Una crónica acerca de una de las visitas guiadas que comenzó a ofrecer el Santuario. Escaleras, campanas, vitrales, arañas, historias y secretos se abren a los ojos de los interesados.
La Galería A Giorno no sonará familiar para muchos lujanenses. Sin embargo, está a la vista de todos y forma parte del edificio más conocido del partido de Luján y, sin duda, de la Argentina toda. Es el espacio ubicado entre la base de las dos torres de la Basílica Nuestra Señora de Luján. El espacio al que desde hace algunas semanas pueden acceder todos los interesados en recorrer parte de los innumerables recovecos que esconde el templo al que cada día llegan turistas de todos los puntos del planeta para venerar a la Virgen, o simplemente contemplar su arquitectura.
Como sucede con otros sitios históricos, únicos y de belleza envidiada por ciudades que necesitan inventarse motes de “Capital” de algo para ser observadas, la Basílica puede estar a espaldas de la mayoría de los lujanenses. Escuchamos sus campanadas, miramos su fachada una y mil veces, sabemos de sus concurridas peregrinaciones, pero pocos son los que indagan en su interior. Es cierto que tampoco desde la Iglesia se desviven -hasta ahora- con una plena apertura hacia la comunidad que la rodea. Días atrás nos embarcamos en una propuesta que avanza contra esa corriente y que, justamente, propone abrir las historias íntimas de la Basílica a los lujanenses y los turistas. Casi como un gesto irrefutable de una idea pensada para los locales, el precio de la visita guiada es menor para los vecinos y gratis para los periodistas que tengan intenciones de pregonar la aventura.
El recorrido se inicia sobre la entrada a la Cripta y atraviesa 163 escalones. Culmina sin mayor esfuerzo en la galería A Giorno.
Las escaleras se ubican sobre los laterales de las construcciones y vistas a distancia remiten a ciertas obras de Maurits Cornelis Escher, con hileras de siluetas que asoman en sombras que regalan los ventanales. Somos nosotros, los curiosos, los ávidos de fotos que jamás serán reveladas.
Uno de los primeros sitios en los que el guía de turno frenará y dejará a los visitantes sacar todas las fotos que quieran será el triforio y las largas tribunas que están ubicadas en los laterales superiores de la nave principal.
Allí, con la imponente vista del interior del templo y, sobre el fondo, el altar principal, se brindará información sobre los campanarios principales de la Basílica. También será momento de los lamentos por el estado de abandono que presenta el órgano del templo, que se puede observar en todo su esplendor y que por ahora solo tiene presupuestado un “diagnóstico” de su deterioro. Es la oportunidad también para mirar diferentes vitrales y su transformación en arte de los rayos del sol.
Seguidamente, con minuciosas indicaciones del guía, se llegará a otra plataforma desde la cual se observa una gran campana. El campanario está en el otro lateral del edificio. Será el momento en el que se explicará que desde hace un tiempo se resolvió activarlo en cada llamado a misa y que su sonoridad horaria no es confiable, porque tampoco lo es la hora que ofrecen los relojes de la fachada. “Tienen un pequeño desajuste en su mecanismo y eso hace que modifiquen la hora de manera muy seguida. Para que suenen a horario se necesitaría de una persona con dedicación exclusiva a esa tarea”, precisó el guía.
Una puerta más y se estará al aire libre, punto final de la recorrida. Claro, el premio no es menor. El contingente estará en el patio exterior que une la base de las torres y que en su frente tiene grandes columnas que, desde abajo y a distancia, simulan ser un balcón. Desde allí la imagen de la plaza Belgrano, el Museo Udaondo, la avenida Nuestra Señora de Luján y gran parte de la ciudad es imponente. Única para los lujanenses. Extraña, llamativa para los foráneos. “Hasta acá llegamos”, dirá el guía. Fotos y más fotos. Y datos sobre los últimos tramos de las torres, donde a partir de los trabajos de remodelación del templo se colocaron pequeñas plataformas de metal que permiten a los que trabajan en iluminación y antena tener algún resguardo para la tarea.
Hoy, algunos de los secretos y rincones de la Basílica se abren a la comunidad. Solo hay que llamar, reservar y allí se estará, sábados o domingos, con la posibilidad de ser uno más en las nuevas visitas guiadas. Con traer en la retina -o en la cámara- esas imágenes que nos eran tan propias y, a su vez, tan lejanas.