Tiene 14 años, juega en Vélez Sarsfield y recientemente fue convocada para participar de los entrenamientos de la Selección Argentina Sub-15. La historia de una joven lujanense que persigue sus sueños con una pelota en los pies.
Desde muy chica, Paloma Martín supo que quería jugar al fútbol. Mientras otros intereses podían esperar, para ella la pelota siempre ocupó un lugar especial. Con apenas edad de jardín de infantes comenzó a dar sus primeros pasos en CEFIJ, la escuelita de fútbol infantil conducida por el profesor Daniel Peralta, donde empezó a desarrollar una pasión que con el paso de los años se transformaría en un proyecto deportivo cada vez más ambicioso.
Tras dos años de formación, llegó una nueva oportunidad. Sergio “Chirola” Roldán, por entonces entrenador de la Primera División de fútbol femenino de El Frontón de San Andrés de Giles, le propuso sumarse a las divisiones inferiores de la institución. Paloma y su familia no dudaron demasiado: era un nuevo desafío y una posibilidad para continuar creciendo.
Su paso por el conjunto gilense sería determinante. A partir de una gestión del exarquero Marcelo Pontiroli, Paloma fue observada por un captador de jóvenes futbolistas, quien reparó en sus condiciones y le abrió la puerta a una prueba en Vélez Sarsfield.
Con su mochila cargada de ilusiones, fútbol y sueños, la joven lujanense llegó hasta la Villa Olímpica de Vélez, en el Camino del Buen Ayre. La prueba duró cuatro o cinco días y, finalmente, recibió la noticia que esperaba.
“Fue una prueba de cuatro o cinco días y al cabo de ese tiempo el cuerpo técnico dio el visto bueno para que quedara de manera definitiva”, recordó Paloma sobre su llegada al Fortín.
Desde entonces, su rutina se volvió mucho más exigente. Cuatro veces por semana viaja desde Luján para entrenarse en la Villa Olímpica, siempre con el acompañamiento de su familia. Además, suma una práctica individual semanal en Mentegol, donde trabaja ejercicios de fuerza junto al profesor Federico Marrafeiro.
Pero el fútbol no ocupa todo su tiempo. Paloma también debe combinar las exigencias deportivas con sus estudios y otras actividades. Hay días en los que, incluso, asiste a sus clases particulares de inglés antes de emprender el camino hacia un nuevo entrenamiento.
Categoría 2012, Paloma compite actualmente en una división superior a la que le corresponde por edad. Se desempeña como mediocampista, en la función de volante mixta, y ya tuvo la oportunidad de marcar goles importantes con la camiseta de Vélez.
Sin embargo, uno de los momentos más importantes de su joven carrera llegó recientemente. Paloma fue convocada, junto a Lourdes Ferrando, para participar de los entrenamientos de la Selección Argentina Sub-15 en el Predio Lionel Andrés Messi de Ezeiza, bajo la conducción técnica de Clarisa Huber y Ezequiel Vidal.
“La noticia me la dieron un martes. Ahí me enteré en Vélez que tenía que ir a entrenar al predio de Ezeiza los miércoles y jueves. En ese momento sentí muchísima emoción y, en lo personal, me pareció una recompensa a mi esfuerzo. Me sentí muy contenta y feliz de poder vivir esa experiencia, que era uno de mis sueños”, contó.
La convocatoria representó un reconocimiento al camino recorrido, pero también abrió la puerta a nuevos desafíos. Desde aquella nena que comenzó a jugar al fútbol en una escuelita formativa de Luján hasta los entrenamientos con la camiseta de la Selección hay un recorrido construido con esfuerzo, constancia y el acompañamiento de su familia.
Paloma Martín tiene apenas 14 años y muchas páginas todavía por escribir. Entre sus sueños aparecen llegar algún día a la Selección Mayor, disputar un Mundial con la camiseta argentina y, más adelante, tener la posibilidad de jugar en Europa.
También imagina compartir una cancha con algunas de sus grandes referentes: Daiana Falfán, de la Selección Argentina, y la española Aitana Bonmatí.
Por ahora, el sueño sigue creciendo. Y para Paloma, aquella pelota que empezó a rodar cuando todavía estaba en edad de jardín de infantes ya la llevó desde Luján hasta el Predio Lionel Andrés Messi. El resto de la historia, todavía, está por escribirse.