Retrospectivo: placa y homenaje a Humberto I

La colección completa de Luján Retrospectivo se puede conseguir en oficinas de El Civismo, Dr. Muñiz 654; en la librería Babilonia, Rivadavia 889; en la librería Libros y Arte (ex Submarino), Rivadavia esquina San Martín; o desde el sitio web www.elcivismo.com.ar.

Recuerda Federico Monjardín cómo conoció la noticia de la muerte del Rey de Italia Humberto I y cómo repercutió este hecho en Luján.

“Niño yo de cinco años, vivía con mi familia en La Boca, en la Vuelta de Rocha, en la planta baja de una casa que, intacta, conserva aún en lo alto una escultura alegórica de la industria. Un atardecer salí con mi padre y a los pocos pasos un vecino italiano, alto, con cuidada barba recortada horizontalmente por abajo le dijo excitado: — ¿Sabe? ¡Mataron al rey Humberto! Y entablaron conversación que escuché ávido”

El relato siguiente fue publicado sesenta años después de este episodio y cuenta que seis días luego del asesinato del rey, se colocó en Luján una placa en su honor y se dio al bulevar La Plata su nombre. “La colectividad italiana, numerosísima, organizó solemne funeral. El 9 de julio de 1901 se descubrió la placa sostenida por dos ornamentadas columnas de hierro fundido. Ese acto fue, para el Luján de entonces, imponente y más porque se colocó en el día patrio.”

Eran tres las sociedades italianas que había en Luján:  Italiana di Mutuo Soccorso, con local en la calle Italia entre San Martín y Lavalle, cuyo frente se mantiene casi como entonces; la Principe di Nápoli, instalada en la calle Colón, entre Mitre y Las Heras, en el local en que tuvieron su comercio de forrajes y otros artículos los señores Lamongesse y Angélico Luchetti continuado por este tras la muerte del primero, que ahora pertenece a los hermanos Courtade; y la Figli dei Lavoro que tenía su casa en la calle Alsina, entre Mitre y Las Heras. El día mencionado, según el relato de Monjardín, partieron en columna de sus respectivas sedes y se reunieron en la  plaza Colón.

 “Durante todo el acto, señoritas de familias italianas vendieron medallas. No todo fue concordia como parecería desprenderse de lo expuesto. La discordancia —falta de concordia— se advierte en las ausencias de vecinos italianos de significación unos y modestos otros. En aquel entonces había en Luján un grupo de anarquistas encabezados por el Dr. Creaghe, el doctor inglés como se lo llamaba popularmente. No era numeroso pero sí vigoroso. Figuraban en él D. Luis Cordiviola, dueño del molino Los Andes; D. Santiago J. Maraggi, comerciante muy fuerte que tenía su negocio en la gran casa esquina de Lavalle e Italia; D. Domingo Bosco, fundador de la librería que conserva su nombre; D. Pedro del Pesco, zapatero remendón; D. José de Benedetto, sastre y lector incansable; D. Pedro Franzozi, y algunos más. Eran, todos, anarquistas líricos que soñaban con el paraíso terrenal. Ninguno participó en el acto rememorador.”