Lunes//Ganadora de los últimos carnavales de Montevideo, llegó a nuestra ciudad para mostrar su espectáculo Gente Común. Una sala llena y entradas agotadas a mitad de semana respaldaron las expectativas del público que sintió en la presentación recibir más de lo que esperaba.
La reconocida murga uruguaya, Agarrate Catalina, se presentó el sábado pasado en el Teatro Municipal Trinidad Guevara, con una sala completa. Con mucho de oriental e identidad latinoamericana, la murga reveló historias y realidades propias de su tierra y otras que resuenan igual de fuerte en esta orilla. Identificación y un muestrario del ser uruguayo sonaron en cuplés musicalmente atractivos, vocalmente ajustados y visualmente impecables.
Para entender mejor de este lado del Río de la Plata que hacen los murgueros de Agarrate Catalina, hay que diferenciar las murgas uruguayas y las argentinas. Las de acá se parecen más al candombe de allá, que priorizan la percusión y el baile, siendo que los integrantes se encuentran en continuo movimiento al compás de los tambores. En cambio, las murgas de los tablados son un hecho artístico de escenario, que nace en la calle pero establecido en un lugar. Lo compararon con una comedia musical popular en base a un texto, al cual se subordinan los movimientos y el baile de los distintos cuplés que se ejecutan en el escenario. También forman parte del carnaval, por eso su vestuario vistoso y caricaturesco, pero el valor de estas propuestas está en lo musical y la poesía que nace de lo popular para dar voz a los que nadie quiere escuchar. El humor, la crítica, y la ironía son algunos de los recursos que en medio de un grotesco teatral los artistas ponen en juego a la hora de dar forma a los espectáculos.
Algunas aclaraciones
Una sala colmada de público y expectativas usó las palmas en ritmo de murga para mostrar la ansiedad ante el comienzo del espectáculo. Y las cortinas se abrieron para iniciar un recorrido por la cultura y el sentir uruguayo. Así fue que, a modo de contextualización, Yamandú Cardozo, líder y compositor de la murga, se dirigió al público en un breve monólogo que tuvo por objetivo aclarar algunos términos, lugares y personajes cotidianos a los montevideanos y un tanto extraños para el resto de los mortales. Con histrionismo y destreza para el humor, se rió de nosotros y de ellos y dejó picando más de una ironía que el público interrumpió con aplausos.
Desde hace varios meses, luego de obtener el primer premio de los Carnavales de Montevideo 2011, el conjunto recorre distintos puntos de nuestro país y así han encontrado la forma de permitir a los argentinos asomarnos a su realidad, parte de su identidad y su sentir en tonos de cuplés.
Este año, el espectáculo titulado Gente Común rescató en estética murguera a los personajes no mediáticos, a los vecinos de entre casa. "Acá adelante está sentado el verdulero/ y la cajera rubia del supermercado/ hay un psicólogo social y tres tacheros/ una enfermera y dos mormones escapados/ hay un bombero, un transexual, un vigilante", reza el cuplé que da nombre a la iniciativa. Más de una docena de voces se aúnan para cantar a la realidad desde un lugar de sátira, sarcasmo e ironía. Y logran emocionar, hacen reír, llorar, acelerar el corazón, recordar, indignar y sonreír con la mirada que aportan sobre lo que les pasa, sobre lo que nos pasa.
Así, las carcajadas brotan con el cuplé que interpela al uruguayo que antes de que comenzara el Mundial de Fútbol 2010 no apostaba dos mangos por su selección y que, a caballo de las victorias, se subió a la fiebre Celeste. Luego el coro materializa en el tablado a un cura de doble moral y a Manuelita, la perra socialista de tres patas del presidente José Mujica, para la que tener cuatro sería "una ostentación burguesa". "El Pepe", hincha confeso de la murga, los ha escuchado en persona decir lo que de él repiten en los escenarios: que "se viste como el orto, no conjuga un puto verbo y se caga en el protocolo".
Vaivén de emociones
De la risa a la reflexión, el espectáculo muta y el público con él. Llega el momento del cachetazo, las lucen enrojecen la escena, los rostros de transforman y con puños cerrados en alto, La Catalina le canta a la violencia en primera persona.
El cierre llega y tras un poco más de una hora, los murgueros cantan "y mi vida que se va, pide más piolín". Extensión que llega de la mano del Zurdo, voz única y particular que acompaña al conjunto con una energía y timbre que logra clavar en la epidermis las letras y melodías. Así, este pelado lleno de maquillaje regala La niebla, pieza que habla de un nieto –hijo de desaparecidos- buscando a su abuela.
El público con el alma movilizada por el sube y baja de emociones los murguistas con el maquillaje arrasado por el sudor, enfilan hacia la puerta para cerrar el ritual en la calle, escenario natural del género. Y por un rato, el hall del municipal y parte de la calle Rivadavia se convierten en la Montevideo que los alumbró y que hizo de la murga la banda sonora de su vida. Una experiencia inolvidable.