"Al caballo lo cuidamos mejor que a la mujer"

La Agrupación Gauchos Peregrino está cumpliendo 25 años de peregrinar a Luján. Siempre acampan en El Pedal. Defienden las tradiciones y cuidan que a los caballos no les falte nada.

Del centro de la Provincia de Buenos Aires a la Capital de la Fe. 25 años ininterrumpidos lleva la Agrupación Gauchos Peregrinos uniendo General Alvear con Luján y un cuarto de siglo acampando en el predio de El Pedal, en Jáuregui. Llegaron ayer, pasado el mediodía. La travesía duró seis días. 52 jinetes y un centenar de caballos de excelentes condiciones.

Al frente, va el carro volanta con una imagen de la Virgen bendecida en 1982 por el Papa Juan Pablo II en Bahía Blanca. La fe y la tradición siempre de la mano. “Es la única imagen bendecida”, cuenta Carlos Pina, diacono y acompañante de la paisanada. “El Chinga” Verón tiene asistencia perfecta. Dice que la Virgen “fue juntado a los gauchos” hasta que arrancó la peregrinación congregando a hombres de campo de Olavarría, Laprida y Tapalqué.

La travesía se hace por etapa y en cada pueblo o estancia donde paran celebran una misa. En el camino reparten caramelos a los chicos y en las escuelas rurales. “Cuando empecé éramos 10, a veces 15. Esta es la más grande de todas: somos 52 justito”, recuerda Verón.

Por cada gaucho peregrino vienen dos caballos y se los cuida “mejor que a la mujer”, acota Pina. “Los caballos vienen herrados, traemos un botiquín y no se los deja tirado al caballo. Los cuidamos. Todo está organizado”, señala “El Chinga”.

Los caballos parten ya desparasitados y con todos los controles sanitarios, peregrinan solo de día y cada 24 horas el jinete cambia de animal. “Comen dos raciones de avena y maíz todos los días que traemos cargados en un chasis. Si el caballo siente dolores, no marcha; si no camina, lo dejamos y después lo vamos a buscar. No los maltratamos ni los cagamos a palo para que puedan llegar”, aclara Verón y afirma: “Es como un ser humano. Los paisanos no maltratamos a los animales pero vemos gente que los deja tirado en la ruta”.

Por su parte, Enrique Gilarducci dice que en los 25 años notan cambios y no precisamente para bien. Los organizadores cada vez se fijan menos en los centros tradicionalistas, subraya. “Es una pena porque es una fiesta muy linda pero nos ponen trabas. Esto es nuestra tradición”. “Nos ponen todos en la misma bolsa y no es así. No somos todos iguales”, marca “El Chinga”.

“Nosotros no venimos arrastrando las riendas como los que vienen de Buenos Aires cargado con 20 colchones o con 20 ‘monos’. Eso hay que verlo”, remarca Verón. “Los caballos se cuidan como una joya, no hay caballos flacos, están gordos, comen bien”, insiste Pina.

En la Agrupación Gauchos Peregrinos hay un reglamento. Ningún jinete puede superar al carro volanta, que transita a paso de hombre. Ante la imagen de la Virgen hay que sacarse el sombrero o la boina en señal de respeto, los actos de indisciplina son sancionados, se reza una oración previo a partir y otra al llegar. “Primero la Virgen y después los demás”, cuenta el diacono.

El trayecto desde General Alvear se hace por caminos rurales hasta La Barrancosa, ya en Partido de Saladillo. Al día siguiente se transitar por el costado de la Ruta 205 hasta Del Carril, el tercer día van hasta el paraje Forastieri en Roque Pérez, luego llegan a Ernestina, Elvira, La Blanqueada en Navarro y finalmente a Jáuregui. “Es una de la pocas agrupaciones que van haciendo esta espiritualidad. Tratamos de mantenerlo a rajatabla. La gente nos recibe con los brazos abiertos en todos lados. Es muy gratificante”, indica Pina.

La peregrinación la preparan durante todo el año. En Alvear hacen eventos y la comunidad retribuye con colaboraciones. “Hace poquito hicimos gratis 12 baquillonas para el aniversario del pueblo y después la gente colabora”, añade Verón.

El futuro de la peregrinación gaucha para los paisanos de General Alvear es una incógnita. El avance del cemento limita los predio para poder acampar, la presencia cada vez mayor de gente llegada del Conurbano poco apegada a las tradiciones criollas sumado a la falta de seguridad, el robo de caballo y la desatención de los organizadores parecen haber puesto en marcha la cuenta regresiva.  

10 mil

Pesos invierte en promedio cada gaucho peregrino en poder venir a Luján desde General Alvear. Los niños y menores pueden venir solo con autorización de los padres. El lunes emprenden el regreso. La mayoría son gente de campo, muchos son peones que toman esta peregrinación como si fuera vacaciones.

Recibimiento

El Elvira una vecina de 92 años recibió a “El Chinga” Verón con la misma emoción que lo hizo hace 25 años. Prometió volver a recibirlo el año que viene.