El talentoso guitarrista falleció este domingo en el Hospital Zonal General "Nuestra Señora de Luján". Formó parte de bandas como Roll, Santuca, Genjibaros, Rueda de Metal, entre muchas
El rock de Luján y la música en general están de luto. Esta mañana, en el Hospital Zonal General "Nuestra Señora de Luján", falleció Alberto Miglioranza, más conocido como "Miyo", el guitarrista más importante y talentoso que dio la escena local. Había sido internado días atrás por una recaída en su delicada salud. Tenía 58 años.
Desde sus primeros acordes en los años 80, cuando debutó en el Club Atlanta siendo apenas un adolescente, hasta sus últimas presentaciones, "Miyo" nunca se detuvo. Su guitarra sonó en bandas como Roll, Santuca, Secta Cactus, Genjibaro, Héroes y Tumbas, Ruedas de Metal, Empiezo el Lunes, El Negro y Los Albertos y muchas otras, siempre con su sello inconfundible.
Su virtuosismo lo convirtió en una referencia, un músico admirado tanto por la élite del rock nacional como por aquellos que recién daban sus primeros pasos.
Si Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota inmortalizaron "La Gran Bestia Pop", yo siempre le dije a Miyo, cariñosamente, "La Gran Bestia Rock" y no le disgustaba aunque le daba un poco de vergüenza tamaña reverencia. Porque era distinto, un fuera de serie, un as de la guitarra. Lo admiré y lo seguiré admirando.
Era un rockero de tiempo completo, un músico las 24 horas. Participaba activamente en el grupo de WhatsApp "La Caja de los Hallazgos", donde se sentía feliz de compartir música, anécdotas y proyectos.
Nunca buscó homenajes ni reconocimiento, aunque en el último tiempo comenzó a aceptarlos con gratitud. Así lo demostró en la Fiesta del Pueblo en Jáuregui, donde recibió un galardón más que merecido, o meses antes, cuando tocó en la Plaza Belgrano rodeado de amigos de toda la vida.
Hincha de Club Luján y fanático de Boca Juniors, su pasión por el fútbol iba de la mano con su amor infinito por la música.
El fin de semana pasado, trabajó como monitorista de La Renga en su show en Mendoza, un vínculo que trascendía lo profesional: los integrantes de la banda de Mataderos lo querían de manera especial.
"Miyo" tocó con todos y en todas partes, desde su querida Luján hasta escenarios de renombre en el país. Su forma de tocar lo emparentaba con Pappo: fuerza, sentimiento y una técnica impecable. Siempre con su guitarra inseparable, esa que tenía un calco de dos ojitos pegados como un sello personal, una extensión natural de su propio cuerpo.
Pero "Miyo" no era solo música. Sabía de cine como pocos, tenía un gran conocimiento del arte en general y le apasionaba el fútbol.
Tenía carácter, no dudaba en expresar su descontento cuando algo no le gustaba, pero era un tipo noble, agradecido con quienes le dieron una mano en su camino.
En su casa de la calle Lamadrid, su estudio de grabación era también sala de ensayos, un refugio donde podía pasar horas tocando sin parar, donde todos eran bienvenidos. Su lugar en el mundo.
Su legado musical es inmenso. Deja canciones inolvidables, pero hay una que lo representa de manera especial: "Gracias por la Música". Un verdadero himno del rock lujanense que dice: "Mis dioses son de acá e iluminaron el cielo con canciones", "gracias por la música que llena el corazón".
Hoy, el dolor nos atraviesa, pero también la certeza de que "Miyo" no se va del todo. Su música, su espíritu y su talento lo transforman en leyenda. Gracias por todo Miyo querido. Hoy y siempre, tu guitarra seguirá sonado. Gracias por tu música por llenar muchos corazones.