El hecho sucedió el lunes de la semana pasada. Los delincuentes golpearon, mantuvieron como rehenes y dejaron encerradas a sus víctimas. Se llevaron unos 120 mil dólares, un vehículo y numerosos objetos de valor.
Un brutal asalto bajo la modalidad “entradera” tuvo como objetivo a una familia que reside en una casa de campo ubicada en las afueras de Luján y dejó al descubierto el accionar organizado de una banda que actuó con extrema violencia, planificación y aparentemente conocimiento previo de los movimientos de las víctimas.
El hecho, ocurrido el lunes por la noche de la semana, derivó en una rápida investigación que permitió la detención de dos sospechosos, aunque los investigadores creen que el resto del grupo continúa prófugo. Todo comenzó cerca de las 20.30, cuando las víctimas —un hombre, su esposa y su suegra— terminaban de cenar.
La tranquilidad del hogar se quebró de manera abrupta cuando cinco delincuentes irrumpieron por una puerta que conecta la cocina con el quincho. Estaban vestidos con ropa camuflada, usaban guantes, y portaban armas de fuego —entre pistolas y lo que describieron como fusiles recortados—.
“Entraron gritando y golpeándonos”, relató el dueño de casa, quien sufrió una violenta agresión que le dejó el ojo completamente inflamado y con sangre. Su esposa y su suegra también recibieron golpes en la cabeza, en una escena que rápidamente se transformó en una pesadilla.
Bajo amenazas constantes, los asaltantes exigían dinero de manera insistente: “¿Dónde están los dólares? ¿Dónde está el cofre?”, repetían mientras reducían a la familia.
Dos de los delincuentes se encargaron de mantener a las víctimas bajo control, apuntándolas con armas, mientras los otros tres comenzaron a revolver cada rincón de la vivienda.
Cajones abiertos, muebles desordenados, pertenencias arrojadas al suelo: la búsqueda era frenética y estaba claramente orientada a encontrar dinero en efectivo o una caja fuerte.
En medio del ataque, el propietario intentó calmar la situación y señaló que tenía una pequeña suma de dinero en su oficina dentro de la casa. Allí fue llevado por uno de los asaltantes, quien no dejó de apuntarlo mientras revisaba todo.
El hombre les mostró un compartimento donde guardaba unos 300 dólares en billetes de baja denominación, que utilizaba para viajes. Sin embargo, esa suma resultó insignificante para los delincuentes, que redoblaron la presión.
La violencia y el estrés desencadenaron un cuadro de salud crítico en la víctima. “Me vino un principio de ACV, me deslicé al suelo y respiraba con dificultad”, recordó. Aun así, los delincuentes continuaron con su accionar, ignorando la situación.
En paralelo, en otra parte de la vivienda, su esposa permanecía en el suelo, cubierta con una frazada y con las manos atadas, mientras su suegra seguía bajo amenaza.
En un momento, los asaltantes preguntaron si había más personas en el lugar. El hombre respondió que, al fondo del comedor, había una puerta que conducía a la casa de su hijo.
Tres de los delincuentes se dirigieron allí y capturaron tanto al hijo como a su pareja. El joven fue atado de manos, mientras que a ambos también los sometieron a interrogatorios violentos en busca de dinero.
Fue entonces cuando el golpe tomó una dimensión aún mayor. Bajo amenazas, los delincuentes obligaron a la pareja del hijo a acompañarlos en su propio vehículo hasta una oficina ubicada en el centro de Luján, donde la familia tiene una actividad comercial vinculada a una aseguradora. Allí lograron apoderarse de unos 20 mil dólares.
Tras obtener el botín, los delincuentes regresaron a la vivienda. Mientras tanto, en la casa, otro de los integrantes de la banda logró encontrar un cofre en la propiedad del hijo, donde había una cantidad significativa de dinero: 100 mil dólares.
Según se pudo establecer luego, los asaltantes se llevaron alrededor de 120 mil dólares, dinero que la familia tenía previsto utilizar en una operación inmobiliaria que debía concretarse en los días siguientes.
Esa circunstancia reforzó la hipótesis de que los atacantes contaban con información previa sobre la existencia de efectivo en el lugar.
El saqueo fue total. Además del dinero, los delincuentes robaron cinco armas de caza, cartuchos, teléfonos celulares, piezas de platería, relojes y otros objetos de valor. Incluso, rompieron sectores del cielorraso en al menos tres ambientes, en una búsqueda desesperada por encontrar más dinero oculto o cajas fuertes.
Finalmente, tras más de dos horas y media de terror, los asaltantes decidieron retirarse. Antes de escapar, encerraron a las víctimas en un baño junto a la novia del hijo, cerrando la puerta con llave.
Minutos después, el joven logró derribar la puerta y liberar a todos. Desesperado, salió a buscar ayuda a la casa de un vecino, desde donde llamó al 911.
En pocos minutos llegó el primer patrullero de la Comisaría Luján Segunda, seguido por un amplio despliegue policial que incluyó a peritos de la Policía Científica y al fiscal de turno. Las tareas en el lugar se extendieron hasta las 4 de la madrugada.
Al día siguiente, la investigación comenzó a arrojar resultados. El vehículo utilizado por los delincuentes —una camioneta Ford modelo Bronco propiedad de las víctimas— fue hallado en la localidad de Caseros, cerca de la avenida General Paz, con las chapas patentes adulteradas.
Ese hallazgo resultó clave para avanzar en la identificación de los sospechosos. La causa quedó en manos de la DDI Luján, que desplegó un trabajo intensivo de análisis de cámaras de seguridad, tanto públicas como privadas, y tareas de inteligencia.
A partir de esas diligencias, lograron identificar a varios integrantes de la banda y establecer vínculos con un domicilio en el partido de San Martín. En ese contexto, en las últimas horas se realizaron allanamientos que derivaron en la detención de dos hombres: Luis Ángel Cuenca, de 35 años, y Raúl Aníbal Cuenca, de 36, quienes serían hermanos y estarían directamente implicados en el hecho.
Durante los procedimientos, además, se secuestraron armas, vehículos y otros elementos considerados de interés para la causa. Pese a estos avances, los investigadores consideran que la banda está integrada por más personas, por lo que continúan las tareas para dar con el resto de los involucrados y recuperar la totalidad del dinero sustraído.
El caso genera una fuerte preocupación no solo por el monto del robo, sino por el nivel de violencia ejercido y el grado de organización demostrado por los delincuentes, que actuaron durante varias horas con total impunidad.
En ese marco, el fiscal a cargo de la investigación, Germán Petoello, envió un mensaje contundente a la familia asaltada: “la investigación se le va a dar toda la atención posible porque lo que más nos importa es que este tipo de bandas sientan que Luján no es un lugar para venir a robar”.
La frase sintetiza el desafío que enfrenta la Justicia y las fuerzas de seguridad como es la de desarticular organizaciones delictivas cada vez más sofisticadas y evitar que hechos de esta magnitud se repitan. Mientras tanto, las víctimas intentan recuperarse del trauma de una noche que difícilmente puedan olvidar.