A 15 años del estallido anunciado

Un repaso por lo ocurrido en Luján en esas jornadas de diciembre de 2001. La versión local de una fecha histórica para el país.

“El disgusto, algún día, se transformará en acción. Sin oportunistas de por medio, la gente comenzará a plantarse ante las acciones de su gobierno. Y, por ejemplo, en lugar de correr a abrir miles de cajas de ahorro, saldrán a golpear las puertas de los despachos oficiales o judiciales, para hacer valer sus derechos. Esos que en estos días quedaron pisoteados en las sucursales bancarias”.

Así terminaba el editorial que se publicó en EL CIVISMO el 19 de diciembre de 2001. Ese mismo día, la realidad transformaría en hechos la sensación del artículo que se expresaba una vez consumado el congelamiento de los ahorros bancarios, la chispa que terminó por incendiar un país que durante años marchó al desastre económico y social de la mano de las políticas neoliberales.

Luján tuvo su versión local del estallido social que encontró el epicentro en los alrededores de la histórica Plaza de Mayo y en diferentes puntos del Conurbano Bonaerense.

Varios supermercados de la ciudad fueron blancos de los saqueos que, aunque despertaron el oportunismo de algunos vivos, reflejaron la desesperación de un pueblo cansado de los ajustes, el desempleo y la miseria.

El inicio del “caos”, tal el término que utilizó este medio para definir lo ocurrido, se inició en el entonces hipermercado Norte. Ese 19 de diciembre, unas 20 personas encendieron cubiertas en Carlos Pellegrini y Sarmiento. Mientras avanzaba la tarde y crecía el número de vecinos reunidos, las autoridades del comercio intentaron frenar la arremetida con un formalismo ajeno a la realidad acuciante de los congregados: los empresarios explicaron que para recibir ayuda alimentaria había que presentar una nota donde se detallara las mercaderías que querían y esperar la respuesta en el plazo de 48 horas.

La crónica de ese día cuenta que para las 16, cientos de vecinos de diversos barrios (Ameghino, Padre Varela, San Jorge, San Fermín, Villa del Parque y Lanusse, entre otros) clamaban por “algo para comer”. Una hora después, Norte se transformó en el primer supermercado en ser saqueado.

El siguiente blanco fueron las góndolas de Disco. De ahí, una multitud se dirigió a la esquina de Lavalle y Humberto, frente a la casa central de Autoservicio Luján. Si bien la Policía logró demorar el ingreso y el dueño del local comenzó a entregar alimentos, las personas reunidas rompieron uno de los vidrios laterales del comercio y, desde ahí, se introdujeron al negocio. La acción duró unos cuantos minutos, hasta que efectivos policiales volvieron a dispersar a la multitud.

Los incidentes se trasladaron a decenas de comercios repartidos por toda la ciudad: Autoservicios Dia%; los minimercados de Libertad y Falucho, Libertad y La Plata, Libertad y Darwin, San Martín y Leiva, Mariano Moreno al 900, Flor de Ceibo 521, Ascasubi y Florencio Sánchez; distribuidora mayorista Ruta 25; carnicería de Constitución entre Mitre y San Martín; Autoservicio Eki; mayoristas de frutas y verduras de Constitución y Almirante Brown, Autoservicio Acuario de la calle Alsina; Autoservicio Nahir (cuyos dueños lograron evitar los saqueos); supermercado de la localidad de Torres; minimercado de Constitución y Gamboa; negocios de materiales de construcción de Constitución y Vicente López; entre otros.

Para ese entonces, el terror se había apoderado de todos los comerciantes y los rumores corrían por doquier. En Jáuregui, por ejemplo, la versión sobre la llegada de saqueadores desde la calle Alsina obligó al cierre de todos los negocios. Sin embargo, en esa localidad no se registró ningún hecho.

LA POLÍTICA

Luego de un prolongado silencio, el jueves al mediodía el gobierno de Miguel Prince convocó a una reunión de urgencia en el Concejo Deliberante. Allí, el subcomisario Daniel Cosimano les garantizó a un grupo de comerciantes que se haría lo imposible para mantener el orden, al tiempo que expresaba la voluntad de reprimir si la situación así lo ameritaba.

Al día siguiente, Prince anunció la creación de la Unidad de Emergencia Social, que incluiría funcionarios, entidades barriales, religiosas y empresas privadas. El organismo se proponía “coordinar acciones, disponer recursos propios o aportados por el Estado, la Provincia o el Municipio y donaciones de particulares”. El jefe comunal explicaba que “el objetivo es la coordinación organizada de todas las instituciones de los barrios para no superponer esfuerzos o dilapidar recursos. Hoy más que nunca hay que trabajar de modo conjunto”.

Prince, además, abonó la hipótesis de la existencia de organizaciones y agitadores en los saqueos: “Hubo gente desesperada, pero también estuvieron los vivos, los delincuentes y los que aprovecharon esto con sentido político. Se montan sobre necesidades legítimas, consignas u objetivos sentidos y tratan de llevar agua a su molino político”.

El saldo policial de las jornadas fue de unas 100 personas detenidas, 40 de ellas en el marco del Estado de Sitio y 60 acusadas de robo en banda y poblado. El estallido había terminado.