El hombre detrás del micrófono
Ed.Impresa//Desde hace diez años proyecta su estilo a través de FM Nuestra, su radio local. En esta nota, revela sus comienzos y su paso por algunas de las más conocidas emisoras de alcance nacional y la televisión.
Sinónimo de locución en nuestro medio, Rubén Costa atesora un sin fin de vivencias que lo catalogan como un apasionado hombre que no sin tesón, supo abrirse un camino en el panorama nacional de la radio y la televisión.
Nacido en Luján y egresado maestro normal de la Escuela Florentino Ameghino, previo paso por las escuelas 14 y 2, llegó a cursar cuarto año de medicina, pero un día decidió cambiar el rumbo de su futuro y dar rienda suelta a lo que entendía siempre fue su pasión.
“Fue una determinación que cambió mi vida -reconoce ante el periodista. Decidí hacer algo que me gustara. Entonces fui al Iser, Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica, pero la primera vez no pude ingresar”.
Este obstáculo no le impidió ingresar al curso de actores, estudio que más adelante le sirvió para trabajar durante dos años en el ciclo Las Dos Carátulas, en Radio Nacional.
Pero estaba pendiente su anhelo de ser locutor, de estar frente a un micrófono, un sueño que lo apasionó desde muy chico.
La oportunidad llegó un tiempo después, ya que con la experiencia ganada en su trabajo ingresó finalmente al Iser, obteniendo el segundo promedio. “Tuve la suerte de recibirme un viernes y el domingo debuté en Radio del Pueblo”.
Ese día, cuenta, fue a golpear la puerta pero pasó algo extraordinario para él. Le sirvió no sólo para poder decir en toda la tarde la sigla de la radio, sino también conocer a una colega que le informó que estaban probando locutores en canal 7. “Al otro día a la mañana fui temprano a Radio Continental, pido hacer una prueba y me dijeron que no hacían falta locutores. ¿Quien lo manda?, me preguntaron. “Nadie –dije- yo vengo de Luján”. “Quédese un ratito, vamos a ver si podemos hacer algo”, me dijeron. Hice la prueba y luego Carlos Solís me preguntó: ¿Qué tiene que hacer ahora”. “Seguir buscando trabajo, respondí. Pero para mi sorpresa me contestó: “Quédese, que a las 11 va empezar a trabajar hasta la 1”. ¿Puede? Cómo no voy a poder”, le respondí.
“Ese mismo día, después, fui a Canal 7 y me preguntaron lo mismo. ¿Quién lo manda? Soy de Luján, dije, respondiéndome “mañana hay una prueba”. Al otro día, de igual forma, en Radio Continental me dijeron “venga mañana, a partir de las 8”. Y nunca paré de trabajar de lunes a lunes, sábados y domingos, inclusive”.
Más adelante Rubén se vinculó con Radio El Mundo, Mitre, Antártida, Excelsior, Del Plata y otras, pero su trabajo efectivo fue en Canal 7.
“Tuve la suerte de trabajar con todos los que eran mis ídolos”, expresa con satisfacción, y enumera a muchos de los nombres con los que se vinculó con el paso de los años: Anselmo Marini, Ricardo Jurado, Ignacio de Soroa, Jorge Fontana, Enrique Mancini, entre otros. Cuando vino el cambio de Canal 7 a ATC y la televisión color, recuerda, tuvo un montón de posibilidades. “El día que se instauró la democracia en el 83, hicimos la locución junto con Nelly Álvarez y Nelly Trenti; trabajamos 26 horas sin parar con el resultado del escrutinio”. Pero antes, en Mitre, junto con Juan Carlos Mareco hizo Cordialmente y en televisión los micros con los políticos en el espacio asignado por el Ministerio del Interior. “Tuve la oportunidad de presentar a todos y tratarlos; trabajé como locutor de Presidencia en muchas oportunidades, desde la época de los militares hasta la entrada la democracia. La última presidencia fue con De la Rúa. Hasta el 2001 trabajé en Buenos Aires”.
Evocando ese tiempo, puntualiza que su labor se extendió desde el 74 al 2001. “Estaba cansado de viajar, perdí muchas cosas porque le dediqué mucho tiempo. Me iba a la madrugada y volvía de noche, muy tarde. A mi hija la veía dormida cuando me iba y volvía. Si bien tuve la satisfacción de que la locución me dio todo lo que quería, incluso el programa “El Gran Debut” durante 9 años y “Estudio Abierto”, el fuerte mío era la locución en off. Gané el Martín Fierro con “Los Creadores”, el Premio Santa Clara de Asís, el San Gabriel, el Premio Seguridad Nacional que otorgaba Gendarmería por el programa “Folklore de Gala” de Radio Continental en el que colaboraban Estela Etchegoin con el libro y Chingolo Scarnato en la música.
“Paralelamente a esa actividad, con mi voz tenía presencia en congresos, presentación de productos, festivales, convenciones, desfiles, todo lo que hace a la locución en sí, porque te abre la posibilidad de contactarte y aprender permanentemente. Estando en Buenos Aires tenés que exigirte día a día por la sencilla razón de que todos saben más que vos. Y uno siendo de la provincia, quiere absorber la capacidad de aquellos que tienen mucho conocimiento. Me gustaría una transfusión de inteligencia. Envidio sanamente la capacidad e inteligencia de las personas. Es lo único que envidio. La locución me dio la posibilidad de conocer a mucha gente y estando en Buenos Aires, uno está más aggiornado en todo. Uno nota la diferencia. Ahora que estoy un poco más alejado cuando me encuentro con mis compañeros me cuesta seguirles el ritmo, porque siguen actualizados al ritmo de lo que pasa, mientras nosotros nos enteramos diez o quince días después de lo que ocurre. Allí está la cocina, porque se dice que Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires y es así”.
Luego me dediqué a hacer lo mío en Luján. Era mucho el tiempo que estaba fuera de casa; me costaba viajar y quise cambiar. Además hay una renovación generacional en todo esto y consideraba que lo mío estaba cumplido a nivel en Buenos Aires. Pensé que podía traer mi experiencia al ámbito de Luján, ciudad a la que siempre estuve en contacto por distintas actividades. Creí que era el momento y cuando se me presentó la oportunidad de tener la radio la tomé y me dije: “vamos a hacerlo en serio. Aunque hay muchas radios, que la gente elija”.
“Mi profesión me gusta, la amo y soy respetuosa de ella. Uno no pide permiso para entrar en la casa y la gente tiene la gentileza de sintonizarte. Además hay que hablarle correctamente, con buen gusto, de buena manera, sin chabacanería, por la sencilla razón de que te permitieron ingresar en su casa. Que pueda escucharte la abuela, la madre o la hija sin avergonzarse de lo que está saliendo en la radio o la televisión. No me meto en chusmeríos y quilombos políticos. Muchos tratan de sacar ventaja por una moneda sin importar lo que dicen. Es tristísimo. Muchos piensan que por estar frente al micrófono pueden decir lo que quieran, pero al micrófono hay que tenerle respeto. Primero y fundamental, por el oyente; después tirarle algún contenido, incorporar información, conocimiento, actualidad, recreación, solidaridad. Es inmediata, proyecta lo que está pasando en todas partes del mundo.
“Ahora hice un desafío. Me tienen que pagar todos los oyentes con una goma, un lápiz, un cuaderno, un par de zapatillas viejas. Quiero que en Luján todos los chicos vayan a la escuela y no les falte un guardapolvo o un lápiz. E invito a todos los medios a que hagan lo mismo, que pidamos a la gente, Cáritas lo va a recibir y la Acción Católica se va a encargar de su distribución. Que no haya un chico que diga a su maestra que el día anterior no fue a clase porque le prestó las zapatillas al hermano. Ojalá todos los chicos de Luján puedan ir a la escuela no con lujo, pero ya hay gente que me ha llamado y me han dicho “lo apoyo. La radio tiene que servir para informar, para solidarizarse para mantener un espíritu.
“A la mañana no arranco con pálidas, sino cargando las pilas de la gente. Los problemas se presentan diariamente. No podemos ignorar la realidad porque sería un absurdo, pero aspiro a una radio no tremendista ni amarilla, que cargue a la gente con bronca a primera hora de la mañana. Por el contrario, brindo una cuota de optimismo porque los problemas los va a encontrar a la vuelta de la casa y no se lo vamos a solucionar. Pero por lo menos, cuando arranca a la mañana, aspiramos lo haga con una cuota de optimismo, para salir a enfrentar la vida de otra manera”.
Logros y algo más
Paralelamente a su función, Rubén fue delegado de locutores, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Locutores, director de la obra social de Locutores y en algún momento, colegas que fueron sus profesores, resultaron sus empleados porque terminó como jefe de locutores y gerente de promoción de Canal 7.
“Para mí el valor de las cosas está en las acciones. Pido salud para seguir viviendo tranquilamente. No viajo a Europa todos los meses ni me interesa. Sí me gustaría viajar de vez en cuando pero no tengo vicios caros. Agradezco tener la suerte de vivir y vivo de lo que me gusta, no en la opulencia. Para mí la satisfacción mayor es poder aportar algo a la comunidad. Me da satisfacción caminar por la calle libremente, saludar a todo el mundo y que todo el mundo te respete. Como yo respeto a la gente, recibo ese respeto hacia mí. No tengo aspiraciones desmedidas, sigo haciendo lo mío en la radio y en la televisión en el orden local, y a veces no se hace mejor, porque la técnica no lo da o porque la capacidad no me da para más.
“Pero pongo en cada momento lo máximo para no mentirle a la gente Lo que uno hace tiene que ser auténtico, si no no sirve”.
El descubrimiento de la vocación
De sus recuerdos de niño cuenta que además de ir a la escuela y pertenecer a una familia humilde, le gustaba hacer teatro, actividad que concretó a los 14 años en la Escuela Normal con Héctor Atela, hoy primera figura en Chile, entre otros nombres.
Pero le gustó siempre el micrófono, desde la época de primaria. Revela que a los cuatro años un tío, técnico de un negocio de radio, se apareció en el casamiento de una prima con un micrófono y se volvió loco. Por entonces solía pararse y apasionarse ante Publicidad Oral Luján, en San Martín 11, o cuando pasaba el autito de Mendoza y veía al hombre que hablaba con ese aparatito. “El misterio de la transmisión me volvía loco”, reconoce, y aunque dice no tener oído, un hombre arriba del escenario frente a un micrófono siempre lo apasionaba.
Aunque cuando decidió ser locutor o artista, como expresaban algunos de sus familiares creían que lo hacía para no trabajar, Rubén se relacionó con el mundo laboral desde chico. Mientras estuvo en la escuela secundaria pintó carteles en la publicidad de Juan Carlos Román, de la calle Dean Funes 1083. Después trabajó en la Municipalidad y fue el primer empleado que tuvo la Terminal de Ómnibus; después pasó a la Municipalidad pero por entonces ya viajaba a estudiar y ni bien terminaba de trabajar, urgente se iba a Buenos Aires, “porque no había que perder contactos”.