A comienzos de julio de 1913, Luján fue sede de un Congreso Nacional del Librepensamiento que despertó la furia de los elementos religiosos vernáculos. Una delegación local, conformada en 1908, fue anfitriona.
Hacia fines del siglo XIX, la obra religiosa y militante del sacerdote Jorge María Salvaire, que culminó con el inicio de la construcción de Basílica, logró ubicar a Luján en el centro del catolicismo argentino. Este componente destacado, centrado en la figura de la Virgen, atrajo también recurrentes críticas de un variopinto abanico de anticlericales. Las publicaciones periódicas que se definían de esa manera o representaban a corrientes ideológicas de abierta oposición a toda expresión religiosa, solían incluir crónicas o comentarios despectivos sobre Luján y su influencia católica.
A comienzos de julio de 1913 muchas de esas corrientes confluyeron en una actividad que duró tres días y despertó la furia del poder local en torno a la Basílica. Luján fue sede del V Congreso Nacional del Librepensamiento, actividad convocada por la Liga del Librepensamiento de la República Argentina, fundada en 1908. Desde la Perla del Plata, revista vinculada a Basílica, se apuntó contra “los advenedizos que vienen a turbar nuestra paz y tranquilidad ofendiendo nuestras más dulces creencias”. Y una vez concluido el congreso, la misma publicación calificó a los participantes como “mortales enemigos del pueblo a la par que de nuestra fe”, entre quienes se encontraban también “unas cuantas mujeres emancipadas”.
Las deliberaciones de los librepensadores se extendieron del 4 al 6 de julio. Y permitieron algunas resoluciones, entre ellas el inicio de una campaña nacional a favor de la separación entre Estado e Iglesia y de una ley de divorcio. En esos días se conformó, además, un comité de mujeres. El cierre del congreso incluyó una manifestación frente a la Basílica.
La Perla del Plata consideró que “la población de Luján no simpatizó de modo alguno con esa manifestación que ha sido una afrenta para esta ciudad”. Sin embargo, la convocatoria tuvo como anfitrión a un Comité local de Librepensamiento, conformado en 1908, casi en simultáneo con el nucleamiento nacional. Como otros espacios similares que funcionaban en otras ciudades, el librepensamiento era una etiqueta que agrupaba a corrientes diversas como anarquistas, liberales, socialistas o masones. Su primera comisión tuvo como presidente a José M. Domínguez y vice a Emilio Belloti (éste último había sido director del periódico lujanenses La Justicia, de tendencia anticlerical, que en una oportunidad acusó a Salvaire de presenciar torturas contra un detenido en la comisaría local). Inocencio Pérez, luego primer director de EL CIVISMO, ocupó el cargo de secretario, y José Fagot de tesorero; mientras que Candelario Díaz, Honorato Robba, Juan M. Zufiría y Pascual Torregiani se desempeñaron como vocales.
Varios habían protagonizado, en el verano de 1908, un gran escándalo en el Círculo de Obreros Católicos de Luján, que incluyó la ocupación temporaria de su sede por parte de uno de los bandos en disputa y tumultuosas asambleas. La prensa local se cargó de acusaciones cruzadas. La entidad había quedado dividida en dos bandos, uno afín al perfil religioso tradicional y otro que buscaba eliminar la influencia de los curas hacia el interior de la institución. Los primeros criticaban a sus adversarios por intentar “convertir al Círculo en un centro liberal de tendencias socialistas”, empujados por una “concentración de ideas anticlericales y de ambiciones inconfesables”. El otro sector no dudaba en reconocer que el intento apuntaba a “eliminar la influencia de los frailes y convertir al Círculo en una sociedad cosmopolita, ajena a todo credo político o religioso”. La resolución provincial a favor del bando católico empujó a los librepensadores a conformar un nuevo centro obrero, con idénticas funciones mutualistas que la asociación fundada por Salvaire.