Como todos los años, un gran marco de público se volcó a la Avenida Nuestra Señora de Luján para compartir el popular festejo rescatado por Enrique Udaondo. El desfile de cabezudos, comparsas de negros y cabildantes, precedió a la quema del muñeco y un show de juegos artificiales.
Con una continuidad para destacar, la avenida Nuestra Señora de Luján congregó el domingo por la noche a una multitud que se dio cita para participar de uno de los más tradicionales festejos con los que culmina la Semana Santa: la Quema del Judas.
La iniciación tuvo lugar después de la Santa Misa. Pasadas las 20, los asistentes delimitados por vallas dispuestas para el pasaje de los músicos, caballos y jinetes, se reunieron y escucharon, a lo largo del encuentro, la evocación de un Luján de antaño, y el bando mediante el cual, por tradición, fue sentenciado Judas.
Allí, se realizó el desfile de los cabezudos, además de la participación de los centros tradicionalistas y la música de la banda Rerum Novarum.
El desfile avanzó por la plaza Belgrano, la avenida Nuestra Señora de Luján hasta 25 de Mayo, donde se quemó el Judas representado por un muñeco de sayón, con un látigo en la mano y en la otra una bolsa con representación de monedas.
En ese muñeco de inmensas proporciones que las llamas consumieron están representados los pecados, el egoísmo o la soberbia que cada uno quiere destruir en la fecha, para reemplazarlos por una forma de vida signada por el amor y la comprensión hacia sus semejantes. En cuestión de segundos, la bengala voló rauda en busca del muñeco colgado frente a la Terminal de Ómnibus y, tras una breve explosión, fue ganado por el fuego.
Una vez consumido el fuego junto a los cohetes y llamas que se desprenden del muñeco, comenzó el espectáculo de fuegos artificiales que cerró a toda música la celebración de la Pascua Colonial.