Lejos de eso, Desarrollo Social de la Comuna está absolutamente a la deriva, creyendo que todo se puede resolver extrapolando experiencias en parroquias de barrio o en asistencia religiosa. Asistir no es trabajar en políticas sociales.
Esta semana diferentes organismos, con o sin partidismo solapado, se han manifestado públicamente por la preocupante situación que atraviesan todos los aspectos relacionados con el Desarrollo Social y, más concreto, las políticas sociales que aplica o dice aplicar el gobierno local a cargo de Oscar Luciani, con socios del radicalismo, del PRO y dirigentes de su entraña: el vecinalismo.
Se manifestaron porque vislumbran un preocupante vaciamiento en áreas que no deberían descuidarse un segundo. Y no solo eso. Áreas que ante las políticas de ajuste con las que eligió arrancar su mandato Cambiemos, deben reforzarse, porque el impacto y las consecuencias negativas son inmediatas.
Lejos de eso, Desarrollo Social de la Comuna está absolutamente a la deriva, creyendo que todo se puede resolver extrapolando experiencias en parroquias de barrio o en asistencia religiosa. Asistir no es trabajar en políticas sociales.
Los hechos demuestran que la solución que pensó Luciani o que algún asesor le dictó y él ejecutó necesita ajustes. No se trabaja en la contención como corresponde en los barrios –un simple vistazo por el Centro Integral Comunitario del barrio San Fermín- y tampoco parece claro el rumbo de una planificación sostenible. Ya lo dijeron en su momento desde el Colegio de Trabajadores Sociales, cuando hablaron de la carencia de políticas integradas y sostenidas en el tiempo, a partir del trágico incendio que le costó la vida a una nena en el barrio Ameghino. Hoy, con sangrías en cada rincón, se admite que tal vez falte personal con perfil más técnico.
No solo los niños en situación de vulnerabilidad pasan de largo en las anotaciones de prioridades de la gestión. Esta semana afloró algo que este medio ya informó, sin mayores detalles, a partir de la designación del joven estudiante de Odontología Juan Pablo Merea al frente de la Dirección de Juventud. ¿Qué sabrá el muchacho de pluralismo, políticas de comunicación, de integración y de participación comunitaria?
Ante esa lógica posición de quien teme a lo desconocido, en lugar de ingresar a la Casa de la Juventud con ansias de sumar, preguntar, compartir y, por qué no, aprender de quienes hace años vienen desarrollando un interesante trabajo en ese organismo, prefirió entrar espiando. Así lo demuestran las impresentables anotaciones que realizó, con observaciones personales y suposiciones vagas, Merea sobre coordinadores de la Casa de la Juventud. Esa lógica de trabajo, espiando a los trabajadores o etiquetándolos a partir de su pensamiento –hoy corriéndolos de la tarea que desempeñan- se encuentra en total sintonía con la idea de tapar con pintura blanca el mural que recordaba a la última dictadura, a los desaparecidos de Luján y a las Madres de Plaza de Mayo. Permite sostener que actúa de acuerdo a su coherencia.
¿Y Luciani? La pregunta en realidad es otra. ¿Qué debe preocupar más, un intendente que deliberadamente decide desatender a las políticas de asistencia social o uno que cree estar gestionando como corresponde porque deposita en sus funcionarios la confianza y, aún con resultados lamentables, no se muestra dispuesto a mover una sola ficha?
En su círculo más cercano, el intendente admite la ineficiencia de muchos de los que lo rodean. No es garantía de nada. A nadie reta, a nadie cambia de tarea, a nadie invita a retirarse del gabinete. Al contrario, en ciertos casos los termina premiando con asignación de tareas, primero, y la indiferencia sobre los resultados, en segunda instancia.