Con pocos días de diferencia, una de las caras visibles de Araucaria Energy logró fotografiarse con los presidentes de Flandria y Luján. De esa manera, la empresa a cargo de la termoeléctrica formalizó su estrategia de captar voluntades ante un escenario social adverso. Detalles de una práctica recurrente en el mundo de los negocios que, bajo la fachada de la responsabilidad social, intenta quebrar las luchas vecinales.
La estrategia de la responsabilidad social empresarial es una herramienta muy común entre empresas cuestionadas socialmente como, por ejemplo, las mineras. La fachada es mostrarse atenta a las necesidades de las comunidades circundantes a través de donaciones o proyectos más generales.
Sin embargo, en la práctica, estas estrategias buscan dividir a las sociedades afectadas por el accionar empresario y quebrar sus luchas. En definitiva, sirven como mecanismos publicitarios que se complementan con otros que poco y nada tienen que ver con buenos modales.
La empresa a cargo de la central termoeléctrica inauguró ese camino en el plano local. Con pocos días de diferencia, una de las caras visibles de Araucaria Energy logró fotografiarse con los presidentes de Flandria y Luján, en un intento nada disimulado destinado a torcer la oposición social a un emprendimiento atacado por su instalación completamente irregular y el potencial daño al ambiente si logra ponerse en funcionamiento.
La tentativa de cooptación de instituciones significativas de la vida social lujanenses parece ser uno de los caminos elegidos por Araucaria, aunque tampoco está dispuesta a menospreciar otras formas que hablan de su verdadera esencia: el lunes, en el Concejo Deliberante, la firma volvió a desplegar un operativo intimidatorio, como quince días antes, en una actitud que contó, cuanto menos, con el respaldo silencioso de los concejales oficialistas.
Esta combinación de buenos y malos modales trae a la memoria colectiva el proceder que durante años mostró Curtarsa en Jáuregui. Aunque el vínculo con la sociedad circundante nunca fue el fuerte de la curtiembre (generalmente se movió torpemente en ese terreno), sostuvo aportes económicos a diferentes instituciones y, cada tanto, promocionaba visitas a la planta para mostrar la supuesta inocuidad de su procedimiento industrial, algo que nunca pudo contradecir la parva de estudios que planteaban todo lo contrario. Pero en los momentos de mayor tensión, dejaba de lado estos intentos de buena vecindad y recurría al Sindicato del Cuero como fuerza de choque. Curtarsa estaba respaldada por 500 puestos de trabajo, un número muy superior a las 20 o 30 personas que contratará Araucaria si logra poner en marcha su termoeléctrica. El resto se tramitaba a partir de los contactos políticos que favorecían las irregularidades, muchos de ellos al más alto nivel. Los casos se parecen, y mucho.
PRIMEROS VÍNCULOS FORMALES
El jueves de la semana pasada, Araucaria difundió una gacetilla de prensa para dar a conocer el primer logro de su nueva estrategia. El director general de la empresa, Santiago del Sel, se mostró al lado del presidente del Club Luján, Mariano Peretto, en una visita al predio que la institución tiene en la ruta 5: “Durante la reunión, la empresa brindó detalles del funcionamiento de la planta, en especial sobre el uso del agua y emisiones, y se interiorizó acerca de la realidad del Club y de las distintas disciplinas que practican más de 600 chicos lujanenses”.
Araucaria adelantó que “la empresa tiene previsto seguir manteniendo encuentros con vecinos, instituciones locales y miembros del Concejo Deliberante que tengan intenciones de obtener información del funcionamiento de la planta, y brindar la posibilidad de visitar una central similar en operaciones, o reuniones con técnicos de la empresa”.
Dos días después, la foto fue con Fabián Poli, presidente del Club Flandria, entidad que tiempo atrás sufrió la baja de un auspiciante (Banco Provincia) porque el equipo de primera salió a la cancha con una bandera en oposición a la termoeléctrica: “El Club Flandria anteriormente había abierto sus puertas a un grupo disidente a dicho proyecto, quienes expusieron una bandera antes del comienzo de un partido. Con el mismo espíritu democrático accedió al derecho a escuchar a la otra parte. Somos un club social y deportivo, no tomamos parte, ni avalamos ninguna postura, solo damos la posibilidad de manifestarse a todo el conjunto de la sociedad. Si este proyecto será autorizado o no es tarea de las autoridades competentes. Pero es bueno que todas las partes esclarezcan sus posiciones”, se excusó la entidad de Jáuregui.
LO APARENTE
En su página web, Araucaria promociona entre sus compromisos la colaboración “en el desarrollo de las comunidades en donde invertimos y trabajamos”. En cuanto al medio ambiente, asegura invertir en tecnología y adecuar sus actividades “con el fin de minimizar el impacto en emisiones”, en el camino por acompañar “las necesidades de modernizar y lograr la eficientización del sistema de generación eléctrica del país”.
Sus proyectos incluyen una planta en la ciudad de San Pedro. En ese territorio, desde el año pasado, la empresa puso en práctica el concepto de responsabilidad social empresaria. Con un fuerte y público aval de las autoridades políticas del distrito, concretó varias donaciones.
En septiembre, formalizó la entrega de una mesa quirúrgica al Hospital. “Es importante que todas las empresas ayuden”, dijo el intendente de San Pedro, Cecilio Salazar.
En la oportunidad estuvo presente la apoderada de Araucaria, Geraldina Stornini. La dualidad de facetas que muestra su proceder sintetiza la mezcla de buenos y malos modales de la empresa que representa. En Luján, Stornini ha desarrollado dos tareas principales. Una, a partir de noviembre del año pasado, destinada a interceder, en formato de lobby, ante los concejales que deben decidir la rezonificación del predio donde se construyó la termoeléctrica. La otra, ser una actora activa en las dos movilizaciones que poblaron el Concejo Deliberante de personas ajenas a Luján como mecanismo de presión e intimidación.