Caldú: "Dardo fue como un padre para mí"

Esta tarde se inaugurará la escultura en homenaje a Dardo Dorronzoro, en la rotonda de Gogna y Fray Manuel de Torres. La propuesta es impulsada por el lujanense radicado en México, Osvaldo Caldú.

Este sábado, a las 16, se inaugurará una escultura en homenaje al poeta y herrero Dardo Sebastián Dorrondozo, desaparecido durante la dictadura cívico-militar. El trabajo, que será emplazado en la rotonda de las calles Gogna y Fray Manuel de Torres, fue encarado por el lujanense residente en México, Osvaldo Caldú.

La obra, realizada en hierro forjado y de grandes dimensiones, fue transportada en barco desde el país azteca. Se propone recrear aquella expresión con la que Dardo concluyó su poema Declaración Jurada: “Sobre mi tumba verán florecer un puño”. 

En declaraciones que tiempo atrás brindó al diario mexicano La Jornada, Caldú explicó que la propuesta artística “representa una mano empuñando una plumilla para escribir, emergiendo de la tierra”.

“En la parte posterior lleva inscrita -en solidaridad con los jóvenes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y símbolo de esa lucha- la expresión ‘Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semilla’. La escultura se complementa con una placa en la que está inscripto el poema Declaración Jurada”, explicó.

 HISTORIAS

Durante su permanencia en Luján, Caldú participó de distintas actividades realizadas al cumplirse 40 años del golpe: “Me agarrás medio emocionado porque ahí están las fotos de muchos amigos. Verlos todos juntos es duro. Yo era el viejo para la mayoría de esos pibes, aunque tenía 22 años. Mayito (Maggio), La Negra (Erramuspe), tenían 17, 18 años. De casualidad no estoy en ese cartel. Cuando vino el golpe yo llevaba un año detenido”, dijo a este medio durante la vigilia que tuvo lugar en la Sociedad Italiana.

Su vínculo con Dardo comenzó cuando Caldú tenía 13 años. Ese encuentro, y la posterior relación, marcó su vida para siempre. Para este sobreviviente del terrorismo de Estado, el poeta y herrero radicado en el barrio La Loma fue “un segundo padre”.

Caldú repasó que al momento de conocerlo a Dardo ya tenía, a pesar de su corta edad, inquietudes políticas: “Mis papás eran refugiados españoles. Mi mamá era santera y mi papá albañil. Yo trabajé con Pascual Verdejo descargando cemento. A los 13 años escribí algo en un periódico de provincia que leyó Isidoro González. Él me llevó a conocer a Dardo, algo que me cambió la vida, no salí más de la casa de él”.

Al repasar su historia, Caldú transita de un lugar al otro, verborrágico, como si ese pasado volviese entre alegrías y tristezas. “Dardo era la austeridad franciscana, comía nueces, miel, un asado de vez en cuando. Tomaba mate todo el día y no tenía un mango, compraba ropa usada. Con él encontré la formación ideológica y la sensibilidad, porque era un poeta de una sensibilidad increíble, con un sentido popular y social. Dardo era hijo de un herrero”, sintetizó.

Caldú recordó que el hombre homenajeado este sábado “tenía segundo año de primaria, pero se convirtió en un intelectual autodidacta”. En su vivienda, de donde fue arrancado por un grupo de tareas en 1976, “sólo había libros”.

“Mi papá murió cuando yo tenía 17 años y Dardo fue como un padre para mí, me crié en su casa”, repasó. Sin mediar subtítulo, Caldú se remontó a sus años como estudiante secundario, que terminaron con su expulsión de la Escuela Normal como consecuencia de sus ideas políticas: “Me echaron por comunista, me pusieron 25 amonestaciones por comunista, así era esta ciudad en aquellos años. Había un profesor que todos los días me preguntaba qué opinaba sobre la propiedad privada, a lo cual yo respondía que según Marx la propiedad privada era un robo, surgía de la explotación del hombre por el hombre, la acumulación de trabajo ajeno… en aquella época le decoraba los pizarrones con Lenín, Marx o Engels, y entonces él mandaba a borrar los pizarrones antes de entrar. Un día salí al patio y le hice las mismas caras con fósforo de cera del lado de afuera de los vidrios. Cuando llegó, las quería borrar pero no podía”.

En el repaso de su historia en aquellos años turbulentos, Caldú opinó que “Dardo era un bicho raro para ese sector conservador y odiado también”. En contraposición, “era muy querido por otro sector”.

“Dardo era un tipo de barrio, con un sentido popular. Por ejemplo era árbitro de boxeo en El Quinto, al que en esa época no entraba nadie. Él recibía a todos los lúmpenes sociales. Entonces le hacía la prueba laboral. Le pedía que le echaran el aliento, y si tenían aliento alcohólico les decía que se echaran a dormir y que les pagaba mediodía, y si no que se pusieran a trabajar”, rememoró entre un sinfín de anécdotas.

Fue en la casa de Dardo donde se formó el embrión de la Juventud Guevarista, uno de los espacios de militancia vigentes en aquellos años y vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

“Dardo venía del socialismo, pero tenía ideas mucho más radicales y revolucionarias. Le impactó mucho la muerte del Che, escribió un poema que dice que ‘no ha muerto, deberán matarlo nuevamente debajo de esta piel, de esta sangre’”, agregó.

Las jornadas laborales también eran particulares en el taller del barrio La Loma: “Trabajar con Dardo era distinto a todo, porque a las siete de la mañana se ponía el mate y entraba a caer gente. Aparecían escritores, cineastas. Era conversar y trabajar. Dardo trabajaba a la mañana cuatro o cinco horas en la fragua. Hacíamos cosas para vender y a la tarde trabajábamos gratis para el vecindario arreglando bicicletas, veladores. Era un tipo totalmente desapegado”.

Con una obra de su autoría, que Caldú trajo de México con esfuerzo personal y luego de cinco meses de demora en la Aduana argentina, pretende cerrar el homenaje local a su amigo. Será en la plazoleta que lleva su nombre, en el barrio Champagnat. Así, todos los lujanenses sabrán de quién es ese yunque y el puño que emerge de las entrañas de la tierra.

Inauguran escultura en homenaje a Dorronzoro