La renovación del jazz
Ed.Impresa//La agrupación de clara personalidad musical, se presentó el viernes en El Patio de Atrás de El Galpón.
La suma de tres instrumentos, piano, bajo y batería, conformando un sonido con identidad y sólido estilo jazzístico, es la carta de presentación de Pablo Sanguinetti Trío, que pudo escucharse el viernes en los tradicionales encuentros organizados por El Galpón para su Patio de Atrás.
Precisamente, el sostenido diálogo entre ambos ejecutantes y la libertad sonora equilibrada es una característica del trío surgido en 2003, que despertó aplausos en su debut en Luján.
Con 38 años, su conductor ostenta una trayectoria que lo llevó no sólo a consolidar sus estudios con algunos de los más célebres docentes del piano y del jazz, sino a formar parte de agrupaciones musicales que pasearon la música nacional por distintas latitudes del mundo.
Entrevistado por este medio, contó que se inició en la música a los 5 años con el estudio de guitarra, descubriendo el jazz a partir de un disco que la profesora le hiciera escuchar.
“Empecé estudiando guitarra, pero la profesora tenía además un piano. Y con sólo tocarlo entendí que era el instrumento para mí” comenzó explicando con relación a su iniciación en la música, agregando respecto al jazz, que la misma docente le hizo escuchar un disco de un celebrado músico, que lo marcó desde muy adolescente.
A partir de entonces, comenzó a estudiar y prepararse en distintas ramas de la música, con el propósito de ostentar el nivel técnico para generar su música propia.
Pianista, compositor y director del trío, tiene en su haber tres placas, siendo acompañado instrumentalmente en el presente por Pablo Aragone en batería y Diego Pérez en bajo.
Interrogado acerca de la música que interpretan, destacó que incluyen muchas páginas de su autoría, aunque en el último disco hicieron covers. “Fue un abrirse a versionar temas conocidos como el caso de The Beatles, y darles otro aire, más abierto, más jazzero”.
Estilo propio
Respecto a su estilo, respondió que la pregunta era difícil “porque uno está influenciado. Nunca me puse a tratar de diferenciarme de alguien. Siempre hice lo que me salía sin pensar si otro pianista recorre el mismo camino. Hago lo que me sale”.
“En el jazz hay cosas que están pautadas, no es como la música clásica que ya está todo escrito. El jazz está escrito, pero después están las partes que son improvisadas, pero basándose en una armonía, en una estructura”.
Respecto a si es difícil hacerse de un nombre en el mundo del jazz, apuntó que, a su entender, hay varios caminos. “Uno es el camino que estamos haciendo nosotros, de ir tocando en los lugares que se nos van presentando; pero se sabe que hay toda una maquinaria que ayuda a que el grupo se conozca por publicidad, es un camino más corto. El de nosotros, es el de ir tocando en lugares que se nos van presentando.
El tema derivó en cómo se proyecta el jazz en la juventud. “Creo que se está dando en la juventud un acercamiento al jazz. Hay jóvenes más abiertos a los estilos. Creo que antes eran más de escuchar lo que estaba de moda y nada más que eso. Y ahora me parece que hay más apertura. Eso lo demuestra el éxito que logran los festivales de jazz”.
Partícipe de distintas agrupaciones musicales, Pablo comentó que el lugar donde más le impresionó tocar fue en Moscú. “Ahí no hice mi música, pero sí música argentina y fue algo muy fuerte tocar en un país tan lejano y a la vez tan cercano emocional y espiritualmente, porque cuando escuchaban Piazzolla o Alfonsina y el mar, se emocionaban”.
Respecto a su futuro, fue claro. “Tengo idea de hacer música más allá del jazz, que es un lenguaje que a mi me cautivó desde chico, y es un lenguaje que disfruto mucho de crear en tiempo real, componiendo en tiempo real. Pero en mi futuro tengo idea de componer para cuerdas o cuencos tibetanos. El jazz es una parte de mis gustos musicales, que hoy disfruto ejecutar.”
No sin emoción, contó por último, que era su primera presentación en Luján, ciudad a la hacía un montón de tiempo no venía. Aquí fue bautizado y llegaba siempre acompañando a su abuelo, que tenía una especie de compromiso con la Virgen. Por eso, ver las torres de la Basílica desde el Patio de Atrás, no dejaba de emocionarlo.