Las homilías de Jorge Bergoglio en Luján

Desde 1999 hasta 2012 encabezó la misa central de la Peregrinación Juvenil en ocho ocasiones.

Durante la misa celebrada el 3 de octubre de 1999, en el marco de la 25ª Peregrinación Juvenil, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio —luego Papa Francisco— ofreció una homilía profundamente emotiva y centrada en la figura de la Virgen María.

Con un tono cálido y pastoral, invitó a los fieles a contemplar la mirada de la Virgen como un verdadero refugio espiritual. Bergoglio destacó el poder de esa mirada, que definió como "un regalo" que no se compra, sino que se recibe con humildad.

Recordó cómo Jesús, desde la cruz, al mirar a su Madre, la convirtió en Madre de todos nosotros. Y cómo, muchos años antes, el Padre la había mirado en su pequeñez y la había hecho Madre de Dios. Esa doble mirada —la del Padre y la del Hijo— se continúa, según el cardenal, en la mirada que María nos dirige hoy.

"Madre, regálanos tu mirada", fue el lema elegido ese año y la súplica que repitió a lo largo de su mensaje, afirmando que en esa mirada se halla la misericordia de Dios, el consuelo del cansado y la fuerza del peregrino.

El cardenal también había llamado a mirar con ojos de María a los más olvidados: los pobres, los enfermos, los chicos de la calle, los jóvenes sin rumbo. Y pidió no permitir que nos roben esa mirada de ternura, frente a los “mercachifles” de promesas vacías.

Finalmente, exhortó a construir una "cultura del encuentro" y a dejar que la mirada de la Virgen transforme nuestras propias miradas para hacernos más hermanos, más solidarios y más cercanos a Jesús.

SEGUNDA

La segunda homilía que dio en la Plaza Belgrano fue el 1º de octubre del año 2000, el entonces arzobispo de Buenos Aires, pronunció un mensaje centrado en el deseo profundo de fraternidad y encuentro entre los argentinos.

Bajo el lema “Madre, que veamos a Jesús en cada hermano”, Bergoglio alentó a los jóvenes a caminar juntos el sendero del amor solidario. “El amor entre hermanos nos cuesta, pero lo pedimos”, expresó frente a una multitud de peregrinos que llegó a la Basílica después de recorrer casi 70 kilómetros.

Bergoglio planteó que ese esfuerzo tenía sentido porque representa la lucha diaria por no ser indiferentes ante el dolor ajeno, por no caer en la fragmentación social, y por construir, en cambio, una “cultura del encuentro”.

Recordó que María también hizo un largo camino para traernos a Jesús, y que esa actitud de entrega debe inspirar a los jóvenes a vivir con generosidad, pasión y fidelidad. “Ustedes que viven todo con pasión —les dijo— ¿no se animan a vivir este camino del amor con Jesús, del amor entre hermanos?”

En el contexto del Año Santo Jubilar, Bergoglio destacó que el nacimiento de Jesús no es solo un recuerdo litúrgico, sino un llamado a encarnar su presencia en el prójimo.

Animó a no claudicar en la fraternidad, y a seguir el ejemplo de la Virgen, que acoge sin juzgar. “Vinimos a encontrarnos con este amor sincero y ofrecido de Jesús —cerró— que siempre deja una huella de esperanza en el corazón.”

Una esperanza que, según el entonces arzobispo, es vital para seguir caminando juntos como pueblo.

TERCERA

La tercera homilía en el marco de la 30ª Peregrinación Juvenil, celebrada el 3 de octubre de 2004, fue bajo el lema “Madre, ayúdanos. Queremos ser un solo pueblo”.

El purpurado volvió a centrar su mensaje en la necesidad de unidad, fraternidad y cuidado mutuo. “Hace treinta años, la juventud peregrinaba hasta aquí pidiendo por la Patria. Hoy nos une ese mismo sentimiento”, recordó Bergoglio, y remarcó que esa caminata de fe, silenciosa y cargada de intenciones, habla de un pueblo que no deja de confiar en la protección de la Virgen.

“Aquí estamos juntos, recibiendo los mismos cuidados de la Madre”, expresó. El cardenal destacó ese año que en la casa de María —la misma donde muchos fueron bautizados o traídos de niños— se han reconstruido numerosas vidas, y se ha cimentado el deseo profundo de ser familia.

“No necesitamos ideologías revanchistas que pretendan redimirnos. Nos basta su cariño de Madre”, afirmó con firmeza. Bergoglio evocó también la imagen de María sosteniendo el cuerpo de su hijo después de la cruz, como símbolo del amor que consuela y fortalece.

Ese mismo amor, dijo, es el que hoy se llevan los peregrinos de regreso a casa, con la misión de sostener también a otros. “Vinimos a dejar lo que no podemos cargar solos”, concluyó.

“Y nos vamos renovados, con el corazón descansado y con la certeza de que la Virgen quiso quedarse para protegernos.” Un mensaje de esperanza, en medio de un país que aún busca reencontrarse.

CUARTA

Durante la tradicional Peregrinación Juvenil, celebrada el 5 de octubre de 2008, Bergoglio ofreció una homilía profundamente centrada en la necesidad de aprender a escuchar.

Bajo el lema “Madre, enseñanos a escuchar”, el arzobispo porteño habló ante miles de peregrinos que colmaron, como siempre sucede, la plaza frente a la Basílica.

“María, al pie de la cruz, supo escuchar a Jesús cuando le dijo: ‘Ahí tenés a tu hijo’. Hoy, vuelve a escucharlo y nos mira como madre”, expresó Bergoglio.

Con su tono sereno pero firme, subrayó que la Virgen fue la primera discípula de Cristo, no por su protagonismo, sino por su capacidad de escuchar con el corazón.

“Nunca cerró su corazón a la palabra de Jesús”, señaló. A lo largo de su mensaje, el cardenal interpeló al pueblo argentino con una pregunta que resonó fuerte: “¿Qué difícil que es aprender a escuchar, no es cierto?”

Habló del dolor de quienes no encuentran a alguien que les preste atención, del apuro que muchas veces impide oír al otro, y del egoísmo que borra al prójimo del propio panorama.

“Escuchar al otro es detenerse un poco en su vida”, dijo, y lamentó que, en la familia, el trabajo y la sociedad se pierda esa posibilidad por imponer siempre la propia voz.

“Somos un pueblo que necesita aprender a escuchar y ser escuchado”, afirmó. La homilía concluyó con una súplica coral que emocionó a los presentes: “Madre, enseñanos a escuchar”, repetida tres veces. Un clamor simple, urgente y profundamente humano que sintetizó el espíritu de esa jornada de fe.

QUINTA

Con una fuerte apelación a la fe, la fraternidad y la necesidad de recuperar la esperanza, el encabezó la homilía de la 35° Peregrinación Juvenil a Pie a Luján, el 4 de octubre de 2009.

“Madre, tu mirada renueva nuestra esperanza” fue el lema que guió la celebración y que, repetido como oración, se convirtió en el corazón del mensaje del por entonces arzobispo de Buenos Aires.

Bergoglio destacó el valor del peregrino silencioso, que avanza en medio del ruido con el corazón cargado de la vida de otros hermanos. “Este pueblo viene trayendo oraciones como ofrenda”, dijo, al tiempo que subrayó la importancia de saberse mirado por la Virgen con ternura.

“Ese encuentro con María no tiene tiempo. Nos mira, y nos hace sentir más hermanos, más pueblo”, dijo

El cardenal llamó a cuidar la esperanza como un bien esencial, y advirtió sobre los peligros de perderla. “Que no nos roben la esperanza”, repitió una y otra vez.

También recordó a los “descartados”, a quienes “la vida les fue probada mal”, y pidió que la Virgen los mire con especial cariño. “Son tus hijos, Madre, fortaléceles el corazón”, clamó.

La homilía fue, también, un llamado a la unidad del pueblo argentino. “Solo siendo hermanos vamos a fortalecer la esperanza”, expresó. Y cerró con una súplica cargada de fe y emoción: “Madre, no nos sueltes de tu mano”.

Como cada año, la Basílica fue testigo de una multitud que encontró en la palabra de Bergoglio y en la mirada de María una fuente renovada de fuerza y consuelo.

SEXTA

En el marco de la 36° Peregrinación Juvenil al Santuario de Luján, pidió por una Argentina sin excluidos, donde todos tengan lugar y dignidad. “¡Aquí están tus hijos, Madre!”, exclamó al iniciar su mensaje, evocando el momento del Evangelio en que Jesús entrega a su Madre al discípulo.

“Jesús nos dejó el mejor regalo: su Madre, que es nuestra Madre”, recordó. Bergoglio destacó el valor de Luján como casa de encuentro y confianza, un espacio espiritual que atraviesa generaciones. “Aquí renovamos la dignidad de personas, porque la Virgen nos lleva a Jesús”, expresó.

El entonces arzobispo hizo un llamado directo a la unidad nacional, con especial énfasis en el contexto del Bicentenario. “Madre, queremos una Patria para todos”, repitió como oración, y pidió que no haya “sobrantes”, excluidos ni explotados. “Que nadie sea despreciado. Que no crezca el odio entre nosotros. Que el rencor, ese yuyo amargo que mata, no eche raíces en nuestro corazón”.

La homilía fue también un acto de reconocimiento a los peregrinos anónimos que construyeron con fe y esfuerzo este lugar sagrado. “Nuestros mayores nos enseñaron a confiar. La Virgen prometió cuidarlos, y nosotros seguimos esa misma esperanza”.

Con un cierre cargado de fervor, Bergoglio volvió a implorar: “Madre, no nos sueltes de tu mano”. En Luján, una vez más, la fe se hizo Patria.

SEPTIMA

El 2 de octubre de 2011, durante la 37ª Peregrinación Juvenil presidió la misa central con un mensaje claro y conmovedor: la urgencia de cuidar toda vida, especialmente la de los más vulnerables. Bajo el lema “Madre, ayúdanos a cuidar la vida”,

Bergoglio centró su homilía en la figura de la Virgen María como madre protectora que permanece junto a la cruz de su hijo y junto al sufrimiento de cada ser humano.

“Ahí donde hay una cruz, en el corazón de cada hijo suyo, está nuestra Madre”, afirmó el arzobispo, recordando que María sigue velando por quienes atraviesan momentos de dolor o abandono.

El mensaje del futuro Papa Francisco estuvo atravesado por un fuerte llamado a la esperanza: “Cuidar la vida entraña sembrar esperanza”. Y advirtió: “Un pueblo que no cuida a sus niños y a sus ancianos comenzó a ser un pueblo en decadencia”.

En ese sentido, definió a los niños como la fuerza que impulsa la Patria y a los ancianos como el tesoro de sabiduría que la guía.

Durante la misa, celebrada en un contexto especial por las obras en la Basílica, Bergoglio destacó que la Virgen salió simbólicamente a la puerta a recibir a sus hijos peregrinos. “Vinimos hasta tu casa porque necesitamos pedirlo”, expresó, invitando a los fieles a consagrarse nuevamente a la Virgen.

La homilía concluyó con una plegaria coral y repetida por miles de voces: “Madre, ayúdanos a cuidar la vida”, una súplica que sintetizó el espíritu de la peregrinación y la necesidad de una sociedad más compasiva y comprometida con el otro.

OCTAVA

Su última homilía en Luján fue el 7 de octubre de 2012, cuando presidió la misa central de la 38ª Peregrinación Juvenil al Santuario de Luján, con un mensaje que puso el foco en la necesidad de construir una sociedad más justa.

Ante miles de fieles, y bajo el lema “Madre, enséñanos a trabajar por la justicia”, remarcó el valor del compromiso, la oración y la fraternidad. En su homilía, Bergoglio recordó el pasaje evangélico en el que Jesús, desde la cruz, entrega a su Madre al discípulo amado.

“Nuestros caminos están protegidos por ellos dos”, dijo, y definió al Santuario de Luján como “la Casa de la fe de nuestra Patria”.

Subrayó que el pedido por la justicia surgió de los mismos peregrinos y que rezar por ella es una expresión profunda del deseo de ser “buenos hijos y buenos hermanos”.

El cardenal sostuvo que “ser recibidos y escuchados es un gran acto de justicia”, y destacó el valor de mirar la vida con el corazón sereno, desde Dios. “Él es el gran Justo”, dijo.

En ese sentido, llamó a dejar de lado la mirada egoísta y a comprometerse con el bien de los demás. “Que no se diga de nosotros: ‘este hace la suya’”, expresó.

Finalizó su mensaje invitando a pedirle a la Virgen “el silencio de la oración”, y la fuerza necesaria para trabajar por la justicia en la vida cotidiana. “No vamos a poder ser justos si no lo rezamos”, afirmó.