carlos Pellegrini) y nos bajó a todos en la Terminal”. Esto generó acalorados insultos de los pasajeros contra el conductor del micro, quienes además se acercaron hasta la oficina para hacer el reclamo. Estaba cerrada.
Por otro lado, subirse a una combi privada cuesta 500 pesos por viaje. Antes de la pandemia, había prácticamente un servicio por hora, con refuerzos en las horas picos. Ahora, solamente se realizan 12 viajes diarios (seis a Capital y seis a Luján), mientras que los fines de semana no hay salidas.