En las últimas décadas, Luján no escapó al proceso de sojización. En 25 años, su presencia en las zonas agrícolas del distrito creció más de 50 puntos. La última campaña refleja su preeminencia absoluta (50 por ciento) respecto a otros tres cultivos de peso como son el maíz, el trigo y el girasol. Este fenómeno, atado a la sostenida presión inmobiliaria, impacta en los valores de la tierra. Pese a eso, la producción en pequeña escala es una realidad.
El proceso de sojización en los campos lujanenses no sólo es evidente, sino respaldado por las cifras oficiales. En casi 25 años, la superficie sembrada creció, en promedio, un 50 por ciento. El porcentaje se amplía todavía más si las comparaciones abarcan mayor rango temporal. Entre la campaña de 1985 y la última cuantificación (2018/2019) el incremento fue cercano al 800 por ciento. Las hectáreas rurales experimentaron un crecimiento exponencial de este cultivo entre mediados de los años 90 y los primeros del siglo siguiente, para alcanzar cierta meseta desde la primera década del XXI.
En todo este período se evidencia un retraimiento de cultivos otrora importantes dentro del partido y la desaparición de viejas prácticas, por ejemplo aquellas vinculadas al lino. Trigo, maíz y girasol reflejan retrocesos en cantidad de hectáreas sembradas, fenómeno muy notorio en el primero de los cereales.
La superficie rural también fue escenario de un crecimiento urbanístico importante. La tendencia a favorecer cambios de zonificación para urbanizaciones suntuosas (de tipo cerradas) fue la otra cara del modelo de expansión a gran escala. La agricultura intensiva tipo commodities (con supremacía de la siembra directa y la utilización del paquete tecnológico a base de agroquímicos) y la aparición de barrios cerrados definen el escenario actual, donde las tensiones territoriales son evidentes en varios aspectos (las denuncias por fumigaciones son un claro ejemplo), más en un municipio como Luján, a medias entre la pampa agroganadera y el Conurbano siempre expansivo. El incremento en el valor de la tierra fue un derivado de este proceso.
En el medio de esas tensiones, la agricultura familiar intenta abrirse paso, con otras lógicas de comercialización y escalas productivas considerablemente menores que, sin embargo, pueden cumplir un rol central en el abastecimiento local. Existen varias experiencias de ese tipo.
ORO VERDE
Atado a los cambios económicos nacionales, Luján expone el fuerte crecimiento de la soja como cultivo insignia del distrito. Los números que ofrece el Ministerio de Agricultura de Nación son contundentes: en la última campaña la superficie sembrada fue de 14.700 hectáreas, con una producción de 45.030 toneladas y un rendimiento de 3.193 kilogramos por hectáreas.
Con vaivenes, los números se mantienen relativamente estables desde 2009, cuando se alcanzaron 14.714 hectáreas sembradas. Un año antes, habían sido 10.600. Desde entonces, en la campaña 2015/2016 se alcanzó su pico máximo, trepando a las 15.331 hectáreas y también la mayor producción, que fue de 55.772 toneladas.
Si se toman como referencias los Censos Nacionales Agropecuarios de 1988 y 2002, se observa que en el transcurso de esos 14 años la superficie cultivada con soja en el distrito se duplicó. En el primero de los años mencionados, la superficie sembrada fue de 4.100 hectáreas. En 2002, había trepado a las 8.000.
Apenas 25 años atrás, cuando la soja transgénica aún no había ingresado al país, Luján registraba un territorio destinado a ese cultivo que oscilaba, según las campañas, entre las 3.000 y las 5.000 hectáreas, sin demasiadas variaciones durante algunos años. La campaña 92/93 significó un punto de inflexión. Desde entonces se dio un avance constante, superando desde el 2004 las 10 mil hectáreas en todas las campañas.
Como contrapartida, la presencia de maíz, trigo y girasol fue decreciente. Algunas comparaciones resultan significativas. En la etapa 1978/79, el maíz ocupó el 70 por ciento entre los cuatro cultivos en materia de superficie cultivada. Un 17 por ciento correspondió a girasol, un 10 a trigo y apenas un 2 a soja. Para mediados de los 80’, la soja representaba el 12 por ciento, con preponderancia del trigo en un 57 por ciento. Diez años después, el comparativo entre las cuatro variantes ubicaba el predomino sojero en un 50 por ciento. La última campaña estira ese porcentaje a casi el 75.
El trigo mostró un comportamiento inverso. Alcanzó su pico de hectáreas sembradas en 1997 (5.400). Y tuvo su declive más pronunciado en la campaña 2014/15, con apenas 590 hectáreas. Los últimos datos aportados por el Ministerio de Agricultura arrojan una superficie sembrada de 1.298. En 25 años, la producción local de trigo cayó 71 por ciento. Para el mismo período, el girasol tuvo una merma del 50 por ciento, aunque el promedio general es mayor. Por último, el maíz no mostró grandes variaciones.
La cantidad de hectáreas totales ocupadas por los cuatro cultivos también ha experimentado transformaciones, que podrían significar una pérdida de diversidad de los tipos productivos, de la mano de la avasallante soja. En la década del 80, se ocuparon un total estimado en 14.000 hectáreas. En la campaña 2018/19, la superficie fue de 19.000 hectáreas.
TERRITORIOS EN CONFLICTO
Bajo la dirección de Fernanda González Maraschio, el Grupo de Estudios Rurales del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján encaró hace dos años un relevamiento destinado a documentar la situación de las familias de pequeños agricultores en el distrito.
El trabajo complejiza en varios puntos la relación urbano-rural del distrito, sus actores y datos estadísticos.
En sus primeras consideraciones, el estudio plantea que en el Partido de Luján conviven dos fuerzas de equilibrio inestable: los procesos de urbanización provenientes del Gran Buenos Aires y aquellos atados a la agriculturización/sojización que se extienden desde la zona núcleo de la agricultura. En ese sentido, “el ámbito rural se complejiza a partir de la instalación de nuevos espacios residenciales, la expansión de la agricultura de commodities, el desarrollo de nuevas actividades agropecuarias capital intensivas y el corrimiento de actividades de abasto”.
El equipo de investigación interdisciplinario a cargo del trabajo plantea que la ciudad cabecera “avanza sobre los sectores de producción que estaban destinados al mercado interno, con asentamientos precarios y urbanizaciones cerradas, mientras tanto, desde el campo, las commodities hacen lo mismo en función del mercado internacional”. Esto deviene en un “territorio estrangulado”, a partir de una doble presión, por un lado, el campo, y por el otro, la ciudad.
Se describe que “a pesar de su tradición agropecuaria y su integración a la cuenca de abasto de lácteos a la ciudad de Buenos Aires, el partido no ha sido ajeno a los procesos de contracción de la estructura agraria pampeana, a las reestructuraciones del sector lácteo y a los recientes procesos de agriculturización”. Se agrega que “estudios anteriores mostraron la permanencia de actividades agrícolas y ganaderas en gran parte del partido, aunque el avance de la agriculturización en su fase más reciente de oleaginización, ha desplazado a la producción lechera en un proceso denominado destambización” (el relevamiento que integra el mencionado estudio muestra un pequeño freno de esta tendencia en los años recientes).
Estas variantes -sojización y urbanización- impactaron en las posibilidades de acceder a la tierra, ya sea baja calidad de propietarios o de arrendatarios.
Los investigadores plantean que “el precio de la tierra ha venido experimentando un incremento sostenido desde la década de 1990”. Indican que el valor de la hectárea se ha incrementado en un 575 por ciento a lo largo de 20 años: “El aumento se sostiene a lo largo de ambas décadas, aunque asociados a procesos diferentes. Mientras que entre 1994-2004 los precios se incrementan en un 225 por ciento a raíz de la creciente demanda de tierras para uso residencial -principalmente urbanizaciones cerradas a partir de inversiones inmobiliarias-, entre 2004 y 2014 el aumento fue de un 108 por ciento como resultado de la demanda creciente de tierras para uso agropecuario de la mano de la expansión del capital sojero. Al final del período completo, el valor de la hectárea rural creció 6,8 veces respecto del valor inicial, aunque con mayor velocidad en la primera década”.
De todas formas, comparativamente con municipios vecinos, “los precios no llegan a valores alcanzados en partidos como Pilar (U$S 19.000 la hectárea) por lo que Luján continúa siendo opción para las familias productoras que se trasladan desde ese u otros partidos de valorización similar”.
En cuanto al impacto inmobiliario, el trabajo arroja números contundentes. Los emprendimientos cerrados ocupan 4.300 hectáreas, lo que representa el 5,4 por ciento del territorio total del partido. Y aporta un comparativo que ilustra de manera concluyente la inviabilidad del modelo de desarrollo basado en grandes extensiones con muy baja densidad poblacional: “Para ponderar esta cifra es necesario mencionar que el total de la planta urbana del partido de Luján, contando todas las localidades y aglomeraciones del partido, ocupa apenas 850 hectáreas. Esto significa que la superficie ocupada por emprendimientos residenciales de baja densidad y privados, prácticamente quintuplica la superficie ocupada por urbanización tradicional o abierta del partido”.
LA OTRA AGRICULTURA
El trabajo analiza el escenario abierto por la producción de verduras en pequeñas escalas. Según el relevamiento, esa práctica “está organizada en predios a cargo de agricultores familiares que realizan horticultura a campo, en predios arrendados u ocupados con permiso”. En cuanto a su perfil social y procedencia, “la mayor parte de estas familias son de origen boliviano, tendencia que desde décadas recientes se registra en todo el sector hortícola”.
En Luján, la horticultura se desarrolla en lotes chicos con tenencias precarias, como consecuencia del avance de la especulación inmobiliaria y es frecuente la condición de pluriactividad. El trabajo de campo desarrollado por el equipo de investigación de la UNLu “permitió corroborar la primera característica, siendo 4 hectáreas el promedio de superficie de los predios hortícolas relevados consistente con el manejo a campo”. Por otra parte, “dos tercios de la superficie hortícola total se encuentra bajo arrendamiento u ocupación con permiso”.
En relación a las prácticas productivas, “la mayor parte de los horticultores realiza manejo convencional con utilización de tecnología de diversa escala (máquinas y herramientas, sistemas de riego, etc.) y aplicación de agroquímicos”. Los principales cultivos son cebolla, apio, zanahoria y verduras de hoja, entre otros.
En cuanto a su vinculación con Luján, el estudio reconoce tres grupos. El primero y más numeroso “está compuesto por productores bolivianos oriundos de Potosí, con más de 20 años de actividad en el partido y que llegaron al país en las décadas de 1980 y 1990”. Luego de breves estancias en partidos vecinos, “se instalaron en Luján ocupando tierras vacantes en intersticios de la trama urbana”.
Los investigadores plantean que “como a gran parte de los migrantes bolivianos que se asentaron en el periurbano norte y oeste, la experiencia laboral previa en las minas de Potosí representa un background que les facilitó el establecimiento de redes, la cooperación y el asociativismo”, algo que “contribuyó a la conformación de mercados cooperativos para la comercialización de sus producciones, así como una mayor participación en canales cortos como ferias y venta directa a verdulerías”.
Un segundo grupo “se caracteriza por presentar una trayectoria de arribo reciente al partido”, con una antigüedad en Luján que varía entre 2 y 8 años. Se ubican en las inmediaciones de las localidades de Open Door y Carlos Keen y han realizado horticultura previamente en el vecino partido de Pilar. De acuerdo a sus declaraciones, “se han desplazado de dicho distrito a raíz del incremento de los alquileres, como consecuencia del incremento del precio de la tierra a partir de la expansión inmobiliaria”.
Por último, “es posible identificar un tercer tipo de horticultores, aunque con mucha menor participación que los anteriores, que se diferencia de los otros grupos por estar conformado por productores de origen urbano sin tradición en la producción agropecuaria”. Se trata de profesionales mayormente provenientes del Gran Buenos Aires que “pueden clasificarse como neorurales, en tanto se instalaron hace pocos años en el partido con el objetivo de realizar producciones agropecuarias en lotes propios, como alternativa económica y con el fin de mejorar la calidad de vida de la familia”.
14.700
La cantidad de hectáreas sembradas con soja en Luján durante la campaña 2018/2019
590
Las hectáreas sembradas con trigo entre 2015 y 2016. Fue el número más bajo en los últimos 25 años.
575
El porcentaje de crecimiento que tuvo el valor de la hectárea desde la década del 90.
Dato histórico
Un registro oficial de marcas de haciendas de toda la provincia de Buenos Aires, editado en 1899, arroja los siguientes números en cuanto a la producción agroganadera local. La presencia de ovinos era abrumadora (una tendencia que ya estaba empezando a cambiar desde 1880). El trabajo estadístico contabilizaba 94.000 cabezas, muy por encima de las 21.100 correspondientes a bovinos. En cuanto a la agricultura, los cultivos de maíz ocupaban 32 mil hectáreas, más del doble que las tierras sembradas con trigo.