Un sueño a toda marcha

Ed.Impresa//Desde hace un tiempo, en soledad y a todo pulmón, encara la restauración de la esquina de Lavalle e Italia, donde proyecta la instalación de dos microcines y locales comerciales. Un anhelo que espera concretar para devolver el cine a Luján.

El lugar, que en las últimas décadas tuvo distintos destinos comerciales, acosado por el tiempo, comenzó desde hace algunos meses a recuperar su fachada y de ella, también su antiguo buzón.
La esquina de Lavalle e Italia en plena etapa de renovación, permite divisar lo que serán tres locales comerciales, ocultando la construcción de dos salas destinadas al séptimo arte que tendrán entrada por Lavalle.
Artífice de esa empresa es Eduardo Rosso, quien ante la curiosidad periodística, se prestó a la entrevista y adelantó algunos detalles de la obra proyectada.
"Estoy vinculado al cine desde hace años, cuando con Jorge Caricato inauguramos la sala del Cine Teatro Luján. Por entonces junto a gente vinculada a la Asociación Casa de la Música, sabíamos que había una sala muy hermosa en Luján desperdiciada. Empezamos a trabajar con la idea de hacer espectáculos pero cuando el video tomó auge muchos compañeros se fueron y quedamos Jorge y yo, y pensamos que era importante devolver el cine a Luján. Nos decían que estábamos locos porque ya había surgido el primer video club".
Evocando aquel tiempo, destacó que esa empresa fue un gran desafío ya que les costó ponerlo en condiciones. Lo mantuvieron durante años aunque esa etapa culminó con el cambio de la cúpula sacerdotal. Al venir gente nueva hubo una mala información de lo que habían arreglado y debieron dejar. Pero aclaró que paralelamente ya habían iniciado el arreglo del Cine Numancia.
Con relación al tema, recordó que había gente de afuera interesada, y ellos que tanto trabajaron para abrir el Luján, hicieron lo posible para tomarlo. También fue difícil ponerlo en condiciones pero en esa época obtuvieron un crédito del Banco Local.
"Y con gran esfuerzo, con Jorge abrimos el Numancia y volvió el cine a Luján" remató con satisfacción.

LA SOCIEDAD
Esa sociedad se fortaleció con la puesta en marcha de otras salas cinematográficas ubicadas en Chacabuco, Rufino, 25 de Mayo, Carlos Casares, Escobar y Luján, brindándose la oportunidad de sumar a Mercedes. Fue entonces cuando vieron que la más rentable era esta última. Entonces dividieron la sociedad, Jorge se quedó en Luján y Eduardo en Mercedes, ciudad a la que continúa vinculado desde hace quince años. En ese tiempo el cine Numancia pasó de mano en mano. Intentó tres veces volver a Luján porque lo deseaba pero no llegó a un acuerdo con el propietario que "finalmente tomó una decisión que parece que económicamente le rindió mucho más", acotó.
Eduardo contó que el proyecto de volver el cine a Luján nació cuando se fue a Mercedes. "Me fui muy angustiado, aún sabiendo que tenía una propiedad que podía utilizar. Pensaba hacer algo en la esquina, pero por entonces estaba mi amigo, así que no podía competir o poner un puñal en la espalda. Me dije, voy a esperar. Y cuando Jorge decidió irse al primero que vino a hablar fue a mí pero el propietario no aceptó. Cuando vi que ya no había posibilidades, entonces le prometí a mi madre que ahora sí lo iba a hacer. Voy a hacer dos microcines, uno que llevará el nombre de mi hermano en su homenaje, y la otra sala en homenaje a mi sobrino, Mariano".
La decisión fue alentada por su madre, aunque después del accidente en el que perdió la vida su hermano Jorge y su sobrino, falleció. Entonces, se propuso llevar adelante el proyecto con mucho esfuerzo.
"Me dije: tengo que cumplir ese deseo que es el último gran esfuerzo de mi vida", agregó. Fue por aquel tiempo cuando comenzó a trabajar en la esquina con la idea de hacer tres locales, dos para sus hijos, Diego Andrés y Agustín, y otro para alquilar.

EL FUTURO
"Cuando vine a la vieja esquina, vi con sorpresa que ya tenía butacas, máquinas y otras piezas de importancia. Hay una frase que mi padre me inculcó en la vida y me dijo siempre: el que tiene tienda que la atienda, y si no que la venda. No se puede estar en todos lados. Y si yo sigo funcionando en Mercedes es porque estoy todos los días", acotó.
"Me largué sin saber que el Numancia iba a cerrar. Total, me dije, si voy a tener otra competencia que no conozco, no me importa", recordó.
Fue entonces cuando en contacto con su programador Eduardo quiso interiorizarse si vendrían a Luján otras cadenas de cines. Y le respondieron que aunque vinieran había que hacerlo igual, comentando que la gente del centro, va al centro, y se va a trabajar con otro público.
"Entonces empecé a pensar qué público. Con el Numancia, el gran problema era la escalera, en especial para la gente mayor que se veía imposibilitada de ir, y otras con cierta incapacidad". Así fue que proyectó dos microcines, una sala de 70 y otra de 130 butacas. Todo vale el esfuerzo y las ansiedades. "Me largué con mucho esfuerzo y pulmón, pero voy de a poco. El público me apura porque se corrió la bolilla muy rápido. La gente que me conoce me dice "¿Para cuándo?" Y siempre digo lo mismo: si yo tuviera mucha plata habría diez personas trabajando pero estoy trabajando con Fabián Rey que es mi mano derecha y está siempre al lado mío", aclaró.
Eduardo recuerda que cuando empezó a trabajar en la esquina, a los seis meses cerró el Numancia, de ahí que ahora la presión del público es más grande.
"Estoy esperando, si Dios quiere, algún crédito. Pero en este país pedir un crédito es algo muy difícil por más capital que se tenga. Así que voy de a poco; no tengo fechas, pero sí el deseo de cumplir la promesa a mi familia. En homenaje a mi papá se va a llamar Cinema Rosso. Quiero que sea algo importante para Luján. Ahora me preocupa el edificio. En cuanto al equipamiento, la gente de Luján tiene que tener un mejor cine que el que cerró, ya que hoy hay que competir con las grandes cadenas y la gente se debe sentir confortable. En esa lucha estoy y voy a cumplir mi deseo".