La barrileteada del domingo en Pueblo Nuevo fue todo un suceso

El evento fue organizado por la radio de la localidad como parte de los festejos por el Día del Niño. Hubo premios para el barrilete que voló más alto, al más original y entre todos los presentes se sorteó una bicicleta.

Durante la tarde del domingo, el espacio aéreo en Pueblo Nuevo se vio invadido por numerosas figuras policromáticas, accionadas desde tierra por una cuerda de nylon tensada, no tripuladas, elaboradas muchas de ellas de forma artesanal y otras confeccionas de manera industrial. No se trataban de ovnis sino de barriletes que, con singular suceso, se dieron cita en la sexta barrileteada organizada por FM Nueva como parte de los festejos por el Día del Niño.
La convocatoria fue todo un éxito. Una hora y media después de haber comenzado la lúdica actividad, los organizadores anotaban al participante número 144, superando holgadamente el récord de 106 barriletes que se habían reunido el año pasado.
Orgulloso por el resultado, el director de la emisora de frecuencia modulada, "Beto" Rodríguez, reflexionaba: "Si Mercedes es la capital del salame quintero, Pueblo Nuevo tiene que ser la capital del barrilete". Y aclaraba entre risas: "Pero no de la cometa".
No era para menos: en el predio situado al costado de la avenida 8 de Diciembre seguían llegando familias enteras con su barrilete, dispuestos a ganar altura hasta perderlos de vista y con el riesgo de quedar con tortícolis en el cuello.
Sano entretenimiento, la barrileteada se vio acompañada también por una jornada que, desde lo meteorológico, no pudo ser mejor. Tibio sol, cielo diáfano y el viento suficiente para hacer remontar hasta un barrilete de plomo.
Eran tantos los barriletes que, por momentos, los hilos se trenzaban haciendo caer una cometa en los techos de un corralón de materiales de la construcción contiguo al predio. Mientras, en el aire, la disputa por tomar mayor altura ganaba en interés. El "doble cola" que había reinado sólo en el firmamento durante largos minutos, empezaba a tener rival.

ALTOS EN EL CIELO
a aparición del "multicolor" y el "rojo y blanco" cerca de la estratosfera obligaba al jurado a tomar ciertos recaudos a la hora de fallar. Binoculares en mano, no fue una tarea sencilla determinar el barrilete más alto. El "doble cola", según informaciones que iban llegando al puesto de control, tenía por entonces 500 metros de tanza y corría fuerte el rumor que iban a seguir sumándole hilo, con tal de poder imponerse en una justa pelea deportiva sin igual.
Una vecina aseguraba que a algunos barriletes los veía desde su casa, distante a varias cuadras del centro del evento, lo que daba una dimensión de la remontada que se estaba llevando a cabo en un auténtico festival de destreza aérea con estos objetos originados en China.
A propósito de remontada, en la barrileteada se dio cita la candidata a intendenta María Inés Fernández con parte de su equipo, quienes deberán precisamente remontar el magro 3,4 por ciento que obtuvo en las elecciones primarias el pasado 14 de agosto. También hicieron acto de presencia los precandidatos a concejales Iris Bustos y Horacio Elizondo, de la Agrupación Compromiso Peronista.
Cometa en Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Uruguay; lechuza en Nicaragua; papalote en México, Cuba y Costa Rica; piscucha en El Salvador; chiringa en Puerto Rico; chichigua en República Dominicana; papagayo en Venezuela; volantín en Chile, Mendoza, San Juan y Tucumán; o pandorga en Paraguay, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe. En cualquier de sus denominaciones, en Pueblo Nuevo los hubo de varias formas como murciélagos o alegóricos a pájaros. Y entre los colores que prevalecieron sobresalió la combinación amarilla y negra en alusión a Flandria, el azul y oro por Boca y el rojo y blanco por River.
Pero el "doble cola" seguía subiendo hasta volverse prácticamente invisible, un punto en la inmensidad celeste como para darle batalla al vuelo más alto de todos los tiempos registrado en 1979, cuando un barrilete alcanzó los 9.740 metros.
Abajo, en suelo firme, esperaban los cinco trofeos de plástico y baquelita símil oro, y una bicicleta playera atada a un parlante sobre el techo de la camioneta del director de la emisora y encargado de la organización, para ser entregados a los mejores y sorteada entre todos los presentes respectivamente. A pocos metros, decenas de pibes se divertían en dos gigantescos juegos inflables que intentaban parecerse a un castillo o algo por el estilo. Otros disfrutaban de un vaso de chocolate caliente con galletitas. Y en la mesa de control no paraban de anotar participantes.

Un poco de historia
Se llama barrilete al objeto volador formado por una estructura plana o tridimensional, construida con un material muy liviano y recubierta de una vela. El conjunto se amarra a uno o varios hilos y, al ser soltado, se mantiene en el aire por la acción del viento.
Según las leyendas acerca de su probable origen, fue inspirado acaso por el vuelo errante del sombrero de bambú de un campesino, arrancado por un fuerte viento; o por la vela de un navío que abandonó el mástil para subir al cielo. Otra historia asegura que nació con un rudimentario cometa con forma de pájaro construido por el filósofo Mo Ti. Lo cierto es que los chinos no sólo le daban un uso lúdico al barrilete. También lo utilizaban como elemento de meditación y como método de pesca. Al igual que ocurriría más tarde en la Polinesia, los chinos ataban a un barrilete hecho de hojas de plantas, un hilo distinto al que controla el vuelo, con anzuelo y carnada. Lo hacían volar a una altura considerable desde la orilla o desde una canoa para luego hacerlo descender hasta la superficie del agua, sumergiendo apenas el anzuelo. También hay crónicas de algunas aplicaciones militares del barrilete, objeto capaz de hacer señales en el campo de batalla, entre otras maniobras. Rápidamente, el barrilete se extendió por todo el sudeste asiático. Ya cerca del siglo XVI, llegó a Europa por tres vías: las invasiones mongolas, las rutas comerciales por el Cabo de Buena Esperanza y los contactos con el mundo árabe.
A finales del siglo XVII, ya era un juguete muy popular en todo el continente europeo, pero su potencial científico no fue utilizado hasta el siglo XVIII. Un tormentoso día de junio de 1752, Benjamín Franklin descubrió la naturaleza del rayo y, en consecuencia, inventó el pararrayos a partir de un juego con su cometa "eléctrica": la elevó al cielo con una llave atada a la cuerda y descubrió que se producían descargas eléctricas. En 1903, el pionero de la aviación, Samuel Franklin Cody, voló su cometa de seda negra junto con una canasta para albergar personas: el sistema fue rápidamente adoptado por la Armada y el ejército británico.